La fragilidad es un factor a tener en cuenta en la población mayor con el VIH

Miguel Vázquez
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Un estudio francés reveló la existencia de factores como la mayor edad, tener múltiples problemas de salud y un bajo estatus socioeconómico estaban vinculados a la fragilidad

Un equipo de investigadores francés llevó a cabo un estudio en el que examinaron a un grupo de 510 personas con el VIH mayores de 70 años para obtener una visión más completa sobre la fragilidad en este grupo de población. Los autores observaron la existencia de una relación entre la fragilidad y factores como edad avanzada, presencia de múltiples problemas de salud y un bajo nivel socioeconómico. Estos hallazgos, publicados en AIDS, destacan la importancia de comprender y abordar los desafíos específicos que enfrentan las personas mayores con VIH, a fin de mejorar su calidad de vida y proporcionarles un cuidado adecuado.

El desarrollo de nuevos fármacos más tolerables, unido al amplio acceso al tratamiento antirretroviral en los países de rentas más elevadas se ha traducido en que la esperanza de vida para las personas con el VIH se aproxima a la de la población general en esas zonas del mundo (véase La Noticia del Día 29/05/2023). Sin embargo, esto se traduce en una población creciente de personas con el VIH que se están haciendo mayores, con las implicaciones que esto conlleva, por lo que es importante estudiar el envejecimiento de las personas con VIH y así mejorar su salud y calidad de vida.

Por este motivo, un equipo de investigadores de varias clínicas de Francia decidió realizar un estudio sobre la fragilidad en dicha población. El equipo de investigadores recopiló datos entre mayo de 2019 y enero de 2020 de 510 personas con VIH mayores de 70 años (415 hombres y 95 mujeres), que en el momento de entrar en el estudio tenían una media de 73 años, el 92% era de origen europeo (frente a un 8% procedente del África subsahariana), el 96% tenía una carga viral indetectable y la media del recuento de CD4 fue de 562 células/mm3 (con un recuento nadir medio de 180 células/mm3). El 27% había tenido alguna complicación de salud relacionada con el sida y el 10% fumaba tabaco (hasta un 40% lo había hecho alguna vez). El índice de masa corporal medio fue de 24,7 kg/m2.

El equipo de investigadores examinó a las personas en búsqueda de la presencia de determinados factores que ya habían sido validados en otros estudios sobre fragilidad, como pérdida de peso involuntaria, baja fuerza de agarre de la mano, agotamiento, baja velocidad al caminar o bajo nivel de actividad física. También se revisaron los historiales médicos de los participantes (incluyendo antecedentes de caídas y hospitalizaciones no programadas) y se realizaron evaluaciones de la calidad de vida y la depresión. Tras realizar la evaluación, las personas fueron clasificadas en tres categorías: prefragiles (63% de los participantes), fragiles (14% de las personas) y robustos (23%). Posteriormente se compararon las características de los participantes frágiles frente a los prefrágiles y robustos mediante análisis univariables y multivariables.

Los investigadores descubrieron que los siguientes factores se asociaban a un mayor riesgo de ser clasificado como frágil: mayor edad (en incrementos de cinco años por encima de los 70), bajo nivel socioeconómico o presentar múltiples problemas de salud. En consecuencia, se propuso que la implementación de intervenciones para abordar cuestiones sanitarias y socioeconómicas podrían ayudar a promover “un envejecimiento más saludable en esta población.”

Al realizar el análisis se comprobó que las personas frágiles (en comparación con las personas incluidas en los grupos de pacientres prefrágiles y robustos) eran más tendentes a presentar las siguientes características: Una edad por encima de la media del estudio, enfermedad pulmonar crónica, depresión, dificultad para recordar y pensar con claridad y enfermedad arterial periférica. También se comprobó que fueron más propensas a tener antecedentes de lo que los investigadores denominaron “resultados sanitarios negativos durante los últimos 12 meses”. No resultó una sorpresa que las personas frágiles presentaran más probabilidades de tener una mala calidad de vida en comparación con las personas prefrágiles o robustas.

Las personas frágiles tendieron más a informar de problemas como falta de energía, dolores musculares, dolor de manos o pies o problemas de memoria. En consecuencia, los investigadores sugirieron que algunas personas frágiles podrían beneficiarse de la implementación de programas de apoyo psicológico y tratamiento del dolor.

Los datos de las personas con el VIH fueron tomados en un momento temporal para realizar las comparaciones entre los distintos participantes, pero el equipo de investigadores prevé prolongar su estudio hasta 5 años, lo que permitirá reunir más datos y examinar la transición de las personas entre las categorías establecidas en función de la fragilidad.

También se sugiere que, en el futuro, los estudios incluyan poblaciones más diversas para evaluar el impacto del envejecimiento en distintas poblaciones. Por último, se aconseja la realización de estudios para probar la eficacia de distintas intervenciones diseñadas para mejorar la salud de las personas en situación de fragilidad y pre-fragilidad.

Fuente: Catie/Elaboración propia (gTt-VIH)
Referencias: Allavena C, Blain H, Abulizi X, et al. Prevalence and risk factors of frailty among adults living with HIV aged 70 years or older. AIDS. 2023 Jan 1;37(1):183-189.

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