AIDS 2026: Las personas con el VIH pueden tener un mayor riesgo de hígado graso, incluso si su índice de masa corporal es normal

Existen otros criterios que pueden ser más útiles que ese dato a la hora de detectar el riesgo de hígado graso en esta población

Francesc Martínez
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Las personas con el VIH y un peso considerado normal según el índice de masa corporal (IMC) también pueden desarrollar hígado graso y sufrir problemas en el hígado similares a los de las personas con sobrepeso u obesidad. Esta es la conclusión de un estudio británico presentado en la 26 Conferencia Internacional sobre el Sida (AIDS 2026), celebrada en Río de Janeiro (Brasil). Estos resultados cuestionan el uso del IMC como principal medida para identificar el riesgo de enfermedad hepática y sugieren que deberían utilizarse otros indicadores que permitan valorar mejor dicho riesgo.

El hígado graso (o esteatosis hepática) engloba diferentes trastornos caracterizados por la acumulación de grasa en el hígado. Con el tiempo, la acumulación de grasa puede favorecer la inflamación, la fibrosis, la cirrosis e incluso el cáncer de hígado. Esta patología es más frecuente en personas con el VIH que en la población general (véase La Noticia del Día 04/02/2019).

A medida que otras causas de enfermedad hepática (como las hepatitis víricas) han podido controlarse mejor, el hígado graso ha pasado a representar una proporción creciente de los casos de enfermedad hepática avanzada.

Un 15% de los casos apareció en personas delgadas

Aunque el hígado graso suele asociarse con obesidad y otros factores metabólicos, puede aparecer también en personas delgadas. Estudios realizados en la población general estiman que alrededor del 10% de las personas con peso normal o bajo podrían presentar este problema. En personas con el VIH este porcentaje puede acercarse al 25%.

El análisis presentado contó con 391 personas con el VIH que tenían esteatosis hepática. Todas fueron evaluadas mediante una técnica no invasiva que permite estimar tanto la acumulación de grasa como la rigidez del hígado.

Los participantes se agruparon en dos categorías: aquellos con un IMC inferior a 25 y aquellos con un IMC igual o mayor a 25.

Las personas más delgadas tenían una edad algo mayor y presentaron, en general, un mejor perfil cardiaco. Sin embargo, esta aparente ventaja no se tradujo en una menor gravedad de la enfermedad hepática. Los indicadores de fibrosis y otros marcadores de daño hepático fueron similares a los observados en personas con sobrepeso u obesidad.

También se detectaron algunas diferencias que podrían ayudar a explicar por qué se desarrolla hígado graso en personas que no tienen exceso de peso. La coinfección por hepatitis B fue más habitual entre las personas delgadas que entre aquellas que tenían sobrepeso u obesidad.

La distribución de la grasa puede ser más importante que el peso

La asociación más marcada apareció con personas que habían sufrido lipodistrofia. Se trata de una alteración de la distribución de la grasa corporal históricamente relacionada con el VIH y con algunos de los primeros tratamientos antirretrovirales. La lipodistrofia puede producir pérdida de grasa en rostro y extremidades, pero con la misma (o incluso más) grasa en la zona abdominal.

Un mayor porcentaje de las personas con esteatosis hepática y peso normal había presentado lipodistrofia en algún momento, en comparación con las personas con sobrepeso u obesidad.

Esto lleva a pensar que la esteatosis hepática en personas delgadas con el VIH podría deberse a otras causas. Por ejemplo, alteraciones de la distribución de la grasa, disfunción del tejido adiposo o cambios metabólicos y mitocondriales relacionados con la propia infección o con exposiciones terapéuticas previas.

Las implicaciones clínicas son relevantes. Utilizar únicamente el IMC y los factores metabólicos tradicionales para decidir quién debe realizar pruebas hepáticas podría dejar sin detectar a algunas personas con patología hepática significativa.

Por este motivo, la tendencia actual se dirige hacia evaluaciones que vayan más allá del peso corporal. Medidas como el perímetro de cintura, la relación cintura-altura, el porcentaje de grasa corporal o distintos índices de distribución de la grasa podrían ayudar a identificar mejor a las personas con el VIH que presentan riesgo de hígado graso pese a mantener un IMC dentro del rango considerado normal.

Fuente: Aidsmap / Elaboración propia (gTt-VIH).
Referencia: Bascombe F, et al. Lean steatotic liver disease (SLD) in people living with HIV is associated with preserved cardiometabolic profiles but comparable liver disease severity. 26th International AIDS Conference, Río de Janeiro, abstract OAB0905, 2026.


Nota editorial

Sobre las versiones de esta noticia

El equipo editorial – 07/09/2026

Esta noticia se presenta en una única versión. El texto ha sido adaptado mediante un proceso de mediación editorial para facilitar su comprensión, manteniendo los conceptos necesarios para entender la noticia. No se ha considerado necesario elaborar una segunda versión, ya que la principal dificultad del contenido está relacionada con el uso de terminología específica. En la versión publicada, estos términos se explican a lo largo de la propia redacción.



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