Un programa piloto de formación en sensibilidad de género, dirigido a profesionales que atienden a personas con el VIH en Uganda, logró reducir el estigma percibido por las personas usuarias. Sin embargo, no se observaron mejoras mantenidas en la adherencia al tratamiento ni en la satisfacción con la atención recibida.
El estudio, publicado en PLOS Global Public Health, se desarrolló en varios centros sanitarios del país y arrojó resultados desiguales. Se registraron avances iniciales en conocimiento y empatía por parte del personal sanitario.
No obstante, estos avances no se tradujeron en cambios clínicos sostenidos.
Las limitaciones estructurales del sistema sanitario dificultaron la aplicación real del enfoque. Estas barreras impidieron que la formación tuviera un impacto duradero en la práctica clínica habitual.
La investigación se llevó a cabo en seis clínicas de la región central de Uganda. Participaron profesionales sanitarios y personas con el VIH.
Estas personas presentaban dificultades de adherencia o acababan de iniciar el tratamiento antirretroviral.
Durante un año se evaluaron los efectos de una formación específica.
El objetivo fue analizar cómo los factores de género influyen en la atención al VIH. Se estudiaron el acceso, la estabilidad y la calidad de la atención recibida.
Los resultados describen un escenario complejo. Por un lado, se observaron mejoras claras en la reducción del estigma. Por otro, aparecieron señales de desgaste y frustración en ambos grupos participantes.
El peso de las normas de género en el VIH
Las normas sociales relacionadas con el género siguen influyendo en la transmisión del VIH. También afectan a las barreras de acceso a la atención y a la prevención de la infección. Esta influencia es especialmente relevante en contextos como el África subsahariana.
En el caso de las mujeres, la desigualdad de género limita su autonomía.
Dificulta la toma de decisiones sobre prevención y tratamiento. Además, incrementa la dependencia económica y la exposición a la violencia de género. Todo ello se traduce en un mayor riesgo de infección. También genera dificultades para mantener la estabilidad terapéutica a lo largo del tiempo.
En los hombres, los mandatos asociados a la masculinidad influyen en la atención sanitaria. Valores como la fortaleza o la autosuficiencia desincentivan mostrar vulnerabilidad. Estos mandatos se combinan con el estigma asociado al VIH. Como resultado, muchos hombres retrasan las pruebas diagnósticas. 0También se reduce el seguimiento médico regular.
Las intervenciones comunitarias que cuestionan estas normas han mostrado algunos beneficios. Sin embargo, la formación específica del personal sanitario ha recibido menos atención. Este personal es, en muchos casos, el primer contacto con el sistema de salud.
Diseño del programa formativo
Sobre esta base, se diseñó un programa de formación en enfoque de género. Su objetivo fue aumentar la conciencia del personal sanitario sobre estos factores.
La formación también buscó reducir sesgos y estereotipos. Además, pretendió mejorar la comunicación centrada en la persona. Otro objetivo fue reforzar la capacidad de acompañamiento a hombres y mujeres.
La intervención incluyó cuatro sesiones formativas. Las sesiones se distribuyeron a lo largo de varios meses. Participaron profesionales sanitarios y trabajadores comunitarios.
Resultados desiguales a medio plazo
A los seis meses, los profesionales formados mostraron una mejora moderada. Estas mejoras se observaron en competencias relacionadas con la atención sensible al género.
En los centros sin formación se detectó un ligero empeoramiento.
Sin embargo, al cabo de un año, las mejoras iniciales casi habían desaparecido. El efecto positivo fue más evidente en algunos grupos.
Destacaron los hombres y el personal no clínico. Entre ellos se encontraban agentes comunitarios y educadores pares. Estos grupos lograron mantener parte de los avances a los doce meses. El resto de participantes no mostró cambios sostenidos.
Los profesionales señalaron una mayor capacidad para identificar violencia de género. También reconocieron mejor sus propios sesgos hacia ciertos grupos.
Entre estos grupos se incluyeron trabajadoras sexuales, personas jóvenes y personas con consumo problemático de alcohol.
Además, los participantes describieron un aumento de la empatía. Este cambio afectó a la forma de relacionarse con las personas atendidas.
Reducción del estigma, sin mejora en la experiencia asistencial
A pesar de esta mayor conciencia, la experiencia de las personas usuarias no mejoró. Al final del seguimiento, la valoración de la atención fue más negativa.
En los centros con formación, las personas atendidas puntuaron peor la comunicación. También mostraron una menor satisfacción con la atención recibida.
Los propios profesionales explicaron estas dificultades. Señalaron la presión asistencial como un obstáculo clave. También mencionaron las largas colas y la falta de privacidad. El escaso tiempo disponible por consulta limitó la aplicación del enfoque. Estas condiciones dificultaron una atención realmente centrada en la persona.
En cuanto a los resultados clínicos, ambos grupos mejoraron la adherencia.
Tanto los centros con formación como los de control mostraron avances.
No se detectaron diferencias significativas entre ambos grupos.
El impacto más consistente: el estigma
El beneficio más claro para las personas atendidas fue la reducción del estigma. Este efecto se mantuvo a lo largo del seguimiento. La disminución fue especialmente visible en el estigma anticipado. Este tipo de estigma se refiere al miedo a ser discriminado por otras personas.
En los centros de control, este estigma aumentó con el tiempo. En cambio, en los centros con formación se redujo de forma significativa.
Más allá de la formación individual
En conjunto, el estudio muestra el valor de la formación en enfoque de género. Este tipo de formación puede reducir el estigma y aumentar la sensibilización.
Sin embargo, los resultados también evidencian sus límites. Sin cambios organizativos, los efectos tienden a diluirse con el tiempo.
La atención al VIH basada en la confianza requiere condiciones específicas.
La escucha activa y el respeto necesitan tiempo y recursos. Muchos sistemas sanitarios no disponen de estas condiciones. Tal y como están estructurados, no permiten ofrecer esta atención de forma sostenida.
Fuente: Aidsmap / Elaboración propia (gTt-VIH).
Referencia: Sileo KM et al. Mixed methods pilot evaluation of a gender-sensitivity training for HIV care providers in Uganda: Effects on providers and clients. PLOS Global Public Health 5(9): e0004247, 2025 (open access).
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