Las mujeres con el VIH que han dado a luz ya pueden considerar la lactancia materna como una opción viable en determinados casos, según una actualización reciente de las recomendaciones clínicas en EE UU. El cambio, publicado en abril de 2026, responde a la evidencia acumulada en los últimos años y supone un giro relevante en la práctica clínica. En concreto, se reconoce que, cuando existe un tratamiento antirretroviral eficaz y una carga viral suprimida, el riesgo de transmisión del virus al bebé, aunque no es despreciable, es muy bajo, en la línea con lo ya apuntado por investigaciones recientes (véase La Noticia del Día 11/09/2025). Este nuevo enfoque promueve que la decisión final sea informada y compartida entre las madres y los profesionales sanitarios, en lugar de establecer una prohibición general como ocurría hasta ahora.
La actualización rompe con décadas de recomendaciones que desaconsejaban de forma tajante la lactancia materna en mujeres con el VIH. En su lugar, se apuesta por un modelo centrado en la autonomía de la persona, en el que los profesionales deben proporcionar información clara, equilibrada y basada en la evidencia disponible. Este cambio no implica la eliminación del riesgo, pero sí su redefinición: de una amenaza considerada inasumible a una posibilidad controlable bajo determinadas condiciones clínicas.
Un riesgo bajo, pero no inexistente
Los datos actuales indican que el riesgo de transmisión del VIH durante la lactancia materna es inferior al 1% cuando la madre sigue correctamente el tratamiento antirretroviral y mantiene la carga viral suprimida. Este porcentaje, aunque bajo, obliga a adoptar medidas de vigilancia específicas para minimizar cualquier posibilidad de transmisión.
En este contexto, el seguimiento clínico adquiere un papel central. Se recomienda monitorizar la carga viral de la madre cada cuatro semanas durante el periodo de lactancia, una frecuencia superior a la habitual en mujeres que optan por la alimentación con fórmula. Esta supervisión permite detectar de forma precoz cualquier aumento de la carga viral que pudiera incrementar el riesgo de transmisión.
Además, es fundamental tratar de garantizar una adherencia lo más estricta posible al tratamiento. La interrupción o el uso irregular de la terapia antirretroviral puede traducirse en un aumento rápido de la carga viral, lo que elevaría significativamente el riesgo para el lactante. Por ello, los profesionales deben insistir en la importancia de mantener el tratamiento sin interrupciones.
También se deben vigilar otros factores que podrían aumentar el riesgo, como la aparición de problemas mamarios, entre ellos la mastitis. Estas condiciones pueden favorecer la presencia del virus en la leche materna, por lo que requieren una evaluación y manejo rápidos.
En caso de que la carga viral deje de estar controlada durante la lactancia, las recomendaciones son claras. Es necesario suspender temporalmente la lactancia y sustituirla por alimentación alternativa mientras se reevalúa la situación clínica. Paralelamente, se debe iniciar profilaxis en el lactante para reducir el riesgo de infección.
Retos en la práctica clínica y nuevas incertidumbres
A pesar del respaldo científico, la implementación de estas nuevas recomendaciones no está exenta de dificultades. El principal reto radica en el cambio de paradigma que supone para los profesionales sanitarios, acostumbrados durante años a desaconsejar de forma categórica la lactancia materna en mujeres con el VIH. Pasar de una prohibición absoluta a una opción condicionada requiere tiempo, formación y adaptación.
Otro aspecto clave es la necesidad de coordinación entre diferentes especialidades médicas. La atención a mujeres con el VIH durante el embarazo y el posparto implica a ginecólogos, especialistas en enfermedades infecciosas, pediatras y personal de enfermería. Una comunicación fluida entre todos ellos es esencial para evitar mensajes contradictorios que puedan generar confusión o inseguridad en las mujeres.
Además, persisten algunas incógnitas relevantes. Entre ellas, la duración óptima de la lactancia materna en este contexto, el impacto a largo plazo de la exposición a fármacos antirretrovirales a través de la leche materna o los posibles efectos sobre el crecimiento y desarrollo del lactante. Estas cuestiones requieren estudios adicionales y un seguimiento continuado de cada caso.
Las recomendaciones actuales también mantienen una postura clara para situaciones de mayor riesgo. Respecto a las mujeres que no siguen tratamiento antirretroviral o que no han logrado una supresión virológica sostenida durante el embarazo o tras el parto, se sigue aconsejando la alimentación con fórmula o el uso de leche donada pasteurizada. En estos casos, la lactancia materna continúa considerándose una opción no segura.
En conjunto, este cambio refleja la evolución del conocimiento científico y del manejo clínico del VIH, que ha pasado de ser una enfermedad con altas tasas de transmisión a una condición controlable en muchos contextos. La lactancia materna, tradicionalmente contraindicada, se integra ahora en un enfoque más flexible y personalizado, donde la información, el seguimiento y la toma de decisiones compartidas son los pilares fundamentales.
Fuente: Medscape/ Elaboración propia (gTt-VIH).
Referencia: Breastfeeding in Patients With Human Immunodeficiency Virus. Obstet Gynecol. 2026 Apr 2. doi: 10.1097/AOG.0000000000006273. Epub ahead of print. PMID: 41926772.
Nota editorial
Sobre las versiones de esta noticia
El equipo editorial de gTt-VIH – 16/04/2026
Esta noticia se publica como una única versión clara.El contenido presenta un nivel de complejidad clínica que requiere mantener ciertos términos y explicaciones para garantizar el rigor de la información. Aun así, se ha trabajado el lenguaje y la estructura para facilitar su comprensión.
En este caso, no se ha considerado necesario elaborar una versión adicional, ya que el texto permite una lectura adecuada para el público habitual.
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