SEISIDA 2026: Las personas mayores con VIH reclaman una atención que mire más allá del control del virus

Un estudio comunitario presentado en SEISIDA analiza la calidad de vida, la preocupaciones actuales y la percepción de los sistemas sanitario y social entre personas con VIH de larga evolución

Juanse Hernández
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En España, cada vez más personas viven con el VIH desde hace varias décadas. Muchas recibieron el diagnóstico antes de la llegada de los tratamientos antirretrovirales más eficaces. Han atravesado distintas etapas de la epidemia: la incertidumbre inicial, la pérdida de personas cercanas, los efectos de los primeros tratamientos, la cronificación de la infección y, ahora, el envejecimiento.

Un estudio comunitario realizado por SuperVIHvents y presentado en el congreso de SEISIDA pone el foco en esta realidad. El trabajo analiza la experiencia de personas con VIH de larga evolución en relación con su calidad de vida autopercibida, sus preocupaciones actuales y su percepción de los sistemas de atención sanitaria y protección social.

Una muestra de personas con largas trayectorias de vida con el VIH

El estudio se basó en un cuestionario dirigido a personas residentes en España con más de 20 años desde el diagnóstico de VIH. En total, se analizaron 64 respuestas válidas. La mayoría de participantes tenía entre 60 y 69 años, y muchas personas acumulaban entre 30 y 40 años de convivencia con el virus.

La muestra incluye una proporción elevada de mujeres, superior a la que suele observarse en los datos generales de la población con VIH. Este aspecto es relevante porque el estudio identifica diferencias en la calidad de vida autopercibida según género, edad y antigüedad del diagnóstico.

Según los resultados, predomina una percepción de calidad de vida media o alta. Sin embargo, una parte importante de la muestra refiere niveles bajos. Las valoraciones más desfavorables son más frecuentes entre las mujeres, las personas de mayor edad y quienes llevan más años viviendo con el VIH.

Vivir con límites, pero seguir adelante

El estudio muestra que la calidad de vida de las personas con VIH de larga evolución no depende solo del control del virus. En las respuestas aparecen con fuerza el dolor crónico, las comorbilidades, la fatiga, las limitaciones funcionales, los efectos secundarios acumulados y el impacto emocional.

También aparecen factores sociales y económicos. Algunas personas describen dificultades laborales, ingresos insuficientes, dependencia económica o falta de apoyos. Estos elementos no siempre se relacionan de forma directa con el VIH como infección, pero sí con las trayectorias vitales construidas alrededor de ella.

Al mismo tiempo, muchas personas expresan estrategias de adaptación. Hablan de aceptación, resiliencia, aprendizaje vital, cambio de prioridades y agradecimiento por seguir vivas. El estudio no ofrece una imagen única ni homogénea. Algunas personas han logrado resignificar su experiencia; otras siguen viviendo el VIH desde la acumulación de pérdidas, desgaste y vulnerabilidad.

Una atención sanitaria eficaz, pero poco integral

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es la valoración ambivalente de la atención sanitaria. Muchas personas reconocen una buena atención clínica, sobre todo cuando existe un vínculo estable con profesionales concretos. Sin embargo, también señalan límites importantes del sistema.

Las críticas se centran en la falta de coordinación entre niveles asistenciales y especialidades, la atención centrada casi exclusivamente en marcadores biomédicos y la ausencia de una visión integral de la persona. En algunas respuestas aparece una idea especialmente clara: “se trata la enfermedad, no a la persona”.

El informe resume esta percepción con una frase directa: la atención sanitaria “funciona, pero no acompaña”. Es decir, el sistema puede controlar el virus, pero no siempre responde a las necesidades de quienes envejecen con el VIH, viven con comorbilidades, toman varios tratamientos o afrontan el impacto emocional y social de una trayectoria prolongada.

La protección social llega tarde y no siempre cubre

La percepción de la protección social es más crítica. Las personas participantes describen recursos insuficientes, dificultades de acceso, carga burocrática, desigualdades territoriales y ayudas que llegan tarde.

En el discurso aparece una sensación de desprotección. Algunas personas consideran que las prestaciones existentes no están adaptadas a trayectorias complejas, marcadas por años de enfermedad, interrupciones laborales, incapacidad, deterioro físico o inseguridad económica.

El estudio identifica también un problema de reconocimiento. Las personas con VIH de larga evolución no siempre sienten que sus necesidades específicas estén contempladas por las políticas sociales. En este sentido, la protección social se percibe más como un sistema que reacciona tarde que como un apoyo preventivo, cercano y adaptado al envejecimiento con VIH.

El miedo a depender ocupa un lugar central

Las preocupaciones actuales se concentran en el deterioro físico, la pérdida de autonomía, la necesidad futura de cuidados, la inseguridad económica y la soledad. Para muchas personas, el principal temor ya no es el VIH como amenaza inmediata, sino lo que puede ocurrir en los próximos años.

El miedo a depender de otras personas, o de un sistema que se percibe insuficiente, ocupa un lugar central. También se mencionan la incertidumbre sobre la jubilación, las pensiones, el acceso a servicios sociales y la posibilidad de mantener una vida autónoma.

Estos resultados muestran que el envejecimiento con VIH no puede entenderse solo desde la consulta médica. Requiere una mirada más amplia, que incluya la vivienda, los ingresos, los cuidados, el apoyo social, la salud mental y el reconocimiento de trayectorias vitales marcadas por décadas de convivencia con el virus.

Una mirada comunitaria sobre una realidad poco estudiada

El estudio tiene limitaciones. El número de participantes es reducido, la muestra no es representativa del conjunto de personas con VIH en España y el cuestionario se difundió en línea a través de grupos de WhatsApp. Por tanto, los resultados no pueden generalizarse a toda la población con VIH de larga evolución.

Sin embargo, su valor está precisamente en otro lugar. Se trata de una aproximación comunitaria que recoge la voz de personas que han vivido durante décadas con el VIH. Son personas que conocen de primera mano los cambios médicos, sociales y personales asociados a esta trayectoria.

Los resultados apuntan a una conclusión clara: vivir muchos años con el VIH no significa únicamente sobrevivir al virus. También implica afrontar el envejecimiento, la fragilidad, la incertidumbre económica, el estigma persistente y la necesidad de sistemas sanitarios y sociales más coordinados, más preventivos y más centrados en la persona.

Fuente: Elaboración propia (gTt-VIH)
Referencia: SuperVIHvents. SuperVIHvientes de larga evolución: resiliencia y vulnerabilidad. Documento elaborado a partir de un cuestionario dirigido a personas con VIH de larga evolución residentes en España. Josep Maria Tomàs. Barcelona, 2026. Presentado en SEISIDA.

Mesa coloquio ‘La supervivencia real de las personas supervihvientes’. XII Congreso Nacional sobre el VIH e ITS 2026. Valladolid 11 y 12 de mayo de 2026.


Nota editorial

Sobre las versiones de esta noticia

El equipo editorial – 11/05/2026

Esta noticia se publica en una única versión porque el texto ya alcanza un nivel adecuado de claridad para el público lector de La Noticia del Día. Aunque aborda cuestiones complejas —como el envejecimiento con VIH, la calidad de vida, la protección social, la autonomía y la coordinación sanitaria—, se ha trabajado con frases breves, subtítulos explicativos y una estructura progresiva para facilitar la lectura.

En este caso, elaborar una segunda versión más simplificada podría hacer perder matices importantes del estudio comunitario y de la experiencia expresada por las personas participantes. Por ese motivo, hemos optado por una versión clara, completa y fiel al contenido original, manteniendo el rigor necesario para comprender una realidad social y sanitaria poco visible.



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