El envejecimiento de las personas con el VIH podría acarrear un elevado coste humano y económico debido a la fragilidad y las caídas, según un estudio estadounidense publicado en JAMA Network Open que ha modelizado su impacto a lo largo de la vida en más de medio millón de personas con el VIH en estado de supresión virológica. El análisis estima que las caídas podrían provocar más de 180.000 años de vida perdidos y generar más de 3.000 millones de dólares en gastos sanitarios, mientras que la fragilidad alcanzaría cerca de 9.000 millones de dólares en costes acumulados. Los datos, centrados en personas mayores de 40 años en tratamiento antirretroviral efectivo, alertan de la magnitud de un problema que crece a medida que aumenta la esperanza de vida y la edad promedio de este grupo poblacional.
Un síndrome frecuente con consecuencias graves
La fragilidad es un síndrome clínico común en personas mayores, caracterizado por una disminución de la reserva fisiológica que incrementa la vulnerabilidad ante enfermedades y situaciones de estrés. Se manifiesta mediante fatiga persistente, debilidad muscular, reducción de la actividad física, pérdida involuntaria de peso y menor fuerza. Esta condición se asocia con un mayor riesgo de deterioro cognitivo, hospitalización, discapacidad y muerte.
En la población general, las caídas constituyen una de las principales causas de lesiones graves en mayores de 65 años. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, en sus siglas en inglés) de EE UU, más de 41.000 personas de esta franja de edad fallecieron en 2023 en Estados Unidos como consecuencia de caídas. Estas pueden ocasionar fracturas óseas, dolor crónico, pérdida de autonomía y necesidad de cuidados de larga duración.
Las personas con el VIH presentan un riesgo aún mayor que el observado en la población general de padecer fragilidad (véase La Noticia del Día 27/11/2024). Aunque el tratamiento antirretroviral ha transformado la infección en una condición crónica controlable, persisten factores que aceleran el envejecimiento biológico tales como la inflamación crónica, la disfunción inmunitaria y alteraciones metabólicas y de la composición corporal, incluida la pérdida de masa ósea. A ello se suman los efectos secundarios de determinados antirretrovirales y determinados hábitos, como el tabaquismo.
La polifarmacia es otro elemento clave. Muchas personas con el VIH mayores de 50 años toman múltiples tratamientos para comorbilidades cardiovasculares, metabólicas o psiquiátricas, además de la terapia antirretroviral. Algunos medicamentos pueden provocar somnolencia, menor coordinación o disminución del estado de alerta, lo que incrementa el riesgo de caídas. Investigaciones recientes han mostrado que quienes toman un mayor número de fármacos presentan más probabilidad de desarrollar fragilidad y sufrir caídas.
Los costes de la fragilidad en personas con el VIH
El estudio utilizó el denominado Frailty Policy Model, una herramienta para evaluar la fragilidad. Para el análisis se contó con datos de grandes cohortes estadounidenses de personas con el VIH con supresión virológica. Dichos estudios de cohorte incluyeron el Estudio Interagencias sobre el VIH en mujeres (WIHS, en sus siglas en inglés) y el Estudio Multicéntrico entre ellas el Estudio de Cohorte Multicéntrico sobre el Sida (MACS, en sus siglas en inglés). Se modelizó una población representativa de más de 500.000 personas mayores de 40 años, con una edad promedio de 56 años. El 41% de los participantes presentaba prefragilidad y el 7% fragilidad establecida.
Según las proyecciones, esta población tendría una esperanza de vida restante de 20,3 años; de los cuales alrededor de 12 transcurrirían en situación de prefragilidad o fragilidad. Además, se estimó una media de 10 caídas por persona a lo largo del resto de su vida.
A nivel individual, la prefragilidad supondría una pérdida de 0,1 años de vida y 0,4 años de vida ajustados en función de la calidad (QALY, en sus siglas en inglés; una medida de estado de la salud, que considera tanto la cantidad como la calidad de vida), además de 9.600 dólares adicionales en gasto sanitario por persona. La fragilidad en sí implicaría 2,6 años de vida perdidos, 2,1 QALY menos y 16.900 dólares extra en costes por persona. Las caídas añadirían 0,4 años de vida perdidos, 0,3 QALY y 6.500 dólares adicionales por persona.
Cuando se extrapolan estos datos al conjunto de la población VIH positiva estadounidense, el impacto se multiplica: la prefragilidad se asociaría a 31.000 años de vida perdidos, 214.000 QALY y 5.000 millones de dólares en costes a lo largo de la vida; la fragilidad, con más de 1,3 millones de años de vida perdidos, 1,09 millones de QALY y 8.800 millones de dólares y las caídas, con 183.000 años de vida perdidos, 141.000 QALY y 3.400 millones de dólares.
El modelo también simuló posibles intervenciones preventivas. Reducir en un 37% el riesgo de prefragilidad y fragilidad permitiría evitar 444.000 QALY perdidos y ahorrar 4.100 millones de dólares. Una disminución del 8% en el riesgo de caídas evitaría la pérdida de 16.000 QALY y supondría un ahorro de 365 millones de dólares.
Ejercicio físico
Entre las estrategias preventivas, el ejercicio físico destaca como una de las intervenciones más eficaces frente al desarrollo fragilidad. En un pequeño estudio en personas con el VIH, un programa de 24 semanas de ejercicio de intensidad moderada o alta redujo la prevalencia de prefragilidad entre un 75% y un 44%. Además, se están explorando abordajes farmacológicos. El grupo de investigación ACTG ha anunciado el ensayo clínico de fase II IPACE-HIV, que evaluará fármacos senolíticos (antienvejecimiento) como dasatinib y quercetina, dirigidos a células implicadas en el envejecimiento biológico, para mejorar la función física en personas con el VIH frágiles o en riesgo de serlo.
En conjunto, los resultados subrayan que la fragilidad y las caídas no solo representan un problema clínico creciente en el envejecimiento con el VIH, sino también un reto económico de gran magnitud. Identificar, prevenir y tratar precozmente estas condiciones podría traducirse en una mejora sustancial de la calidad y la esperanza de vida, así como en un importante ahorro para los sistemas sanitarios.
Fuente: POZ / Elaboración propia (gTt-VIH).
Referencia: Smith KC, Brown C, Hyle EP, et al. Modeled Health and Economic Burden of Frailty and Falls Among Adults With HIV. JAMA Netw Open. 2026;9(1):e2554809. Published 2026 Jan 2. doi:10.1001/jamanetworkopen.2025.54809
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