Un estudio identifica importantes diferencias en la inmunidad frente a las hepatitis A y B en Estados Unidos

El análisis de más de 13.500 adultos muestra una baja presencia de anticuerpos frente a ambas infecciones, también entre personas con enfermedades crónicas. Los resultados señalan oportunidades para reforzar la prevención mediante la vacunación.

Juanse Hernández
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Un estudio estadounidense ha observado que menos de cuatro de cada diez personas adultas tenían anticuerpos frente a la hepatitis A. Poco más de una de cada cuatro los tenía frente a la hepatitis B. Los porcentajes también eran bajos entre personas con enfermedades crónicas que pueden aumentar el riesgo de complicaciones. La investigación, publicada en JAMA Internal Medicine, destaca la importancia de revisar las necesidades de vacunación y mejorar la prevención de ambas infecciones.

Las hepatitis A y B son infecciones causadas por virus diferentes que afectan al hígado. La hepatitis A se transmite principalmente por vía fecal-oral, a través de agua o alimentos contaminados o del contacto estrecho, incluidas determinadas prácticas sexuales. La hepatitis B se transmite mediante el contacto con sangre y otros fluidos corporales, sobre todo por vía sexual o por exposición a sangre infectada. A diferencia de la hepatitis A, puede convertirse en una infección crónica y causar cirrosis o cáncer de hígado.

Aunque existen vacunas eficaces frente a ambas infecciones, no todas las personas tienen anticuerpos detectables. Conocer esta situación puede ayudar a identificar necesidades de prevención, especialmente entre quienes presentan enfermedades que aumentan su vulnerabilidad.

Menos de cuatro de cada diez adultos tenían anticuerpos frente a la hepatitis A

Los investigadores analizaron datos de 13.514 personas de 20 años o más que participaron en la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de Estados Unidos (NHANES) entre 2017 y 2023. La encuesta combina entrevistas, exploraciones médicas y pruebas de laboratorio. Los resultados se ajustaron para representar a unos 226 millones de adultos estadounidenses.

El 39,5% de los adultos tenía anticuerpos frente al virus de la hepatitis A, según las estimaciones del estudio. Estos anticuerpos pueden aparecer después de recibir la vacuna o de haber pasado la infección. Por ello, los investigadores no pudieron determinar qué proporción había adquirido inmunidad mediante la vacunación.

En cuanto a la hepatitis B, el 27,1% tenía anticuerpos frente a la superficie del virus, conocidos como anti-HBs. Además, el 25,2% presentaba un perfil de anticuerpos compatible con inmunidad adquirida mediante la vacunación.

Sin embargo, no detectar anticuerpos frente a la hepatitis B no significa necesariamente que una persona carezca de protección. Después de la vacunación, los niveles de anticuerpos pueden disminuir con los años. Aun así, el organismo puede conservar memoria inmunitaria y responder ante una nueva exposición al virus.

Esta diferencia es importante para entender los resultados. El estudio mide determinados anticuerpos en la sangre, pero no permite saber cuántas personas carecen por completo de protección. Tampoco determina cuántas necesitan una nueva dosis de vacuna.

Las diferencias también afectan a personas con enfermedades crónicas

Los investigadores estudiaron los anticuerpos en personas con enfermedad hepática crónica, enfermedad renal, diabetes o tratamientos inmunosupresores. También analizaron los resultados de mujeres embarazadas.

Entre las personas con enfermedad hepática crónica sin fibrosis avanzada, el 37,9% tenía anticuerpos frente a la hepatitis A y el 23,2% frente a la hepatitis B. En quienes tenían fibrosis hepática avanzada, los porcentajes fueron del 37,1% y el 18%, respectivamente. La fibrosis es la acumulación de tejido cicatricial en el hígado que, cuando progresa, puede dificultar su funcionamiento.

Estos datos son relevantes porque una infección por hepatitis A o B puede tener consecuencias más graves en personas con una enfermedad hepática previa.

También se observaron porcentajes bajos de anticuerpos frente a la hepatitis B en otros grupos. Entre las personas con enfermedad renal crónica, el 14% tenía el marcador estudiado. Entre quienes tenían diabetes o alteraciones de la glucosa, el porcentaje era del 21,8%.

En las personas que recibían tratamientos inmunosupresores, el 36,2% tenía anticuerpos frente a la hepatitis A y el 20,1% frente a la hepatitis B. Estos medicamentos reducen la actividad del sistema inmunitario y pueden modificar la respuesta a algunas vacunas.

El estudio también encontró diferencias relacionadas con la edad, el nivel educativo y otras características. En general, las personas de mayor edad tenían porcentajes más bajos de anticuerpos frente a la hepatitis B.

No obstante, las diferencias observadas no permiten establecer sus causas. El estudio analizó datos recogidos en un periodo determinado, sin seguir a las personas a lo largo del tiempo. Por ello, tampoco puede atribuir las diferencias a una menor utilización de las vacunas.

Mejorar la prevención requiere identificar las necesidades de vacunación

Los autores consideran que los resultados muestran oportunidades para reforzar la prevención de las hepatitis A y B, especialmente entre personas con enfermedades crónicas. Para ello, destacan la necesidad de integrar la vacunación en la atención habitual y mejorar la coordinación entre profesionales sanitarios.

Una de las dificultades señaladas es que la atención de enfermedades complejas puede centrarse en el tratamiento de la enfermedad principal y dejar en segundo plano otras medidas preventivas. Además, cuando intervienen diferentes especialidades, puede quedar poco claro quién debe revisar las vacunas.

Los investigadores proponen mejorar los sistemas de recordatorio, establecer protocolos de vacunación y facilitar el seguimiento de las personas que necesitan protección. Estas medidas se apoyan en investigaciones anteriores, pero no fueron evaluadas directamente en el estudio.

En España, las recomendaciones del Ministerio de Sanidad contemplan la vacunación frente a las hepatitis A y B en determinadas situaciones clínicas y de exposición. Las personas con el VIH se encuentran entre los grupos para los que se recomienda valorar y garantizar la protección frente a ambas infecciones.

En su caso, revisar las vacunas recibidas y valorar los marcadores serológicos puede ayudar a decidir qué medidas preventivas son necesarias. La respuesta a la vacuna frente a la hepatitis B también puede requerir una comprobación posterior, según las recomendaciones clínicas.

Es importante señalar que el estudio estadounidense no ofrece resultados específicos sobre personas con el VIH. Por tanto, los porcentajes observados en la población general no pueden aplicarse directamente a quienes viven con esta infección. Tampoco pueden extrapolarse los resultados de las personas que reciben tratamientos inmunosupresores.

La investigación presenta otras limitaciones. La encuesta no incluye a determinados grupos, como las personas encarceladas o sin hogar. Además, algunos resultados proceden de grupos pequeños y presentan mayor incertidumbre estadística.

Los investigadores también reconocen que medir únicamente determinados anticuerpos puede subestimar la protección real frente a la hepatitis B, especialmente entre personas vacunadas hace muchos años.

En conjunto, los resultados muestran que la prevención de las hepatitis víricas no depende solo de disponer de vacunas eficaces. También requiere identificar las necesidades de cada persona, facilitar el acceso a la vacunación y asegurar el seguimiento cuando esté indicado.

Fuentes: Elaboración propia (gTt-VIH)
Referencias: Roldan GA, Fletcher J, Davie T, et al. Serologic Immunity to Hepatitis A and B in US Adults and High-Risk Populations. JAMA Internal Medicine. 2026;186(10):1213–1223. doi:10.1001/jamainternmed.2026.3831.

Ministerio de Sanidad. Recomendaciones de vacunación frente a la hepatitis A para profesionales sanitarios. España.

Ministerio de Sanidad. Recomendaciones de vacunación frente a la hepatitis B para profesionales sanitarios. España.


<Nota editorial>

Sobre las versiones de esta noticia

El equipo editorial – 26/10/2026

Esta noticia se publica en una única versión. Durante su preparación, hemos revisado el texto para que resulte más claro y fácil de leer, sin perder información importante sobre el estudio.

Hemos acortado algunas frases, evitado repeticiones y explicado los conceptos médicos que pueden resultar menos conocidos. El objetivo es que más personas puedan comprender los resultados y su importancia para la prevención de las hepatitis A y B. Tras esta revisión, hemos considerado que no es necesario elaborar una segunda versión más sencilla. El texto final busca ofrecer información rigurosa y comprensible para el conjunto de nuestros lectores y lectoras.



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