Los servicios sanitarios africanos deben integrar la atención del VIH y posibles comorbilidades para personas mayores seropositivas

Jordi Piqué
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Es preciso mejorar la detección de enfermedades no transmisibles en las clínicas del VIH para poder ofrecer una atención integral en dicho entorno

A pesar de que, en la actualidad, las enfermedades no transmisibles suponen una importante causa de mortalidad en las personas con el VIH de Zimbabue (África meridional), es menos probable que se les diagnostique una de estas patologías a dichas personas, en comparación con la población general. Además, muchos centros sanitarios del país carecen del equipo básico necesario para llevar a cabo las pruebas de detección. Estas son las conclusiones de un estudio presentado en la XXII Conferencia Internacional sobre el Sida y las Infecciones de Transmisión sexual en África (ICASA 2023), celebrada en la ciudad de Harare (Zimbabue).

La introducción y expansión mundial de la terapia antirretroviral se ha traducido en una mayor esperanza de vida para las personas con el VIH (véase La Noticia del Día 29/05/2023). En los países de ingresos bajos y medios que reciben apoyo del Plan de Emergencia del Presidente de EE UU para Paliar el Sida (PEPFAR, en sus siglas en inglés), se ha observado que la proporción de personas mayores de 50 años en tratamiento antirretroviral ha aumentado del 11% en 2017 al 21% en 2021. En Zimbabue, en concreto, el 54% de las personas con el VIH tiene ahora 40 años o más.

Se ha constatado la presencia relevante de enfermedades no trasmisibles como causa de muerte en la población con el VIH de dicho país africano. En consecuencia, un equipo de investigadores de la AIDS Healthcare Foundation decidió llevar a cabo un estudio a partir de los datos de los pacientes en la clínica del VIH Mpilo Centre of Excellence en Harare (Zimbabue), con el objetivo de conocer las causas y determinantes clínicos de mortalidad por enfermedades no transmisibles en personas con el VIH.

La clínica atendió a 10.507 personas con el VIH de enero a diciembre de 2022. Se produjeron 129 fallecimientos, lo que supuso una tasa de mortalidad de 13 muertes por cada 1.000 personas con el VIH ese año. La mediana de edad de los fallecidos era de 44 años, repartida por igual entre hombres y mujeres.

La mayor parte de las personas fallecidas habían recibido tratamiento antirretroviral (63%). En el momento de la muerte, el 55% presentaba una carga viral inferior a 50 copias/mL, mientras que el 34% tenía una carga viral superior a 1.000 copias/mL. La mayoría de ellas (74%) estaba utilizando un régimen antirretroviral de primera línea basado en dolutegravir.

Las principales causas de muerte en estas personas fueron la tuberculosis (21%), la insuficiencia renal (14%), los cánceres (14%) y la meningitis (10%). Según uno de los investigadores, el cáncer de cuello de útero era la principal causa de muerte por cáncer.

Entre las personas que no recibían tratamiento antirretroviral, el 79% presentaba una enfermedad por el VIH avanzada y el 74% tenía un recuento de CD4 inferior a 200 mL/mm3. La principal causa de muerte en estas personas fue la tuberculosis (48%), seguida de la meningitis (25%) y el ictus (6%). De las 21 personas que murieron por enfermedades no transmisibles, el 67% tenían una carga viral igual o inferior a 50 copias/mL.

Ante la emergencia de las enfermedades no transmisibles como causa importante de mortalidad, en otro estudio de Zimbaue se comparó la carga de hipertensión y diabetes en personas mayores de 40 años en tratamiento antirretroviral y en la población general.

Se desarrolló un proyecto de detección de enfermedades no transmisibles en Bulawayo y un suburbio de Harare. En el programa para implementar el proyecto, se formó a los trabajadores sanitarios en la integración de la detección de la hipertensión y la diabetes entre las personas con el VIH y los adultos de la población general con riesgo de padecer estas enfermedades.

A lo largo de nueve meses, a un total de 69.936 personas se les realizaron pruebas de detección de hipertensión y diabetes mellitus. De ellas, el 63% procedía de la población general, mientras que el 37% restante eran personas con el VIH.

En ambos grupos, cuatro de cada diez adultos a los que se realizó la detección eran hipertensos (el 40% de las personas con el VIH mayores de 40 años y el 44% de las personas mayores de 40 años de la población general). La diabetes mellitus era menos prevalente, ya que sólo el 0,7% de las personas con el VIH y el 1,1% de la población general tenían diagnosticada esta enfermedad.

Pero existían diferencias significativas en cuanto al diagnóstico previo. Mientras que 23% de la población general había sido diagnosticada previamente de hipertensión, sólo el 14% de las personas con el VIH habían recibido un diagnóstico por esa enfermedad antes de este estudio. De modo similar, mientras que el 5% de las personas analizadas de la población general habían sido diagnosticadas con anterioridad de diabetes, únicamente el 2% de las personas con el VIH tenían un diagnóstico previo por esta patología.

Estos resultados ponen de relieve la necesidad de mejorar la disponibilidad de herramientas de detección de enfermedades no transmisibles en los centros de tratamiento del VIH. Aunque actualmente se invita a los pacientes a acudir a clínicas especializadas para realizarse pruebas de detección de otras enfermedades, los tiempos de desplazamiento y otros obstáculos disuaden a muchos de acudir.

A modo de ejemplo, un médico de la clínica Newlands de Harare compartió en la sesión de la conferencia los resultados de los 100 primeros pacientes analizados desde octubre de 2022 en su nueva clínica integrada de VIH y geriatría. En este centro, todos los pacientes de 65 años o más que recibieron atención rutinaria del VIH fueron evaluados por un equipo multidisciplinar en una valoración geriátrica integral de 90 minutos, que incluyó riesgo cardiovascular, salud mental, cognición, nutrición, riesgo de fracturas y síndromes geriátricos como caídas y fragilidad.

Se observó una alta prevalencia de enfermedades no transmisibles, registrándose un 80% de personas con hipertensión, un 20% con diabetes y un 43% con enfermedad renal crónica. La mediana del número de comorbilidades y comedicaciones entre las personas que acudieron al centro fue de tres y cuatro, respectivamente.

La clínica integrada identificó varios problemas no reconocidos previamente y el 86% de las personas que acudieron recibieron intervenciones durante la visita. Entre estas intervenciones, el 76% de las personas recibieron nuevos diagnósticos, como deterioro cognitivo (21%), depresión o ansiedad (26%), osteoporosis (18%), deficiencia de vitamina B12 que requiere tratamiento (55%) y cáncer de próstata en tres hombres.

Finalmente, se puso de relieve la ausencia importante de equipos básicos de detección en diferentes centros sanitarios de Zimbabue. No se puede decir que se ofrece una atención integral en 2023 cuando se dirige una clínica de infecciones oportunistas sin tensiómetro y sin capacidad para medir el azúcar en sangre. Resulta injusto, poco ético y casi delictivo. Por otra parte, se deberían realizar pruebas de detección de cánceres comunes y proporcionar también servicios de salud mental.

Fuente: Aidsmap / Elaboración propia (gTt-VIH).

Referencias: Special session: Aging and HIV. 22nd International Conference on AIDS and STIs in Africa, Harare, 2023.

Tshuma N I et al. Analysis of causes and clinical determinants of mortality among people living with HIV at Mpilo Centre of Excellence, Bulawayo. 22nd International Conference on AIDS and STIs in Africa, Harare, abstract FRAB1802, 2023.

Takarinda K et al. Integrating NCD screening into routine HIV care among older adults enrolled on ART: Lessons learnt from a project in Zimbabwe. 22nd International Conference on AIDS and STIs in Africa, Harare, abstract FRPEA017, 2023.

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