El sarampión vuelve a expandirse en EE UU en un contexto de descenso de las tasas de vacunación infantil y creciente reticencia frente a las vacunas. Esta situación preocupa especialmente a las personas con el VIH, ya que muchas podrían no estar adecuadamente protegidas frente a un virus -como el del sarampión- altamente transmisible. Aunque los brotes recientes han afectado sobre todo a niños, existe riesgo en personas con el VIH de cualquier edad, particularmente aquellas con bajos recuentos de CD4. Los datos más recientes del país norteamericano muestran miles de casos confirmados en 2025 y 2026. Han tenido lugar varios fallecimientos y se detecta una protección comunitaria cada vez más frágil. Ello puede llevar a revisar las estrategias de vacunación y el seguimiento rutinario en los subgrupos de personas con el VIH más vulnerables.
El sarampión es una infección causada por un virus que se transmite por vía aérea y cuya capacidad de transmisión es extraordinariamente alta: alrededor del 90% de las personas no vacunadas que se exponen al virus desarrollan la enfermedad. Suele comenzar con síntomas similares a los de la gripe —fiebre, tos, congestión nasal y malestar general— y evoluciona hacia la aparición de una erupción cutánea característica. No existe un tratamiento antiviral específico que cure la infección. Aunque la mayoría de los afectados se recupera, una parte puede desarrollar complicaciones graves como neumonía o encefalitis, una inflamación cerebral potencialmente mortal.
En personas con el VIH, el riesgo de evolución grave es mayor, especialmente cuando el sistema inmunitario está debilitado. Un recuento bajo de CD4, indicador de inmunosupresión, se asocia con una mayor probabilidad de complicaciones y muerte. Por ello, el resurgimiento del sarampión representa una amenaza añadida para las personas con el VIH, las cuales, gracias al tratamiento antirretroviral, han logrado aumentar significativamente su esperanza de vida, pero que siguen precisando de medidas preventivas específicas.
Brotes en expansión y pérdida de inmunidad comunitaria
Durante el último año se han registrado brotes de gran magnitud en distintas áreas geográficas de EE UU. En Texas, un brote superó los 700 casos, mientras que en Carolina del Sur otro foco iniciado en octubre se aproxima al millar de infecciones. Según los datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE UU (CDC, en su acrónimo en inglés), en 2025 se notificaron 2.280 casos de sarampión confirmados en 45 estados y en lo que va de 2026 ya se han sumado más de 900 nuevos diagnósticos, con tres fallecimientos registrados.
La herramienta más eficaz frente al sarampión es la vacuna triple vírica, que protege también frente a las paperas y la rubéola. Administrada en dos dosis, alcanza una eficacia aproximada del 97%. Las autoridades sanitarias recomiendan su aplicación en la infancia —alrededor del primer año de vida y antes del inicio escolar— y también en adultos sin evidencia de inmunidad previa, ya sea por vacunación documentada, pruebas serológicas que demuestren anticuerpos, antecedente confirmado de infección o nacimiento antes de 1957, cuando la mayoría de la población adquiría inmunidad natural tras la exposición.
Sin embargo, para mantener la llamada inmunidad de grupo o se estima que es necesario que al menos el 95% de la población esté vacunada. El descenso en las coberturas infantiles y los cambios en la política sanitaria estadounidense han generado inquietud entre los expertos, que advierten del riesgo de perder la protección colectiva alcanzada durante décadas.
Protección insuficiente en personas con el VIH
Las guías internacionales sobre el manejo del VIH recomiendan evaluar de forma sistemática la inmunidad frente al sarampión en todas las personas con infección por el VIH. No obstante, estudios recientes sugieren que una proporción relevante podría no estar adecuadamente protegida.
Un reciente análisis revisó los historiales médicos de más de 13.600 personas con el VIH atendidas entre 2015 y 2025 en una clínica de Dallas. Solo el 11% presentaba evidencia de inmunidad frente al sarampión. Entre las 311 personas que realizaron pruebas serológicas, el 82% tenía niveles adecuados de anticuerpos, lo que implica que casi una de cada cinco carecía de protección suficiente. La falta de anticuerpos fue más frecuente en personas más jóvenes, de etnia blanca y con recuentos de CD4 por debajo de 200 células/mm³.
Las recomendaciones actuales indican que las personas con el VIH mayores de un año sin evidencia de inmunidad, que estén en tratamiento antirretroviral y tengan una función inmunitaria adecuada, deberían recibir dos dosis de la vacuna triple vírica separadas por, al menos, un mes. Sin embargo, la respuesta inmunológica puede ser menos robusta o disminuir con mayor rapidez que en personas sin el VIH. Si tras completar la pauta no se detectan anticuerpos suficientes, los profesionales sanitarios pueden valorar repetir la serie de vacunación, especialmente si la inmunización inicial se realizó antes de lograr la supresión virológica.
La vacuna triple vírica se considera segura en personas con el VIH mayores de cinco años que tengan un recuento de CD4 igual o superior a 200 células/mm³ o un porcentaje de CD4 de al menos el 15% en niños más pequeños. No se recomienda la vacuna combinada que incluye protección frente a la varicela en este grupo. Dado que la triple vírica contiene virus vivos atenuados, está contraindicada en personas con inmunosupresión grave y durante el embarazo. En estos casos, si se produce una exposición al virus, puede contemplarse la administración de inmunoglobulina específica frente al sarampión en los seis días posteriores a la misma como medida de profilaxis.
En un escenario de brotes crecientes y descenso de la vacunación comunitaria, reforzar la evaluación y actualización del estado inmunitario frente al sarampión en personas con el VIH se perfila como una prioridad sanitaria. La prevención -mediante vacunación y seguimiento clínico- sigue siendo la principal herramienta para evitar que una enfermedad prevenible vuelva a causar complicaciones graves en una población especialmente vulnerable.
Fuente: POZ/ Elaboración propia (gTt).
Referencia: Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. Measles Cases and Outbreaks [Internet]. Atlanta: CDC; 2024 [actualizado 17 de mayo de 2024; citado 17 de febrero de 2026]. Disponible en: https://www.cdc.gov/measles/cases-outbreaks/index.html
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