El riesgo cardiovascular en personas con VIH obliga a replantear la prevención más allá del control viral

El buen control del virus no elimina un exceso de riesgo que sigue sin abordarse de forma sistemática en la práctica clínica

Juanse Hernández
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Durante años, el objetivo del seguimiento clínico del VIH ha sido claro: lograr y mantener la supresión viral. Hoy, ese objetivo se cumple en la mayoría de las personas con el VIH en España. El tratamiento funciona. Y el control del virus es, en términos generales, una realidad consolidada. Pero esa realidad no lo explica todo. A medida que la población con el VIH envejece, emerge con más fuerza otro reto que ya no puede considerarse secundario: el riesgo cardiovascular.

Un riesgo que no desaparece con la carga viral indetectable

Diversos estudios muestran que las personas con el VIH tienen una mayor probabilidad de sufrir eventos cardiovasculares que la población general. No se trata de un único factor. Es el resultado de varios elementos que se combinan: inflamación persistente asociada a la infección, impacto acumulado de algunos tratamientos y mayor presencia de factores de riesgo clásicos como el tabaquismo o las alteraciones del colesterol.

El control del VIH no equivale a la normalización completa del riesgo en salud.

Este cambio de escenario obliga a ampliar el foco clínico. Porque vivir con el VIH hoy implica también gestionar riesgos que van más allá del propio virus.

La evidencia existe, pero no siempre se traduce en práctica

En los últimos años, la evidencia científica ha dado un paso importante. Estudios como REPRIEVE han demostrado que la prevención farmacológica, mediante estatinas, reduce de forma significativa la aparición de eventos cardiovasculares en personas con el VIH. Esto ocurre incluso en perfiles de riesgo moderado.

Sin embargo, este conocimiento no se aplica de forma sistemática.

La prevención cardiovascular sigue siendo, en muchos casos, una oportunidad desaprovechada dentro del seguimiento clínico del VIH.

Una atención excelente para el virus, pero desigual para lo demás

El contraste es claro. El abordaje del VIH está altamente protocolizado: visitas periódicas, control de la carga viral y acceso garantizado al tratamiento.

Pero cuando se trata de otras dimensiones de la salud, el nivel de sistematización es menor.

La evaluación del riesgo cardiovascular, la indicación de tratamientos preventivos o el abordaje de factores de riesgo dependen a menudo de elementos variables. Entre ellos, el tiempo disponible en consulta, la coordinación con atención primaria o la iniciativa de cada profesional.

Esto genera una atención desigual en un aspecto clave de la salud a largo plazo.

Del modelo centrado en el virus al modelo centrado en la persona

Este escenario refleja una transición incompleta. El modelo de atención al VIH ha sido muy eficaz en el control de la infección. Pero todavía está evolucionando hacia un enfoque verdaderamente integral.

El reto actual ya no es solo suprimir el virus. Es acompañar el envejecimiento con el VIH en condiciones de salud óptimas.

Esto implica incorporar de forma sistemática la prevención de comorbilidades, entre ellas la enfermedad cardiovascular.

También una cuestión de activación y participación

En este contexto, el papel de las personas con el VIH también adquiere relevancia. Preguntar por el riesgo cardiovascular, interesarse por las opciones de prevención o participar en la toma de decisiones son elementos clave.

La prevención no depende solo del sistema sanitario. Pero tampoco puede recaer únicamente en el paciente.

Una pregunta que sigue abierta

La evidencia está disponible. Las herramientas existen. Pero su aplicación no es uniforme.

¿Por qué, si sabemos cómo reducir el riesgo cardiovascular en personas con el VIH, no se está aplicando de forma generalizada?

Fuente: Elaboración propia (gTt-VIH).


Nota editorial

Por qué hoy publicamos solo una noticia

El equipo editorial de gTt-VIH – 20/03/2026

Hoy publicamos una única pieza.

No porque falten temas, sino porque hay cuestiones que no necesitan más fragmentación, sino más claridad. El riesgo cardiovascular en personas con el VIH no es una novedad, pero sigue sin ocupar el lugar que le corresponde en la práctica clínica.

Podríamos haber abordado este tema desde distintos ángulos. Hemos decidido no hacerlo. Cuando el problema es estructural, dividirlo en varias piezas solo diluye su alcance. Esta noticia no busca añadir información, sino ordenar lo que ya sabemos. Y, sobre todo, plantear una pregunta que sigue abierta: si la evidencia está disponible, ¿por qué no se aplica de forma sistemática?



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