Un hallazgo reciente, basado en una autopsia realizada en Estados Unidos, ha evidenciado que el virus de la mpox (antes conocida como viruela del mono) puede infectar y multiplicarse en el cerebro en personas con infección por el VIH avanzada. Esto puede ocurrir incluso tras tratamientos antivirales prolongados.
El caso corresponde a una persona fallecida en 2023 tras más de siete meses de evolución de la enfermedad. Sus resultados ponen de relieve riesgos clínicos relevantes. Además, se producen en un contexto de reducción de la financiación global en salud.
Los datos sugieren que, en personas inmunocomprometidas, la acción del virus no se limita a las lesiones cutáneas típicas. Puede diseminarse por el organismo y persistir en órganos clave.
El análisis mostró que el virus seguía activo en distintos tejidos durante toda la evolución de la infección. Entre ellos se encontraba el cerebro, donde continuaba replicándose. Este comportamiento se observó a pesar de que la carga viral en el sistema nervioso central era menor que en otras partes del cuerpo.
Aun así, el virus mantenía capacidad infecciosa. Esto apunta a una posible adaptación a entornos específicos del organismo.
Persistencia viral y resistencia terapéutica
Las personas con el VIH, especialmente aquellas con niveles bajos de CD4 o sin tratamiento antirretroviral efectivo, han presentado los cuadros más graves de mpox. Sin embargo, este caso supone un salto cualitativo preocupante. Evidencia la potencial virulencia del virus en contextos de inmunosupresión avanzada.
Uno de los aspectos más relevantes es la identificación de mutaciones asociadas a resistencia frente a tecovirimat. Este fármaco es uno de los principales antivirales utilizados contra la mpox.
El caso descrito corresponde a un hombre de 38 años con infección por el VIH avanzada. Presentó una evolución prolongada y progresiva. A lo largo de los meses, el virus no solo persistió, sino que acumuló cambios genéticos.
Estos cambios podrían haber reducido la efectividad del tratamiento. Este fenómeno de resistencia, junto con la capacidad de replicación en el cerebro, sugiere que el virus puede adaptarse en situaciones de infección crónica.
Además, el caso confirma que la mpox puede comportarse de forma distinta en personas con sistemas inmunitarios debilitados. En estos contextos, la infección puede estar más extendida, durar más tiempo y afectar a órganos que normalmente no se consideran diana principal del virus.
Impacto en salud pública y contexto global
Aunque se trata de un único caso y debe interpretarse con cautela, sus implicaciones son relevantes para la salud pública. Para extraer conclusiones sólidas sería necesario contar con más casos. Aun así, los investigadores advierten de que el riesgo podría ser mayor en determinadas regiones.
En particular, en áreas con alta prevalencia de infección por el VIH no tratada podrían darse infecciones más prolongadas y con mayor gravedad clínica.
En los últimos años, la mpox ha mostrado una expansión significativa. Desde 2022, una variante concreta ha impulsado brotes a nivel global. Al mismo tiempo, en África continúan circulando otras variantes distintas.
La coexistencia de múltiples cepas aumenta la complejidad del control epidemiológico y de la vigilancia.
A este escenario se suma la preocupación por los recortes en programas internacionales de salud. La reducción de recursos destinados al tratamiento del VIH y al control de brotes infecciosos puede facilitar la aparición de casos más graves y prolongados.
Esto no solo tiene un impacto individual. A nivel poblacional, incrementa el riesgo de evolución viral y de aparición de nuevas variantes.
Un reto clínico emergente
Los expertos subrayan la necesidad urgente de reforzar tanto la detección como el desarrollo de nuevas opciones terapéuticas. La capacidad del virus para persistir en el organismo y desarrollar resistencia plantea desafíos importantes.
También se destaca la importancia de garantizar el acceso al tratamiento antirretroviral en personas con el VIH. Un control adecuado de la infección reduce de forma significativa el riesgo de complicaciones graves asociadas a otras infecciones, incluida la mpox.
En conjunto, este caso aporta evidencia de que la mpox puede tener un comportamiento más complejo y agresivo de lo que se pensaba. La afectación cerebral, la persistencia viral y la resistencia a los tratamientos obligan a replantear estrategias clínicas y de salud pública frente a una infección que sigue evolucionando.
Fuente: NTDV / Elaboración propia (gTt-VIH).
Referencia: National Institutes of Health. Disseminated, drug-resistant mpox with central nervous system infection in a patient with advanced HIV infection. Preprint. 2026.
Nota editorial
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El equipo editorial de gTt-VIH – 22/04/2026
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