La polimedicación es una realidad cada vez más frecuente en las personas con el VIH. En España, se estima que afecta a más del 30% de los pacientes, una proporción que aumenta al hacerse mayores y con la aparición de comorbilidades.
Este fenómeno no es exclusivo del VIH, pero presenta características propias. El envejecimiento de esta población y la aparición más temprana de enfermedades como las cardiovasculares o metabólicas han cambiado el perfil clínico en la práctica asistencial.
Una realidad cada vez más frecuente
La polimedicación se define habitualmente como el uso de cinco o más medicamentos de forma crónica. En el caso del VIH, estudios como el POINT han mostrado que una parte importante de las personas en seguimiento se sitúa en este rango, con una prevalencia superior a la de la población general de edad similar.
Además del tratamiento antirretroviral, los fármacos más frecuentes incluyen antihipertensivos, hipolipemiantes como las estatinas, psicofármacos o protectores gástricos.
En la población general española, cerca del 30% de las personas mayores de 65 años presenta polimedicación.Esta proporción aumenta hasta alrededor del 45% entre los 85 y 94 años, según datos del Ministerio de Sanidad.
Riesgos que van más allá de la adherencia
El uso simultáneo de múltiples fármacos aumenta el riesgo de interacciones, especialmente con el tratamiento antirretroviral. Esto puede afectar tanto a la eficacia de los medicamentos como a la aparición de efectos adversos.
En personas mayores, además, algunos fármacos pueden tener efectos anticolinérgicos, que influyen en la función cognitiva, el equilibrio o el nivel de alerta. Cuando se combinan varios medicamentos con este perfil, la carga anticolinérgica puede aumentar el riesgo de caídas, confusión o deterioro funcional.
Estos efectos no siempre son evidentes, pero pueden tener un impacto relevante en la autonomía y la calidad de vida.
La deprescripción como estrategia clínica
En este contexto, la deprescripción se plantea como una herramienta clave. Consiste en revisar de forma sistemática los tratamientos para identificar cuáles siguen siendo necesarios y cuáles pueden ajustarse o retirarse.
No se trata de reducir medicación de forma indiscriminada, sino de optimizar el tratamiento en función de la situación de cada persona.
El Grupo de Estudio del Sida (GeSIDA) ha señalado la importancia de este enfoque para mejorar la seguridad y la calidad de la atención en personas con el VIH.
Un reto que exige coordinación
La gestión de la polimedicación no depende de un único profesional. Los distintos tratamientos suelen estar prescritos por especialidades diferentes, lo que hace necesaria una visión conjunta.
El abordaje multidisciplinar, especialmente en el ámbito hospitalario, se considera clave para revisar de forma integrada los tratamientos y reducir riesgos asociados.
Fuente: Elaboración propia (gTt-VIH).
Nota editorial
Sobre las versiones de esta noticia
El equipo editorial – 07/05/2026
Publicamos una única versión de esta noticia para ofrecer a nuestros lectores una explicación clara, directa y contextualizada. Aunque el tema admite distintos enfoques científicos y clínicos, hemos optado por una versión sintética que recoge la idea principal: el control del VIH mediante tratamiento no siempre implica que todos los procesos inflamatorios o inmunitarios vuelvan por completo a la normalidad.Esta decisión busca evitar duplicidades, reducir posibles confusiones y facilitar una lectura más comprensible de un asunto complejo. El objetivo es informar con rigor, sin sobredimensionar los riesgos ni simplificar en exceso la evidencia disponible.
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