¿Confían las autoridades catalanas en sus médicos?

Joan Tallada
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Especialistas irritados porque una comisión ralentiza los tratamientos de la hepatitis C

Uno de los motivos por el que los padres (porque fueron todos hombres) redactores de la Constitución española forjaron, a petición de los partidos políticos, el modelo de Estado a partir de la descentralización competencial en comunidades autónomas fue la creencia de que una administración más cercana a los ciudadanos está más atenta a sus necesidades y puede satisfacerlas con más eficacia.

Si bien hay muchos aspectos, seguramente la inmensa mayoría, en los que el traspaso de competencias en materia de salud del Estado central a los gobiernos autonómicos ha resultado en España en una mejora de los servicios asistenciales, todavía se dan casos aunque esporádicos muy llamativos en los que el prurito por diferenciarse acaba por perjudicar al usuario, a veces seriamente.

Uno de ellos es el que se deriva de la existencia del Consejo Asesor sobre el Tratamiento Farmacológico de las Hepatitis Víricas, del Departamento de Salud de la Generalitat de Catalunya, el gobierno autónomo catalán. Este Consejo tiene como función autorizar el uso del interferón y la ribavirina para el tratamiento de la hepatitis B y de la C, y su existencia es puesta en cuestión por los especialistas sobre todo en lo que hace a la prescripción de medicación para el virus de la hepatitis C (VHC).

Este Consejo fue creado hace años, cuando todavía el interferón primero y la ribavirina después no eran la terapia estándar para el tratamiento de la hepatitis C y su manejo clínico era poco conocido, su coste era relativamente elevado para la época, además de que –y eso no ha cambiado tanto- su eficacia fuese limitada y sus efectos adversos numerosos y complejos. Quienes impulsaron este organismo probablemente pensaron que era la mejor manera de hacer un uso más racional de una alternativa terapéutica todavía precoz.

Pero han pasado varios años desde entonces. Hoy día el interferón pegilado y la ribavirina son el tratamiento estándar para la hepatitis C, también en personas coinfectadas con VIH. Es más, el hecho de que el VIH sea un factor de progresión del daño hepático por VHC ha supuesto un fuerte aumento de la morbilidad y la mortalidad en la comunidad del VIH española.

En muchas personas coinfectadas, la decisión de tomar o no medicación para la hepatitis es difícil, y está llena de sentimientos encontrados y de incertidumbres. En ocasiones, no obstante, el ritmo de avance de la enfermedad hepática por VHC es tal que el médico recomienda empezar terapia cuanto antes. Si la persona acepta, le sucederán dos cosas dependiendo de donde se atienda: si se visita en un hospital cualquiera de las 16 comunidades autónomas españolas que no son Cataluña, podrá recoger el mismo día su medicación de la farmacia hospitalaria. Si es catalán, tendrá que esperar a que su médico especialista tramite una petición ante el Consejo que la resolverá en un periodo no inferior a dos meses, a veces tres.

Médicos catalanes que han pedido confidencialidad respecto a su identidad nos han hecho llegar su opinión en forma de malestar por esta situación: “¿Por qué puedo prescribir un tratamiento para el VIH, muchísimo más caro, que mi paciente puede recoger de inmediato en la farmacia del centro, y en cambio tengo que esperar varias semanas para que me den luz verde al interferón y la ribavirina? ¿Soy un buen profesional para el VIH pero no para la hepatitis C? ¿Quién decide esto y a partir de qué criterios?”. Los facultativos inciden en dos consecuencias negativas: una es la falta de respeto al criterio del médico, y su impacto en el deterioro de la confianza que sobre él tenga su paciente. El otro es que la espera en ocasiones supone la pérdida de un tiempo precioso, vital.

En efecto, si la progresión del daño hepático por VHC es acelerada, tres o incluso dos meses pueden ser demasiados, sobre todo en personas que también viven con VIH. Es ese tiempo, se reducen las posibilidades de que la terapia para la hepatitis C tenga éxito, a la postre puede haber más dificultades para el manejo de los efectos adversos y el hígado tendrá más probabilidad de desarrollar disfunciones y problemas para metabolizar los antirretrovirales. Esta injustificada dilación en los trámites para acceder a interferón y ribavirina aumenta innecesariamente el riesgo para la salud y hasta para la vida de personas que viven con VIH y hepatitis C en Cataluña.

“Estamos muy preocupados e irritados. Todos nuestros esfuerzos para modificar una situación anómala y obsoleta han sido en vano. Cuando discutimos con los responsables, nos dan la razón, pero nada se cambia. Mientras, tenemos que bregar con una burocracia absurda que merma la calidad de la atención que podemos ofrecer a nuestros pacientes y complican sus opciones terapéuticas”, insisten fuentes médicas. Y añaden: “Hay personas en situación crítica a las que casi dan ganas de decirles que se traten el sur del Ebro, en Castellón, porque aquí, en Cataluña, hay que esperar sin que haya razones para ello”.

En el fondo, se trata de un mecanismo de seria discriminación en el acceso a la menor atención sanitaria disponible por simples motivos geográficos. Esperemos que nuestra autoridades sanitarias entren en razón y eliminen un Consejo ya desaconsejable que, éste sí, debe pasar a mejor vida por el bien de todos.

Fuente: Elaboración propia.

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