La atención del VIH debe transformarse para favorecer un envejecimiento saludable

Una Comisión de The Lancet HIV propone integrar la atención sanitaria y los apoyos comunitarios para preservar la salud, la autonomía y la calidad de vida de las personas que envejecen con el VIH

Juanse Hernández
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El tratamiento antirretroviral ha permitido que millones de personas con el VIH vivan durante décadas. Este logro plantea un nuevo desafío: adaptar la atención para que esos años se vivan con salud, autonomía y calidad de vida. La Comisión de The Lancet HIV sobre envejecimiento y VIH, publicada el 27 de julio de 2026, reclama una transformación de los sistemas asistenciales. Mantener el virus controlado sigue siendo imprescindible. Pero la atención debe responder también a las necesidades físicas, psicológicas, funcionales y sociales de cada persona.

El documento reúne evidencia científica, estimaciones demográficas y recomendaciones estratégicas desde una perspectiva global. Su propuesta sitúa en el centro las capacidades que cada persona desea conservar, sus prioridades y las condiciones en las que vive. Para ello, considera necesario mejorar la coordinación entre servicios sanitarios y reconocer a las comunidades como parte del modelo de atención.

Un cambio demográfico que exige respuestas

Según el modelo desarrollado para la Comisión, en 2025 vivían con el VIH alrededor de 11,5 millones de personas mayores de 50 años, aproximadamente el 29% del total. Si continúan las tendencias actuales, en 2040 esta cifra podría alcanzar los 20,2 millones y representar el 51% de todas las personas con el VIH. El modelo proyecta que el 96% de ese grupo viviría en países de ingresos bajos o medios.

Estas cifras son estimaciones y proyecciones, no recuentos exactos ni predicciones inevitables. Dependen de la evolución de las nuevas infecciones, el acceso al tratamiento, la continuidad de la atención y la mortalidad. La Comisión reconoce que acontecimientos como las pandemias o las interrupciones de financiación pueden modificar las trayectorias previstas.

El umbral de 50 años se utiliza con frecuencia en los estudios sobre VIH y envejecimiento. Sin embargo, cumplir esa edad no significa ser una persona frágil o dependiente. Las necesidades de atención varían ampliamente. Y la edad cronológica no permite conocer por sí sola el estado de salud o la capacidad para desenvolverse en la vida cotidiana.

La transformación demográfica también obliga a revisar la prevención y el diagnóstico. La Comisión señala que las personas de edades avanzadas suelen recibir menos atención en estos ámbitos, en parte por la idea equivocada de que no mantienen relaciones sexuales o no pueden adquirir el VIH. Estos prejuicios pueden reducir las oportunidades de ofrecer información, medidas preventivas y pruebas diagnósticas.

Vivir más años con salud y autonomía

La Comisión adopta una visión del envejecimiento saludable centrada en mantener la capacidad funcional: poder realizar las actividades que cada persona valora. Esto puede incluir desplazarse, cuidar de sí misma, mantener relaciones, participar en la comunidad o desarrollar proyectos propios. La salud durante el envejecimiento debe valorarse también por lo que permite hacer y disfrutar en la vida cotidiana.

Las trayectorias de las personas con el VIH son diversas. Quienes adquirieron el virus hace décadas pueden haber pasado largos periodos sin un tratamiento eficaz y haber recibido fármacos con más efectos adversos que los actuales. Otras personas han iniciado pronto tratamientos mejor tolerados. También existen diferencias según las condiciones económicas, el acceso a la atención, las experiencias de discriminación y los apoyos disponibles.

Por tanto, no puede afirmarse que todas las personas con el VIH envejezcan prematuramente o de la misma manera. Los problemas de salud pueden estar relacionados con la edad, el VIH, las exposiciones acumuladas, los tratamientos recibidos y las desigualdades sociales. Su combinación varía de una persona a otra.

La coexistencia de varias enfermedades, denominada multimorbilidad, puede aumentar la complejidad de la atención. Pero tratar cada enfermedad por separado puede producir recomendaciones difíciles de conciliar y una carga excesiva de consultas, pruebas y medicamentos. La Comisión propone valorar conjuntamente la salud física y mental, la movilidad, la cognición, la visión, la audición y las necesidades de apoyo.

Las prioridades deben acordarse con la persona y revisarse cuando cambie su situación. El objetivo es prevenir y tratar los problemas de salud, a la vez que se preservan las capacidades y actividades que considera importantes. Este enfoque debe comenzar desde el inicio de la atención al VIH, con independencia de la edad.

Una atención coordinada en torno a cada persona

Muchos programas de VIH se desarrollaron para facilitar el diagnóstico, ampliar el acceso al tratamiento y reducir la mortalidad. Su contribución ha sido decisiva. Sin embargo, la Comisión advierte de que los servicios organizados alrededor de una sola enfermedad tienen dificultades para responder a unas necesidades cada vez más diversas.

Integrar la atención exige facilitar el recorrido de la persona entre los servicios. La conexión formal mediante derivaciones puede resultar insuficiente si cada consulta requiere nuevos desplazamientos, formularios, esperas o pruebas repetidas. Estas cargas pueden dificultar la continuidad asistencial, especialmente cuando existen limitaciones de movilidad o recursos económicos escasos.

El documento plantea dos vías que pueden combinarse: ampliar los servicios de VIH para incorporar otras prestaciones o reforzar la atención al VIH dentro de servicios generales. La elección debe ajustarse a las necesidades de la población, la organización sanitaria y los recursos disponibles. No propone un modelo único para todos los países.

Esta transformación requiere coordinación con atención primaria, geriatría, salud mental, otras especialidades y servicios sociales. También exige formación para que los equipos puedan reconocer las necesidades asociadas al envejecimiento y responder a ellas o solicitar el apoyo adecuado.

La revisión de los medicamentos ocupa un lugar importante. La polifarmacia, entendida como el uso simultáneo de varios fármacos, puede ser necesaria cuando existen distintas enfermedades. No obstante, aumenta el riesgo de interacciones y efectos adversos. La Comisión recomienda revisar el conjunto del tratamiento, incluidos los medicamentos sin receta y los suplementos, para detectar duplicidades o prescripciones que hayan dejado de aportar beneficios. Cualquier retirada o cambio debe realizarse con supervisión profesional.

Las herramientas digitales podrían facilitar el intercambio de información, el seguimiento y el acceso a determinados apoyos. Su utilidad, sin embargo, debe evaluarse. La falta de conexión, dispositivos o habilidades digitales puede generar nuevas barreras, por lo que su incorporación requiere alternativas accesibles, protección de la privacidad y supervisión clínica.

La comunidad como parte del modelo de atención

La Comisión incorporó dos representantes comunitarios en cada uno de sus cinco grupos de escritura. Además, solicitó comentarios a personas y organizaciones del ámbito del VIH sobre un borrador del documento. Sus aportaciones se recogen en un apartado específico de voces comunitarias.

Entre las prioridades expresadas figuran la dignidad, la pertenencia social y la posibilidad de llevar una vida plena. También se señalan el cansancio acumulado del tratamiento, la discriminación en entornos sanitarios y residenciales y las dificultades para conseguir apoyos ante la discapacidad o las necesidades de cuidados.

Las personas cuidadoras y las familias elegidas deben ser reconocidas y apoyadas. La Comisión destaca que quienes acompañan a una persona que envejece con el VIH no siempre pertenecen a su familia de origen. Comprender estos vínculos resulta esencial para organizar los cuidados de acuerdo con sus preferencias.

Los apoyos entre iguales y las organizaciones comunitarias pueden ofrecer acompañamiento, educación en salud, apoyo emocional y ayuda para acceder a servicios. La conexión con actividades culturales, sociales o de ejercicio también puede contribuir al bienestar. El documento propone facilitar estos vínculos desde la atención sanitaria, mediante derivaciones a recursos comunitarios.

Este papel requiere funciones claras, formación, coordinación y remuneración adecuada. La Comisión advierte del riesgo de sobrecargar a quienes ya realizan tareas comunitarias. Su participación debe integrarse de forma estable en la atención y contar con los recursos necesarios.

Los apoyos para el autocuidado también deben ajustarse a las condiciones de vida. Recomendar una alimentación saludable o actividad física exige considerar la vivienda, los ingresos, la seguridad y el acceso a recursos. La capacidad para seguir esas recomendaciones no depende únicamente de la voluntad individual.

El desafío que plantea la Comisión es aprovechar el éxito del tratamiento para construir una atención capaz de acompañar vidas más largas y diversas. Envejecer bien con el VIH requiere sistemas que preserven la salud y la autonomía, reduzcan las desigualdades y respondan a lo que importa a las propias personas.

Fuentes: The Lancet HIV / Elaboración propia (gTt-VIH)
Referencia:
Justice AC, Althoff KN, Clarfield AM y colaboradores. The Lancet HIV Commission on ageing and HIV: a global perspective. The Lancet HIV. 2026;13(8)–e610. Publicado online el 27 de julio de 2026. doi: 10.1016/S2352-3018(26)00058-5.


NOTA EDITORIAL

Sobre la versión de esta noticia

El equipo editorial – 02/10/2026

Esta noticia aborda cómo debe cambiar la atención para acompañar a las personas que envejecen con el VIH. Se ofrece en una única versión, con explicaciones de los principales términos técnicos.

Algunos pasajes pueden requerir una lectura más pausada. Hemos mantenido los detalles necesarios para distinguir lo que se conoce, lo que se estima para el futuro y los cambios que propone la Comisión. También recogemos las prioridades expresadas por las personas con el VIH, como la autonomía, la dignidad y los apoyos para vivir bien.



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