IAS 2011: Las mujeres que siguen una TARV estable muestran una elevada concentración de fármacos en su tracto genital

Miguel Vázquez
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También presentan una menor concentración de carga viral, lo que supone una prueba más de que el tratamiento reduce el riesgo de transmisión sexual

Se ha comprobado que las secreciones genitales de las mujeres con VIH que siguen una terapia antirretroviral (TARV) contienen unas elevadas concentraciones de fármacos y una baja cantidad de virus con capacidad de infección, según se extrae de los resultados de un importante estudio realizado por un equipo de investigadores del Centro Emory para la Investigación del Sida en Atlanta (EE UU). Estos datos fueron presentados por la doctora Anandi Sheth en el transcurso de la VI Conferencia Internacional sobre Patogénesis, Tratamiento y Prevención del VIH de la IAS, celebrada recientemente en Roma (Italia).

Se sabe que el hecho de que las mujeres presenten unas mayores concentraciones de carga viral en las secreciones genitales está vinculado con un mayor riesgo de que se produzca la transmisión el virus a sus parejas sexuales. A pesar de que existen pruebas de que el uso de los fármacos antirretrovirales permite suprimir la carga viral de VIH en sangre y de que algunos de dichos medicamentos son capaces de penetrar en el tracto reproductor femenino, hay otros estudios que evidencian que el virus puede persistir en las secreciones genitales, con unos niveles que variarían en función del ciclo menstrual.

El elevado interés que ha surgido en torno a las estrategias preventivas basadas en antirretrovirales (microbicidas de aplicación vaginal, profilaxis preexposición [PPrE] o tratamiento para evitar la transmisión) justifica la necesidad de investigar el efecto de estos medicamentos sobre el tracto genital femenino. También resulta importante determinar qué enfoque resulta más eficaz a la hora de hacer llegar los fármacos a los tejidos más vulnerables al VIH o donde se produce la secreción del virus.

Se sabe que algunos fármacos antirretrovirales penetran mejor que otros en el tracto genital femenino. Así, se considera que lamivudina, emtricitabina, zidovudina, etravirina, indinavir, darunavir, maraviroc y raltegravir pueden alcanzar unas concentraciones más elevadas en dicha zona que en sangre. Por su parte, tenofovir y nevirapina alcanzarían unas concentraciones similares en sangre y el tracto genital femenino.

El equipo de investigadores de la universidad de Emory decidió determinar las concentraciones de fármacos en el tracto genital femenino, así como el nivel de secreción de VIH, a lo largo de un ciclo menstrual en un grupo de mujeres que tomaban un régimen antirretroviral estándar: atazanavir (Reyataz®) potenciado con ritonavir (Norvir®), junto con
emtricitabina y tenofovir (Truvada®).

En el estudio participaron 20 mujeres y se tomaron seis muestras emparejadas de sangre y de líquido del tracto genital: Dos durante la fase folicular (tras la menstruación, pero antes de la ovulación) y cuatro durante la fase luteal (desde el primer día de ovulación hasta el resto del ciclo menstrual).

La edad media de las mujeres fue de 36 años y aproximadamente el 95% eran de etnia negra. Las voluntarias habían vivido con VIH durante una media de nueve años. La mayor parte había recibido algún tipo de terapia antirretroviral durante 90 meses y había permanecido en el régimen anti-VIH del estudio durante un promedio de 14 meses.

Por lo general, las concentraciones de VIH –tanto de virus libre (ARN) como del ligado a células (ADN)– fueron menores en las secreciones vaginales que en las muestras de sangre, aunque los ensayos empleados en las pruebas definieron el término “indetectable” de forma diferente: Menos de 50 copias/mL en sangre y menos de 500 copias/mL en las secreciones genitales. No obstante, hay que aclarar que, incluso cuando la carga viral se consideró indetectable, los ensayos empleados aún fueron capaces de detectar la presencia de virus.

Se detectó la presencia de ADN del VIH en todas las muestras de sangre, lo que indica que el virus seguía presente en algunas de las células de las mujeres a pesar del tratamiento antirretroviral. Por su parte, se comprobó la existencia de ARN viral en 69 de las 120 muestras, procedentes del 80% de las mujeres (16 de las 20 participantes). No obstante, al aplicar el criterio de considerar indetectables las concentraciones inferiores a 50 copias/mL, sólo 11 de las 120 muestras se calificaron de detectables y el 60% de las pacientes nunca mostró valores detectables.

Se detectó ARN del VIH en el 70% de las muestras sanguíneas proporcionadas en la primera y segunda visita (es decir, durante la fase folicular, cuando la mujer alcanza su pico de fertilidad). Este porcentaje disminuyó a un 50% en las visitas posteriores, durante la fase luteal, cuando la fertilidad desciende lentamente.

La probabilidad de detectar cualquier nivel de ARN viral en sangre varió a lo largo del mes. Así, se observó una mayor tendencia a que existiera un nivel detectable durante la fase folicular (cuando la mujer alcanza su pico de fertilidad). Fue menos probable detectar ARN del VIH durante la fase luteal, cuando la fertilidad desciende lentamente.

En cuanto al ARN del VIH en el tracto genital, se comprobó que fue más probable detectarlo inmediatamente después de la menstruación y al principio de la fase luteal. Sin embargo, la variabilidad de los niveles detectables de VIH en las secreciones genitales no fue estadísticamente significativa, lo que significa que esta diferencia podría haberse debido a la simple casualidad.

Los factores que se observó que podrían estar relacionados con la presencia de VIH en el tracto genital fueron la presencia de glóbulos blancos y sangre en las secreciones genitales.
Es interesante señalar que todos fármacos activos empleados en el régimen alcanzaron unas concentraciones más elevadas en el tracto genital femenino que en la sangre. Además, los niveles de fármacos fueron constantemente superiores a lo largo del ciclo menstrual de las 20 mujeres.

En su conclusión, la investigadora principal del estudio señaló que el tratamiento consiguió una adecuada penetración de todos los fármacos en el tracto genital durante el ciclo menstrual. Aunque los niveles de emtricitabina y tenofovir son similares a los ya registrados con anterioridad, los niveles más elevados de atazanavir constituyen una agradable sorpresa.
El equipo de investigadores reiteró que, en presencia de terapia antirretroviral, no se pudo de observar niveles detectables de ARN del VIH en el tracto genital femenino.

A pesar de considerar que se trata de una noticia alentadora, los autores advierten que sí se ha detectado una concentración de bajo nivel de ARN del virus en el tracto genital lo que, junto con la existencia de ADN del VIH, sugiere que existe una replicación viral en la zona y que el tratamiento reduce, aunque quizá no elimina por completo, el riesgo de transmisión sexual.

Fuente: Aidsmed / Elaboración propia
Referencia: Sheth A, Evans-Strickfaden T, Martin A, et al. Genital secretions of HIV- infected women on effective antiretroviral therapy contain high drug concentrations and low amounts of cell-free virus. 6th IAS Conference on HIV Pathogenesis, Treatment and Prevention. July 17-20, 2011. Rome. Abstract MOAC0204.

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