La lipodistrofia asociada al VIH podría identificar a personas con mayor carga de comorbilidades

Un estudio estadounidense muestra que quienes presentan esta alteración corporal tienen más probabilidades de padecer diabetes, hipertensión, enfermedad cardiovascular, enfermedad renal y trastornos de salud mental, pese a mantener un buen control de la infección por el VIH

Juanse Hernández
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Durante años, la lipodistrofia asociada al VIH (HAL) se interpretó principalmente como un efecto adverso de algunos tratamientos antirretrovirales utilizados durante los primeros años de la epidemia. Sin embargo, un estudio publicado en la revista AIDS Care sugiere que hoy también puede aportar otra información clínica. Las personas con VIH que presentan HAL no solo muestran alteraciones en la distribución de la grasa corporal. También concentran una mayor carga de enfermedades crónicas, incluso cuando mantienen un buen control del virus gracias al tratamiento antirretroviral.

Los investigadores analizaron los datos de más de 13.000 personas con VIH atendidas en Washington (Estados Unidos). Observaron que quienes tenían HAL presentaban con más frecuencia diabetes, hipertensión arterial, enfermedad cardiovascular, enfermedad renal crónica, determinados tipos de cáncer y trastornos de salud mental. El estudio no demuestra que la lipodistrofia sea la causa de estas enfermedades. Sí plantea, en cambio, que podría actuar como un indicador de personas con una mayor complejidad clínica y que requieren un seguimiento especialmente cuidadoso.

Una complicación que marcó una etapa del tratamiento del VIH

La lipodistrofia asociada al VIH engloba un conjunto de alteraciones en la distribución de la grasa corporal. Puede manifestarse como pérdida de grasa (lipoatrofia), acumulación de grasa (lipohipertrofia) o una combinación de ambas.

Durante la primera década de la terapia antirretroviral, la HAL llegó a convertirse en una de las complicaciones más temidas. Además de favorecer alteraciones metabólicas, podía modificar de forma muy visible el aspecto físico de la persona. La pérdida de grasa en la cara o en las extremidades, así como la acumulación de grasa en el abdomen o la nuca, suponían para muchas personas una fuente de estigma. También hacían visible una infección que hasta entonces podía pasar desapercibida.

Con la sustitución progresiva de algunos fármacos antiguos, como estavudina, didanosina o determinados inhibidores de la proteasa, la frecuencia de la HAL disminuyó de forma importante. Los tratamientos actuales presentan un mejor perfil de seguridad. Como consecuencia, también descendió el interés investigador por esta complicación. Aun así, muchas personas siguen conviviendo con sus consecuencias y los autores consideran que continúa siendo un problema clínicamente relevante.

Menos frecuente, pero todavía importante

Los investigadores utilizaron los datos de la DC Cohort, una cohorte longitudinal que reúne información clínica de personas con VIH atendidas en 14 centros sanitarios de Washington.

Entre 2011 y 2024 identificaron 325 casos de HAL entre 13.025 participantes, lo que supone una prevalencia del 2,5 %. También comprobaron que el número de nuevos diagnósticos fue disminuyendo a lo largo del periodo estudiado. Al mismo tiempo aumentó el uso de tratamientos antirretrovirales modernos, especialmente los basados en inhibidores de la integrasa.

Estos resultados confirman que la HAL es hoy mucho menos frecuente que hace dos décadas. Sin embargo, el estudio también muestra que su presencia sigue teniendo interés clínico. No debería interpretarse como una complicación exclusivamente histórica.

Más enfermedades crónicas, aunque el VIH esté bien controlado

Uno de los hallazgos más llamativos fue que las personas con HAL no presentaban un peor control de la infección por el VIH.

Al contrario. Eran personas de mayor edad, llevaban más tiempo viviendo con el virus, mostraban con más frecuencia recuentos elevados de linfocitos CD4 y tenían una mayor proporción de carga viral suprimida que quienes no presentaban HAL.

El principal resultado apareció al analizar las enfermedades asociadas.

Tras ajustar los resultados por edad, sexo, vía de transmisión del VIH, control virológico y otras variables, las personas con HAL presentaban mayores probabilidades de padecer diabetes, hipertensión arterial, cardiopatía coronaria, infarto de miocardio, enfermedad renal crónica, asma, cáncer y trastornos de salud mental.

Estas enfermedades afectan a órganos diferentes, pero muchas comparten mecanismos relacionados con el envejecimiento, la inflamación persistente y las alteraciones metabólicas. El estudio no demuestra que la HAL las provoque. Sí muestra que aparece con mayor frecuencia en personas que acumulan este tipo de problemas de salud.

Una posible señal de multimorbilidad

Los resultados permiten interpretar la HAL desde una perspectiva más amplia. Además de una alteración corporal, podría ser una señal de multimorbilidad, un término que describe la coexistencia de varias enfermedades crónicas en una misma persona.

Esta idea cobra especial importancia en la actualidad. Gracias al tratamiento antirretroviral, muchas personas con VIH alcanzan edades avanzadas con una infección bien controlada. El reto ya no consiste solo en mantener la carga viral indetectable. También pasa por prevenir, detectar y tratar las enfermedades que pueden aparecer con el paso de los años.

Desde este punto de vista, la presencia de HAL podría animar a revisar de forma más sistemática otros aspectos de la salud, como el riesgo cardiovascular, la función renal, el metabolismo o la salud mental.

Un estudio que abre nuevas preguntas

Los investigadores insisten en que los resultados deben interpretarse con prudencia. El diseño observacional no permite establecer relaciones de causa y efecto. No puede determinar si la HAL favorece la aparición de estas enfermedades, si todas comparten mecanismos biológicos o si la lipodistrofia es simplemente una manifestación de una historia clínica más compleja.

El estudio presenta además varias limitaciones. Los casos de HAL se identificaron mediante códigos diagnósticos registrados en la historia clínica electrónica o por la prescripción de tratamientos específicos. No se confirmó cada caso mediante una revisión clínica individual. Tampoco fue posible diferenciar entre los distintos tipos de lipodistrofia ni establecer con precisión cuándo aparecieron las diferentes comorbilidades respecto al diagnóstico de HAL.

Otro dato llamativo es que solo 23 de las 325 personas con HAL recibían tratamiento específico para esta condición, alrededor del 7 %. El estudio no permite conocer las razones. Sin embargo, este hallazgo plantea la posibilidad de que la HAL continúe siendo una complicación infradiagnosticada o insuficientemente tratada en algunos pacientes.

Los autores concluyen que, aunque la prevalencia de la HAL continúa disminuyendo gracias a los tratamientos actuales, sigue siendo necesario investigar mejor sus causas, sus consecuencias clínicas y las opciones terapéuticas disponibles. Entre ellas mencionan los agonistas del receptor de GLP-1, que empiezan a estudiarse para algunas formas de lipohipertrofia.

En conjunto, el estudio invita a mirar la lipodistrofia desde una perspectiva diferente. Más que una complicación propia del pasado, podría seguir siendo una señal útil para identificar a personas con VIH que, pese a mantener un excelente control de zla infección, necesitan una atención clínica más amplia e integral.

Fuente: Elaboración propia (gTt-VIH)
Referencia: Barth SK, Huger W, Castel AD; DC Cohort Executive Committee. Comorbidities and treatment regimens of HIV-associated lipodystrophy disease among a cohort of persons with HIV in Washington, DC. AIDS Care. 2026 Mar 28:1-8. doi: 10.1080/09540121.2026.2648842. Epub ahead of print. PMID: 41902545; PMCID: PMC13177314.

Nota editorial

Sobre las versiones de esta noticia

El equipo editorial – 06/07/2026

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