Las mujeres con el VIH e infección crónica por el virus de la hepatitis C (VHC) podrían tener un riesgo especialmente elevado de desarrollar enfermedad hepática avanzada. Así lo sugiere un amplio estudio poblacional realizado en Ontario (Canadá), que incluyó a más de 65.000 personas con infección activa por el VHC seguidas entre 1999 y 2018.
El trabajo, publicado en la revista AIDS, analizó cómo interactúan el sexo y la infección por el VIH en la aparición de tres complicaciones hepáticas graves: cirrosis, descompensación hepática y carcinoma hepatocelular. Los resultados apuntan a que la coinfección por el VIH aumenta de forma más marcada en las mujeres el riesgo de cirrosis y de descompensación hepática asociadas a la hepatitis C. Sin embargo, esta diferencia por sexo no se observó en el caso del cáncer de hígado.
La hepatitis C crónica puede evolucionar lentamente durante años. Con el tiempo puede provocar fibrosis, cirrosis, cáncer hepático y fallo hepático. La coinfección por el VIH se ha asociado tradicionalmente con una progresión más rápida del daño hepático. Sin embargo, el papel del sexo biológico y de los factores de género no estaba del todo claro.
Una de las razones es que las mujeres han estado infrarrepresentadas en muchas cohortes clínicas. Esto limita la capacidad de detectar diferencias relevantes en la evolución de la enfermedad hepática.
En este estudio se incluyeron 65.151 personas con hepatitis C. Durante el seguimiento, 21.998 mujeres y 41.015 hombres permanecieron sin coinfección por el VIH. Otras 460 mujeres y 1.678 hombres presentaban coinfección por ambos virus.
Los investigadores compararon la frecuencia de tres desenlaces hepáticos graves: cirrosis, descompensación hepática y carcinoma hepatocelular, el tipo más frecuente de cáncer primario de hígado.
Una interacción relevante entre sexo y VIH
Los resultados mostraron que el efecto del VIH sobre la enfermedad hepática no fue igual en mujeres y hombres.
Entre las personas con hepatitis C, las mujeres con coinfección por el VIH tuvieron un 44% más de riesgo de desarrollar cirrosis que las mujeres con hepatitis C sin el VIH. Además, su probabilidad de sufrir descompensación hepática fue más del doble.
La descompensación hepática es una fase avanzada de la enfermedad en la que el hígado pierde capacidad para realizar funciones esenciales. Suele indicar un deterioro clínico importante. Que esta complicación fuera especialmente frecuente entre las mujeres con el VIH y hepatitis C refuerza la necesidad de mantener una vigilancia hepática estrecha en este grupo.
En términos absolutos, la cirrosis fue más frecuente entre los hombres sin el VIH, con 3.711 casos por 100.000 persona-años de seguimiento. La descompensación hepática, en cambio, fue más común entre las mujeres con el VIH, con 1.575 casos por 100.000 persona-años. El cáncer hepático fue más frecuente entre los hombres con el VIH, con 1.883 casos por 100.000 persona-años. No obstante, esta mayor incidencia no significa que el efecto del VIH sobre el riesgo de cáncer hepático fuera diferente entre mujeres y hombres.
Para analizar esta cuestión, el estudio utilizó una medida estadística denominada exceso relativo de riesgo debido a la interacción. Se detectó una interacción significativa para la cirrosis y la descompensación hepática, pero no para el carcinoma hepatocelular. Esto sugiere que el VIH modifica de forma diferente el riesgo de cirrosis y de fallo hepático según el sexo. En cambio, no parece alterar de forma significativa las diferencias entre mujeres y hombres en el riesgo de desarrollar cáncer hepático.
Posibles explicaciones biológicas y sociales
Entre las personas con hepatitis C sin el VIH, los hombres presentaron un mayor riesgo de cirrosis, descompensación hepática y cáncer de hígado que las mujeres. Este patrón coincide con investigaciones previas. Se ha atribuido, en parte, al posible efecto protector de los estrógenos y a una mayor probabilidad de aclaramiento espontáneo del VHC o de respuesta al tratamiento antiviral en las mujeres.
Sin embargo, la coinfección por el VIH parece alterar esta ventaja relativa.
Los investigadores plantean que este mayor impacto del VIH en las mujeres podría explicarse por una combinación de factores biológicos y sociales.
Entre los factores biológicos se menciona una mayor susceptibilidad a la hepatotoxicidad y a las alteraciones metabólicas relacionadas con algunos tratamientos antirretrovirales. Ambos factores podrían contribuir al daño hepático o favorecer interrupciones del tratamiento.
A ello se suman barreras de acceso y continuidad asistencial que afectan de forma particular a muchas mujeres con el VIH. El estigma, la discriminación en el sistema sanitario, las responsabilidades de cuidados, las dificultades de transporte y otros determinantes sociales pueden retrasar el seguimiento, el tratamiento de la hepatitis C o el acceso a la atención especializada.
Los hallazgos tienen implicaciones clínicas claras. En las mujeres con el VIH y hepatitis C, el control de la salud hepática debería ser especialmente proactivo. Esto incluye evaluar la fibrosis, vigilar la aparición de signos de cirrosis y facilitar un acceso temprano al tratamiento antiviral frente al VHC.
Aunque los antivirales de acción directa permiten curar la hepatitis C en la mayoría de los casos, las personas con daño hepático avanzado siguen necesitando seguimiento. El riesgo de complicaciones puede persistir incluso después de lograr la curación virológica.
El estudio también refuerza la importancia de incorporar la perspectiva de sexo en la investigación sobre el VIH y la hepatitis C. Analizar conjuntamente los resultados de mujeres y hombres puede ocultar diferencias relevantes. Al mismo tiempo, los factores de género ayudan a explicar muchas de las desigualdades observadas en el acceso y la continuidad de la atención. Como consecuencia, las estrategias de seguimiento podrían no ajustarse adecuadamente a las necesidades de determinados grupos.
Por último, cabe destacar la importancia de diagnosticar y tratar las coinfecciones por VHC en las personas con el VIH. La elevada efectividad de los tratamientos actuales frente al VHC, con tasas de curación superiores al 90% en cada ciclo terapéutico, ha permitido reducir de forma importante la prevalencia de la coinfección por VIH y VHC desde hace varios años en países como España (véase La Noticia del Día, 15/11/2017), donde existe un amplio acceso a estos tratamientos.
Fuente: Elaboración propia (gTt-VIH)
Referencia: McFarlane WJ, Brogly SB, Flemming JA, Martinez-Cajas J, Peng Y. HIV-sex interaction effect on risk of hepatitis C-related cirrhosis, decompensation, and hepatocellular carcinoma. AIDS. 2026 Aug 1;40(8):1161-1170. doi: 10.1097/QAD.0000000000004501.
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