Un estudio realizado en Florida (EE UU) con personas con el VIH, publicado en AIDS and Behavior, ha identificado una asociación clara entre tener mascotas y mantener carga viral indetectable. El hallazgo abre preguntas clínicas y sociales relevantes sobre el papel de los animales de compañía en la salud. El trabajo, desarrollado a partir de datos recogidos entre 2020 y 2023 y vinculados a registros oficiales de carga viral, analiza no solo si convivir con una mascota se relaciona con mejores resultados clínicos, sino también cuándo esa misma responsabilidad puede convertirse en un obstáculo para acceder a la atención sanitaria.
La investigación se apoyó en los datos de un proyecto de seguimiento poblacional y en registros de vigilancia del Departamento de Salud de Florida. Un total de 623 personas con el VIH fueron incluidas en el análisis. El objetivo principal del estudio fue evaluar los niveles de supresión virológica continuada, definida como mantener la carga viral del VIH por debajo de 200 copias/mL durante los doce meses previos a la encuesta. Además, se contó con información detallada sobre tenencia de mascotas, posibles barreras asociadas al cuidado de los animales y el grado de apoyo emocional percibido.
Mascotas y control del VIH: una relación con matices
Casi la mitad de las personas incluidas en el estudio, un 44%, declararon convivir con al menos una mascota. En el conjunto de la muestra, la supresión virológica continuada se alcanzó en algo más de tres cuartas partes de los participantes. Los análisis iniciales mostraron que las personas con mascotas tenían más probabilidades de mantener la carga viral controlada que aquellas sin animales de compañía. Esta asociación fue clara en los modelos no ajustados y se atenuó al tener en cuenta factores sociodemográficos como edad, situación laboral o estabilidad residencial, aunque la tendencia siguió siendo favorable.
El estudio incorporó múltiples variables de ajuste: características demográficas, indicadores de acceso al sistema sanitario y medidas de apoyo social percibido. Este enfoque permitió observar que la relación entre mascotas y supresión viral no es simplemente emocional ni anecdótica. Tener una mascota puede estructurar rutinas diarias, reforzar la sensación de responsabilidad y motivar el autocuidado, aspectos clave para mantener la adherencia al tratamiento antirretroviral. Sin embargo, los datos también revelan que esta misma relación puede volverse frágil en determinados contextos.
Uno de los hallazgos más relevantes fue el impacto de las llamadas barreras relacionadas con las mascotas para acceder a la atención sanitaria. Entre las personas que tenían animales, quienes habían experimentado dificultades reales —por ejemplo, faltar a citas médicas, retrasar hospitalizaciones o abandonar consultas por no tener con quién dejar a su mascota— presentaron una probabilidad significativamente menor de mantener la supresión virológica. En estos casos, la presencia de la mascota no actuaba como factor protector, sino como un elemento que agravaba la vulnerabilidad.
Barreras, apoyo social y una mirada integral de la salud
El estudio diferenció entre barreras experimentadas y barreras anticipadas. Curiosamente, el simple temor a que la mascota pudiera interferir con la atención médica no se asoció de forma significativa con peores resultados virológicos. Fue la experiencia concreta de haber tenido que priorizar el cuidado del animal frente a la propia salud la que se vinculó con un peor control del VIH. Este matiz es importante, porque señala puntos de intervención claros para la práctica clínica.
Otro aspecto analizado fue el confort emocional que aportan las mascotas, medido mediante una escala estandarizada. A diferencia de lo que podría esperarse, el grado de apoyo emocional percibido no mostró relación directa con la supresión viral. Esto refuerza la idea de que no se trata solo de bienestar psicológico, sino de cómo las responsabilidades cotidianas y las estructuras de apoyo —o su ausencia— influyen en la continuidad de la atención y la adherencia terapéutica.
Los resultados encajan con una visión integradora de la salud, donde la salud humana, el bienestar animal y el entorno social son elementos interconectados. Desde esta perspectiva, ignorar la presencia de animales de compañía en la vida de las personas con el VIH implica pasar por alto una parte esencial de su ecosistema cotidiano. En poblaciones con mayor riesgo de exclusión social, las mascotas pueden ser el único vínculo estable y una fuente central de sentido y responsabilidad.
El trabajo no propone soluciones complejas ni idealiza la tenencia de animales. Más bien, invita a integrar preguntas sencillas y que no prejuzgan en la consulta clínica; como por ejemplo si la persona tiene mascotas a su cargo o qué ocurre con ellas en caso de enfermedad o ingreso hospitalario. Identificar de forma precoz las barreras reales permite anticipar problemas y buscar apoyos comunitarios, redes de cuidado temporal o ajustes en la planificación de citas y tratamientos.
En conjunto, este estudio aporta evidencia sólida de que las mascotas no son un detalle anecdótico en la vida de muchas personas con el VIH. Pueden favorecer la estabilidad y la adherencia al tratamiento, pero también generar tensiones cuando los sistemas de salud no están preparados para tenerlas en cuenta.
Fuente: The Body Pro/ Elaboración propia (gTt-VIH).
Referencia: Applebaum JW, McDonald SE, Britton MK, et al. Pet Ownership is Associated with Durable Viral Suppression but Presents Healthcare Access Challenges for People with HIV. AIDS Behav. Published online January 12, 2026. doi:10.1007/s10461-025-04947-w
Suscríbete a nuestros boletines
Utiliza este formulario para suscribirte a nuestros boletines. Si tienes cualquier problema ponte en contacto con nosotros.
Al continuar, confirmas que has leído el aviso legal y aceptas la política de privacidad.



