Tratamiento antirretroviral, supervivencia y enfermedad cardiovascular

Pedro Pérez
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Un estudio estadounidense pone de manifiesto que su uso no incrementa la incidencia de enfermedades cardiovasculares

Algunos medicamentos que inhiben la replicación del VIH pueden aumentar el nivel de lípidos en sangre y causar otros desórdenes metabólicos. Sin embargo, la controversia sobre los posibles efectos secundarios cardiovasculares de la terapia antirretroviral de gran actividad (TARGA) continúa abierta. Mientras que varios estudios han asociado la medicación antirretroviral (o incluso la propia infección por VIH) con un incremento del riesgo de padecer una enfermedad circulatoria (como derrame cerebral, aterosclerosis o infarto de miocardio), otros trabajos parecen cuestionar la existencia de dicho vínculo.

Éste es el caso del informe que Samuel Bozzette y su equipo de colaboradores han publicado en la edición de 1 de marzo de 2008 del Journal of Acquired Immune Deficiency Syndromes. El trabajo se basa en los datos extraídos de una cohorte abierta y retrospectiva de 41.213 pacientes con VIH que recibieron tratamiento entre 1993 y 2003 en la red de salud del Departamento de Asuntos para Veteranos de EE UU. La mayoría de los pacientes eran hombres (98%), de etnia negra (50%), y tenían entre 35 y 55 años (83%).

Se trata de la ampliación, en un contexto clínico real, de un estudio previo que el mismo equipo realizó en 2003 con más de 38.000 personas con VIH. En aquella ocasión, Bozzette había encontrado que el uso de regímenes que contenían inhibidores de la proteasa (IP) o inhibidores de la transcriptasa inversa no análogos de nucleósido (ITINN) estaba asociado con un descenso brusco del riesgo de muerte, pero no con el riesgo de hospitalización por episodios cardiovasculares graves.

El estudio actual, que amplió su población en unas 3.000 personas y extendió en 2,5 años el período de análisis con respecto al primero, arrojó unos resultados coherentes con los de la investigación anterior.

La media de seguimiento de los pacientes fue de cuatro años (el equivalente a 168.213 persona-años), y durante todo el período de seguimiento hubo un total de 17.558 muertes, 1.735 ingresos hospitalarios a causa de episodios cardiovasculares graves y 19.888 muertes o ingresos por episodios cardiovasculares graves o derrame cerebral.

La mortalidad descendió de 20,9 casos por 100 persona-años de observación en 1995 a 5,2 casos por 100 persona-años en 2003. En un análisis a escala paciente, el cociente de riesgo ajustado (CRA) de muerte experimentó una brusca caída para todos los grupos étnicos, hasta alcanzar una cota mínima de 0,18 (intervalo de confianza del 95% [IC95%]: 0,15-0,23) a los 72 meses de exposición a TARGA. Con independencia de la medicación empleada y durante todo el período de tratamiento antirretroviral (a los 24, 48 y 72 meses), el riesgo relativo (RR) de sufrir un episodio cardiovascular grave permaneció próximo a 1,0 (es decir, no varió de forma significativa), y el riesgo de muerte o de padecer un episodio cardiovascular grave o derrame cerebral sólo fue ligeramente superior al riesgo general de muerte.

Asimismo, la incidencia de ingresos hospitalarios por episodios cardiovasculares graves se mantuvo estable durante la era TARGA, y los factores asociados con el ingreso hospitalario por episodios cardiovasculares graves o derrame cerebral fueron una mayor edad y una enfermedad vascular preexistente.

El estudio también pone de manifiesto que los beneficios de la TARGA siguieron aumentando en los 8 años posteriores a su introducción (a finales de los años noventa) y a los 6 años de su uso individual. Además, critica el diseño de otros estudios que, como el D:A:D (siglas en inglés de recopilación de datos sobre efectos adversos de los fármacos anti-VIH), arrojan resultados contradictorios con los del trabajo del equipo de Bozzette. Según estos estudios, las personas con VIH que toman TARGA, y sobre todo inhibidores de la proteasa, tienen mayor riesgo de padecer un infarto de miocardio y otras enfermedades cardiovasculares.

Los investigadores subrayan la importancia tanto del acceso a una terapia antirretroviral adecuada como del tratamiento de otros factores de riesgo de comorbilidad y mortalidad, y aunque afirman que hay que tener en cuenta la incidencia de episodios cardiovasculares graves en el tratamiento individual del paciente, concluyen que “las complicaciones cardiovasculares derivadas de TARGA son insignificantes”.

Fuente: NATAP / Elaboración propia.
Referencia: Bozzette S, Ake C, Tam HK, et al. “Long-Term Survival and Serious Cardiovascular Events in HIV-Infected Patients Treated With Highly Active Antiretroviral Therapy”. Journal of Acquired Immune Deficiency Syndromes. 47(3): 338-341. March 1, 2008.

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