La expansión del sarampión en EE UU pone en riesgo a personas con el VIH inmunodeprimidas

El descenso de las tasas de vacunación estaría detrás del aumento de casos

Francesc Martínez
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El sarampión vuelve a expandirse en EE UU. El repunte se produce en un contexto de descenso de las tasas de vacunación infantil y de creciente reticencia frente a las vacunas.

Esta situación preocupa especialmente a las personas con el VIH. Muchas podrían no estar adecuasdamente protegidas frente a un virus altamente transmisible como el del sarampión.

Aunque los brotes recientes han afectado sobre todo a niños, el riesgo existe en personas con el VIH de cualquier edad. Es mayor en quienes presentan recuentos bajos de CD4.

Los datos más recientes del país norteamericano muestran miles de casos confirmados en 2025 y 2026. Se han registrado varios fallecimientos. Además, la protección comunitaria parece cada vez más frágil.

Este escenario puede obligar a revisar estrategias de vacunación y protocolos de seguimiento en los subgrupos más vulnerables de personas con el VIH.

Una infección altamente contagiosa

El sarampión es una infección vírica que se transmite por vía aérea. Su capacidad de transmisión es extraordinariamente alta. Aproximadamente el 90% de las personas no vacunadas que se exponen al virus desarrollan la enfermedad.

Suele comenzar con síntomas similares a los de la gripe: fiebre, tos, congestión nasal y malestar general. Posteriormente aparece una erupción cutánea característica.

No existe un tratamiento antiviral específico que cure la infección. Aunque la mayoría de los afectados se recupera, una parte puede desarrollar complicaciones graves. Entre ellas destacan la neumonía y la encefalitis, una inflamación cerebral potencialmente mortal.

Mayor riesgo en personas con el VIH

En personas con el VIH, el riesgo de evolución grave es superior. Esto ocurre especialmente cuando el sistema inmunitario está debilitado.

Un recuento bajo de CD4 —indicador de inmunosupresión— se asocia con mayor probabilidad de complicaciones y muerte.

El resurgimiento del sarampión representa, por tanto, una amenaza añadida. Las personas con el VIH han aumentado significativamente su esperanza de vida gracias al tratamiento antirretroviral. Sin embargo, siguen necesitando medidas preventivas específicas.

Brotes en expansión y pérdida de inmunidad comunitaria

Durante el último año se han registrado brotes de gran magnitud en distintas áreas geográficas de EE UU.

En Texas, uno de ellos superó los 700 casos. En Carolina del Sur, otro foco iniciado en octubre se aproxima al millar de infecciones.

Según los datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), en 2025 se notificaron 2.280 casos confirmados en 45 estados. En lo que va de 2026 ya se han sumado más de 900 nuevos diagnósticos. Se han registrado tres fallecimientos.

La herramienta más eficaz frente al sarampión es la vacuna triple vírica. Esta protege también frente a las paperas y la rubéola. Administrada en dos dosis, alcanza una eficacia aproximada del 97%.

Las autoridades sanitarias recomiendan su aplicación en la infancia. Suele administrarse alrededor del primer año de vida y antes del inicio escolar. También se aconseja en adultos sin evidencia de inmunidad previa.

La inmunidad puede demostrarse mediante:

  • vacunación documentada,
  • pruebas serológicas con anticuerpos,
  • antecedente confirmado de infección,
  • o nacimiento antes de 1957.

Para mantener la inmunidad de grupo se estima necesario que al menos el 95% de la población esté vacunada. El descenso en las coberturas infantiles y ciertos cambios en la política sanitaria estadounidense han generado inquietud entre expertos. Advierten del riesgo de perder la protección colectiva alcanzada durante décadas.

Protección insuficiente en personas con el VIH

Las guías internacionales recomiendan evaluar de forma sistemática la inmunidad frente al sarampión en todas las personas con el VIH. Sin embargo, estudios recientes sugieren que una proporción relevante podría no estar adecuadamente protegida.

Un análisis reciente revisó los historiales médicos de más de 13.600 personas con el VIH atendidas entre 2015 y 2025 en una clínica de Dallas. Solo el 11% presentaba evidencia documentada de inmunidad.

Entre las 311 personas que realizaron pruebas serológicas, el 82% tenía niveles adecuados de anticuerpos. Esto implica que casi una de cada cinco carecía de protección suficiente. La falta de anticuerpos fue más frecuente en personas más jóvenes, de etnia blanca y con recuentos de CD4 por debajo de 200 células/mm³.

Recomendaciones actuales

Las recomendaciones indican que las personas con el VIH mayores de un año sin evidencia de inmunidad deberían recibir dos dosis de vacuna triple vírica. Deben estar en tratamiento antirretroviral y presentar función inmunitaria adecuada. Las dosis se administran con al menos un mes de separación.

No obstante, la respuesta inmunológica puede ser menos robusta o disminuir con mayor rapidez que en personas sin el VIH. Si tras completar la pauta no se detectan anticuerpos suficientes, los profesionales sanitarios pueden valorar repetir la serie de vacunación. Esto es especialmente relevante si la inmunización inicial se realizó antes de lograr la supresión virológica.

La vacuna triple vírica se considera segura en personas con el VIH mayores de cinco años con recuento de CD4 igual o superior a 200 células/mm³. En niños más pequeños, se requiere un porcentaje de CD4 de al menos el 15%.

No se recomienda la vacuna combinada que incluye protección frente a la varicela en este grupo. Dado que la triple vírica contiene virus vivos atenuados, está contraindicada en personas con inmunosupresión grave y durante el embarazo.

En caso de exposición al virus, puede contemplarse la administración de inmunoglobulina específica frente al sarampión en los seis días posteriores como medida de profilaxis.

Una prioridad preventiva en contexto de brotes

En un escenario de brotes crecientes y descenso de la vacunación comunitaria, reforzar la evaluación y actualización del estado inmunitario frente al sarampión en personas con el VIH se perfila como una prioridad sanitaria.

La prevención mediante vacunación y seguimiento clínico sigue siendo la principal herramienta para evitar que una enfermedad prevenible vuelva a causar complicaciones graves en una población especialmente vulnerable.

Fuente: POZ/ Elaboración propia (gTt-VIH).
Referencia: Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. Measles Cases and Outbreaks [Internet]. Atlanta: CDC; 2024 [actualizado 17 de mayo de 2024; citado 17 de febrero de 2026]. Disponible en: https://www.cdc.gov/measles/cases-outbreaks/index.html


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El equipo editorial de gTt-VIH – 19/02/2026

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