Siete de cada diez personas con el VIH encuestadas estarían dispuestas a cambiar a tratamientos de acción prolongada

Una revisión de 22 estudios muestra un elevado interés por las alternativas de administración menos frecuente, aunque las preferencias varían mucho entre estudios

Francesc Martínez
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Alrededor del 70% de las personas con el VIH encuestadas estaría dispuesto a cambiar a alguna opción de acción prolongada. Todas ellas toman tratamiento antirretroviral oral diario. Así lo estima una revisión sistemática con metaanálisis publicada en AIDS. Un equipo de investigación de Países Bajos reunió 22 estudios sobre las preferencias de personas adultas con el VIH. Los resultados reflejan el interés declarado por cambiar, pero no indican cuántas personas llegarían a hacerlo.

El tratamiento antirretroviral permite que muchas personas con el VIH mantengan una carga viral indetectable. Las pautas orales de una toma diaria son eficaces y suelen tolerarse bien. Sin embargo, recordar la medicación cada día puede suponer una carga práctica y emocional (véase La Noticia del Día 21/02/2025). Algunas personas se preocupan por los olvidos o por mantener la privacidad. La toma diaria puede ser, además, un recordatorio constante del diagnóstico.

Para conocer la disposición a cambiar de tratamiento, el equipo revisó los trabajos publicados hasta octubre de 2024. De entre más de 2.000 registros, seleccionó 22 estudios. Estos evaluaban el interés por sustituir las pautas orales diarias por tratamientos de acción prolongada. Incluían tanto opciones existentes como otras hipotéticas.

El metaanálisis combina los resultados de distintos estudios mediante métodos estadísticos. En este caso, estimó que el 70% estaría dispuesto a cambiar. El intervalo de confianza del 95% se situó entre el 59% y el 79%. Esta cifra reúne respuestas de estudios muy diferentes. No debe aplicarse a todas las personas con el VIH.

Las inyecciones cada dos meses concentran buena parte de la evidencia

Los tratamientos inyectables de acción prolongada fueron la opción más estudiada. En concreto, siete estudios con 1.871 participantes evaluaron las inyecciones intramusculares cada dos meses. Según la estimación conjunta, el 60% estaría dispuesto a utilizarlas. No obstante, los porcentajes variaron entre el 24% y el 83%. Estas diferencias aconsejan interpretar con cautela el resultado global.

La combinación de cabotegravir y rilpivirina (Vocabria® + Rekambys®) es una alternativa a la toma diaria para determinadas personas con el VIH. Se administra mediante inyecciones cada mes o cada dos meses. Antes de utilizarla, deben valorarse la supresión de la carga viral y los antecedentes de resistencias. También deben tenerse en cuenta las posibles interacciones con otros medicamentos. Además, hay que valorar si la persona puede acudir a las visitas previstas para recibir las dosis.

Recibir el tratamiento con menos frecuencia puede resultar atractivo para quienes desean evitar llevar comprimidos consigo. También puede interesar a quienes encuentran dificultades para mantener la privacidad. Sin embargo, las inyecciones pueden generar reservas por el dolor o el miedo a las agujas. La necesidad de acudir de forma periódica al centro sanitario también puede influir. Estos factores pueden hacer que algunas personas prefieran seguir con las pastillas.

Recibir el tratamiento con menos frecuencia no siempre resulta más cómodo. También depende de cómo encaje cada pauta en la vida cotidiana.

La acción prolongada incluye distintas modalidades

La revisión también examinó otras opciones, aunque había menos datos sobre ellas. Entre estas figuraban comprimidos semanales, inyecciones subcutáneas, implantes e infusiones intravenosas. Por tanto, hablar de acción prolongada no equivale a hablar de un único tratamiento inyectable.

En dos estudios, el interés declarado por los comprimidos semanales alcanzó el 56% en Japón y el 77% en Países Bajos. La disposición a utilizar implantes también mostró diferencias importantes entre países. Las respuestas se referían a las opciones y condiciones descritas en cada estudio. Algunas de esas opciones eran hipotéticas.

Los resultados apuntan a que importan tanto la frecuencia como la vía de administración. Conocer el procedimiento también puede influir en las preferencias. Lo mismo ocurre con las condiciones necesarias para recibir el tratamiento.

Un interés elevado, con límites para interpretar los resultados

El análisis detectó grandes diferencias entre los resultados de los estudios. Los factores que examinó el equipo no permitieron explicarlas. Por ello, el 70% de disposición al cambio no debe confundirse con una preferencia por una pauta concreta. Tampoco permite predecir su uso real.

El origen de los estudios también limita las conclusiones. Cerca del 96% procedía de Europa o Norteamérica. Los países de ingresos bajos y medios apenas estaban representados. Esto dificulta trasladar los resultados a otros lugares. En ellos, el acceso al tratamiento y la forma de organizar la atención sanitaria pueden ser diferentes.

La revisión ayuda a comprender el interés por ampliar las opciones de tratamiento. Sin embargo, no demuestra que las alternativas de acción prolongada sean adecuadas para todas las personas. Tampoco demuestra que mejoren por sí mismas la experiencia del tratamiento.

Las decisiones compartidas deben tener en cuenta las preferencias de cada persona, la seguridad y la eficacia de la pauta. También deben valorar si es posible seguirla. Contar con más opciones puede ayudar a adaptar el tratamiento a la vida cotidiana. Esto incluye seguir con los comprimidos diarios cuando sean la alternativa preferida y adecuada.

Fuente: AIDS / Elaboración propia
Referencia: Mendes de Leon KF, Klungers RD, Nieuwkerk PT, van der Valk M. Willingness to switch to long-acting regimens among people with HIV: a systematic review and meta-analysis. AIDS. 2026;40(10):1435–1445. doi:10.1097/QAD.0000000000004556.

<Nota editorial>

Sobre la versión de esta noticia

Ell equipo editorial – 19/10/2026

Esta noticia se ofrece en una única versión. Hemos trabajado la redacción para facilitar la lectura y explicar los conceptos necesarios, manteniendo los datos y las limitaciones de la investigación.

El texto distingue entre estar dispuesto a cambiar de tratamiento y llegar a hacerlo. También explica por qué las preferencias pueden variar y qué lugar ocupan en las decisiones compartidas con el equipo sanitario. Conservamos los términos científicos necesarios para presentar estos resultados con precisión.



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