Un consumo excesivo de alcohol y drogas se relaciona con un mayor riesgo de caídas en personas con el VIH

Miguel Vázquez
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Las caídas y los consecuentes daños fueron más frecuentes entre las personas frágiles con el VIH que consumían alcohol, lo que sugiere la necesidad de realizar intervenciones y cribados dirigidos a esta población

Las personas con el VIH que consumen cuatro o más bebidas alcohólicas diarias (en el caso de las mujeres) o cinco o más (en el de los hombres) corren un mayor riesgo de sufrir una caída y de tener que acudir a urgencias o necesitar una hospitalización debido a sus consecuencias, según un estudio estadounidense publicado en Journal of Acquired Immune Deficiency Syndromes. El estudio reveló que un mayor consumo medio diario de alcohol (al igual que cada día adicional de consumo excesivo) se vinculó con una mayor probabilidad de caídas. Sin embargo, el consumo de opioides se relacionó con un riesgo más elevado de fracturas, pero no de caídas. Los autores postulan que las intervenciones para prevenir caídas y lesiones en esta población deben tener en cuenta el posible consumo excesivo de alcohol, sedantes y opiáceos.

La terapia antirretroviral en la actualidad permite que las personas con el VIH disfruten de una esperanza de vida que casi iguala a la de la población general (véase La Noticia del Día del 23/05/2023). Esto se traduce en que determinados problemas de calidad de vida asociados a la edad, como pueden ser las caídas, sean un problema creciente en estas personas. Las consecuencias de una caída pueden resultar muy graves, especialmente en el caso de personas frágiles, con mayor riesgo de sufrir una fractura, como pueden ser el caso de muchas personas con VIH.

Se sabe que el consumo de alcohol y sustancias constituye un importante factor de riesgo de caídas o fracturas, pero no existen recomendaciones médicas estándar sobre el nivel de consumo o el tipo de consumo de alcohol u otras sustancias que aumenta dicho riesgo de caídas y lesiones relacionadas con las caídas, en particular entre las poblaciones que tienen alguna afección que afecta al equilibrio.

Comprender el modo en que el consumo de alcohol y otras sustancias puede afectar a las poblaciones puede servir de base para implementar servicios de asesoramiento eficaces, así como para llevar a cabo intervenciones de prevención de caídas que pueden ayudar a evitar lesiones prevenibles en personas vulnerables, prolongando así su movilidad, autoconfianza y calidad de vida en general.

Para arrojar más luz sobre este aspecto, el estudio examinó los datos sobre el uso de alcohol y otras sustancias, así como los registros de caídas, fracturas y atención médica posterior procedentes de personas con el VIH y que participaron en el Estudio ARCH sobre fragilidad, deterioro funcional, caídas y fracturas (4F, en sus siglas en inglés) entre los años 2018 y 2020. Se determinó la frecuencia de consumo de alcohol y el volumen diario en los últimos 14 días, así como la frecuencia y el tipo de consumo de drogas.

De las 251 personas con el VIH que participaron en el análisis, el 35% declaró tener un consumo excesivo de alcohol, el 24% de cocaína, el 16% de opioides no legales, el 13% de sedantes sin receta. Por otro lado, el 35% había sufrido alguna caída y el 27% se podían clasificar como frágiles.

El consumo excesivo de alcohol se asoció con un mayor riesgo de caída (cociente de probabilidades ajustado [CPA]= 1,49), de sufrir múltiples caídas (CPA= 1,55) y de haber realizado visitas a urgencias o de precisar hospitalizaciones relacionadas con caídas/fracturas (CPA= 1,81).

Tener un mayor promedio de consumo de alcohol al día, así como un mayor número de días de consumo excesivo fueron factores relacionados con experimentar múltiples caídas. El uso de sustancias sedantes no prescritas se asoció con un mayor riesgo de caída, múltiples caídas y de visitar el servicio de urgencias o de necesitar una hospitalización. Por su parte, el empleo de opioides se relacionó con un mayor riesgo de fracturas.

El equipo de investigación señaló que aproximadamente el 15% de las personas incluidas en el grupo de estudio estuvo en situación de calle en algún momento del periodo estudiado. Tanto el sinhogarismo como los síntomas depresivos estuvieron relacionados con una mayor probabilidad de sufrir caídas, caídas múltiples, fracturas y hospitalizaciones o de tener que ir a urgencias en relación con las caídas o fracturas. Las personas sin hogar son especialmente vulnerables frente a las caídas (y las lesiones relacionadas), ya que por lo general se desplazan a pie y existe una mayor probabilidad de que se encuentren con peligros ambientales.

En sus conclusiones, los autores señalan que la atención rutinaria del VIH debería prestar más atención al tema de las caídas y a los riesgos de sufrirlas, dado que no son infrecuentes en esta población a una edad más temprana de la esperada. En ese sentido, debía indagarse sobre el consumo tanto de alcohol como de sedantes no prescritos. También esperan que estas conclusiones no sólo sirvan para la prevención, sino que también contribuyan a reducir el estigma asociado a las caídas, que pueden impedir que los pacientes busquen ayuda. A muchas personas con el VIH les preocupa que una caída marque ‘el principio del fin’, pero existen formas de reducir el riesgo de las caídas y sus correspondientes lesiones.

Fuente: School of Public Health/Elaboración propia (gTt-VIH).
Referencia: Kim T, Bertholet N, Magane K, et al. Alcohol Consumption and Illicit Drug Use: Associations With Fall, Fracture, and Acute Health Care Utilization Among People With HIV Infection. JAIDS Journal of Acquired Immune Deficiency Syndromes 95(4):p 391-398, April 1, 2024. | DOI: 10.1097/QAI.0000000000003372

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