Desde su aparición, la terapia antirretroviral ha ido evolucionando y actualmente presenta una elevada eficacia y es relativamente fácil de tomar. Esto permite que las personas con el VIH pueden alcanzar edades avanzadas. No obstante, a su vez, supone nuevos retos para los sistemas sanitarios. Así, existen pruebas de que estas personas pueden presentar de forma precoz problemas de salud asociados al envejecimiento. Además, también presentan una mayor frecuencia de problemas de salud asociados a la edad.
Pronto más de la mitad tendrán más de 60 años
Un equipo de investigadores creó un modelo matemático para similar la posible evolución de la población con el VIH en Columbia Británica (Canadá) a lo largo de los próximos años.
El modelo ha permitido comprobar que el cambio más importante será demográfico. Así, en 2019, menos de la cuarta parte de esta población era mayor de 60 años. Sin embargo, la simulación apunta a que, en 2034, esta proporción podría acercarse al 50%. Del mismo modo, la franja de mayor edad también aumentará de manera considerable: las personas de 70 años o más pasarían de representar el 6% en 2019 al 24% en 2034.
Este envejecimiento puede conllevar que otras enfermedades crónicas asociadas a la edad (como los problemas cardiovasculares, el cáncer o la hipertensión) adquieran cada vez mayor importancia en la atención de las personas con VIH. Se prevé un incremento de personas con dos o más comorbilidades físicas, pasando del 21% en 2019 al 29% en 2034.
Salud mental
La salud mental constituye otro de los principales retos a los que se enfrentará esta población. Los trastornos del estado de ánimo y de ansiedad serían los más frecuentes, aunque también se prevé un incremento moderado de otros problemas de salud mental.
Estos datos ponen de relieve la necesidad de mantener y reforzar los servicios de atención de la salud mental a medida que las personas con el VIH se hacen mayores.
Necesidades diferentes
A pesar de los puntos en común, se detectaron diferencias en los problemas de salud de hombres y mujeres con VIH. Así, los hombres muestran una mayor propensión a sufrir enfermedades cardiovasculares y, también cabe esperar un aumento notable en la incidencia de cánceres (por ejemplo, de ano, de colon o de pulmón).
Por su parte, las mujeres presentan una mayor vulnerabilidad al uso de sustancias, lo que incrementa el riesgo de Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) y trastornos de ansiedad y estado de ánimo.
Estas diferencias deberían tenerse en cuenta a la hora de adaptar las estrategias de prevención y atención.
Por ejemplo, en el caso de las mujeres, sería prioritario mejorar el acceso a la atención primaria, los programas de reducción de daños, el abandono del tabaco, la atención de la salud hepática y los servicios de salud mental.
En el caso de los hombres, la recomendación sería reforzar la evaluación y el control del riesgo cardiovascular, así como las estrategias de cribado de determinados cánceres (como los ya mencionados).
Atención integrada
Los autores del estudio consideran que sus resultados apuntan a la necesidad de adaptar los sistemas sanitarios a esta nueva realidad.
Para ellos, no será suficiente con mantener una atención centrada exclusivamente en el VIH.Por ello, proponen modelos integrados que coordinen la atención del VIH con la salud mental, la geriatría y el tratamiento de las enfermedades crónicas. Estos equipos podrían estar formados por profesionales de atención primaria, especialistas en VIH, psiquiatría, cardiología y oncología, entre otras especialidades.
También consideran importante que estén incluidos los servicios de reducción de daños en uso de sustancias, así como de apoyo psicosocial.
Aspectos sociales
Existen factores distintos al VIH o a la biología que pueden afectar a la salud de la persona que se hace mayor. Aspectos como disponer de una vivienda adecuada, los recursos económicos, la alimentación, las relaciones sociales o la posibilidad de acceder a los servicios sanitarios, entre otros, pueden influir de manera importante en la calidad de vida.
Esta cuestión resulta especialmente relevante para una generación de personas con el VIH que, además de afrontar los desafíos propios de hacerse mayor, pueden sufrir experiencias de estigma, discriminación, pérdida de redes sociales o dificultades económicas, arrastradas a lo largo de décadas.
Si bien la prevención y la detección precoz siguen siendo pilares fundamentales, la creación de espacios de sociabilización, apoyo mutuo entre iguales y servicios específicos para la persona que se hace mayor con el VIH se convertirá en una prioridad de primer orden en la agenda social de la próxima década. En este aspecto, las organizaciones comunitarias pueden contribuir en gran medida a la creación de dichos espacios.
Conclusiones
El modelo canadiense presenta algunas limitaciones. Por ejemplo, no tuvo en cuenta algunos factores, como la adherencia al tratamiento, el impacto de formulaciones más recientes de los antirretrovirales o determinados problemas de salud asociados al envejecimiento (como la osteoporosis o la demencia). En consecuencia, aunque muy orientativas, sus conclusiones no deben interpretarse como una predicción exacta del futuro.
Con todas estas limitaciones, el estudio apunta a la necesidad de ir más allá del control del VIH y tener en cuenta también las circunstancias sociales que condicionan la salud. El éxito del tratamiento del VIH ha creado una nueva realidad que requiere adaptar la atención sanitaria y social. Ahora el reto no es únicamente que las personas con VIH vivan más años, sino conseguir que puedan hacerlo manteniendo una buena salud, autonomía y apoyo social.
Fuente: Catie/Elaboración propia (gTt-VIH)
Referencia: Lima VD, Zhu J, Shen T, et al. Forecasting multimorbidity in aging people with HIV using a microsimulation model. Communications Health. 2026;1(1):7.
Nota editorial
Sobre las versiones de esta noticia
El equipo editorial – 10/09/2026
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