Una intervención basada en el afrontamiento del estigma interseccional mejora la adherencia al tratamiento

Francesc Martínez

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A través de sesiones grupales, se capacita a usuarios de drogas inyectables para afrontar el estigma asociado al VIH y al consumo de sustancia con el objetivo de promover conductas saludables y de que busquen apoyo social y sanitario cuando sea necesario

El estigma impacta negativamente sobre la salud de las personas con el VIH en general y, de forma particular, entre las personas usuarias de drogas intravenosas. En este colectivo, el estigma conlleva una menor retención en los servicios de atención y seguimiento de las drogodependencias; en los programas de reducción de daños y más problemas de adherencia al tratamiento antirretroviral. Lamentablemente, pocas intervenciones del sistema sanitario o social se encaminan a la reducción del estigma en usuarios de drogas intravenosas con el VIH.

Para arrojar un poco de luz sobre este asunto, investigadores de Boston (Massachusetts, EE UU) diseñaron un pequeño estudio de intervención encaminado a reducir el estigma interseccional asociado al VIH y al uso de drogas intravenosas. El proyecto, cuyos resultados han sido publicados en The Lancet Regional Health – Europe, fue, en realidad, una colaboración entre EE UU, Rusia y Ucrania que se diseñó antes del inicio de la guerra que está teniendo lugar actualmente a gran escala en Ucrania.

Los investigadores contaron con la colaboración de expertos en intervenciones sobre el abordaje del estigma y organizaciones comunitarias de Ucrania y Rusia y desarrollaron sesiones grupales dirigidas al afrontamiento del estigma. Para el estudio contaron con 100 participantes con el VIH que habían utilizado drogas intravenosas dentro de los 30 días previos a su participación y estaban vinculados a una organización no gubernamental (ONG) de reducción de daños de San Petersburgo (Rusia). Los participantes fueron distribuidos aleatoriamente a recibir los servicios habituales de la ONG o recibir –además de dichos servicios rutinarios– sesiones grupales de 2 horas tres veces por semana.

Los participantes fueron incluidos en el estudio entre octubre de 2019 y septiembre de 2020. La mediana de la edad de los participantes era de 38,1 años. El 49% eran mujeres.

Al comparar a los 67 participantes del grupo de intervención con los 33 del grupo control la mediana de la diferencia ajustada (AMD, en sus siglas en inglés) en el cambio en las puntuaciones de estigma relativo a VIH y consumo de sustancias un mes después del inicio del estudio fue de 0,40 (intervalo de confianza del 95% [IC95%]: -0,14 – +0,93, p= 0,14) y de -2,18 (IC95%: -4,87 – +0,52, p= 0,11), respectivamente, no hallándose diferencias significativas al respecto.

Hubo significativamente más participantes del grupo con intervención que del grupo control que iniciaron el tratamiento antirretroviral (20% frente a 3%, diferencia de proporciones: 0,17, IC95%: 0,05-0,29, p= 0,01). También un porcentaje significativamente superior de participantes del grupo con intervención utilizaron atención para el consumo de sustancias (23% frente a 6%, diferencia de proporciones 0,17, IC95%: 0,03-0,31, p= 0,02).

La mediana de la diferencia ajustada en el cambio en la frecuencia de uso de drogas inyectables 6 meses después del inicio del estudio no detectó un impacto estadísticamente significativo de la intervención (AMD: -3,33, IC95%: -8,51 – +1,84, p= 0,21). Durante el estudio se produjeron cinco eventos adversos graves no relacionados con la intervención (7,5%) en el grupo con intervención y uno (3,0%) en el grupo de control.

Según los investigadores, el aumento de la vinculación al tratamiento antirretroviral y al programa de atención al consumo de sustancias que se observó en quienes participaron en las sesiones grupales antiestigma se debería a la naturaleza de dichas sesiones. Así, dichas sesiones se diseñaron para potenciar la aceptación de los servicios sanitarios y reducir la desvinculación de los usuarios de drogas intravenosas con el VIH de dichos servicios.

Cabe destacar que la intervención no fue diseñada para reducir directamente la vergüenza y los miedos asociados al estigma interiorizado; sino que su objetivo fue ayudar a sobrellevarlo y aumentar los comportamientos saludables y la búsqueda de apoyo social y sanitario cuando se precise. Los beneficios observados podrían ayudar a otras entidades comunitarias o servicios sanitarios o sociales a optar por programas con un enfoque similar al del presente estudio para reducir el impacto del estigma interiorizado en personas con el VIH usuarias de drogas intravenosas.

Fuente: MedicalXpress / Elaboración propia (gTt-VIH).
Referencia: Jason B. Luoma et al, An acceptance-based, intersectional stigma coping intervention for people with HIV who inject drugs—a randomized clinical trial, The Lancet Regional Health—Europe (2023). DOI: 10.1016/j.lanepe.2023.100611

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