Las herramientas de salud digital, como aplicaciones móviles, plataformas online o teleconsultas, ya forman parte de la atención sociosanitaria. También están presentes en la vida cotidiana de muchas personas mayores. Sin embargo, su adopción no es igual para todas.
La nueva Guía de buenas prácticas y recomendaciones DIGIMENTAL (2025) señala que la edad, el género y el lugar de residencia influyen de forma clara. También influye la experiencia previa con la tecnología. Estos factores condicionan el uso real y sostenido de las herramientas digitales.
A partir de los 80 años aumenta el miedo a equivocarse. También crece la sensación de que la tecnología no es útil. La falta de acompañamiento refuerza este problema. Todo ello incrementa el riesgo de abandono temprano. En el medio rural se suman otras barreras, como la conectividad limitada y una mayor distancia respecto a lo digital.
Cuando la tecnología no se adapta a las personas, termina excluyendo a quienes más podrían beneficiarse de ella.
Salud mental y soledad no deseada: un reto central
La guía pone el foco en dos ámbitos estrechamente relacionados: la salud mental y la soledad no deseada. En las personas mayores, el aislamiento social y el deterioro cognitivo se refuerzan entre sí. Por eso, el componente relacional es clave en cualquier intervención digital.
Las soluciones tecnológicas pueden ayudar. Pero solo funcionan si refuerzan los vínculos y no sustituyen el contacto humano. La tecnología no puede reemplazar la relación, sino apoyarla.
Los datos muestran diferencias relevantes por género. Las mujeres mayores declaran más estrés al aprender y más miedo al error. En los hombres predomina un uso más funcional y limitado. Ignorar estas diferencias conduce a soluciones poco útiles, que en la práctica muchas veces se abandonan.
Qué funciona según la evidencia
El proyecto DIGIMENTAL identifica varios factores que marcan la diferencia entre el éxito y el fracaso de una intervención digital dirigida a personas mayores.
Entre ellos destaca el diseño accesible, con interfaces simples, alto contraste y lenguaje claro. También la proporcionalidad, es decir, usar lo digital solo cuando aporta valor real. Otro elemento clave es la privacidad explicada en claro, para generar confianza y proteger la autonomía.
Aun así, el factor más importante es el acompañamiento humano. La alfabetización digital funciona mejor cuando se apoya en entornos de confianza, como farmacias, centros comunitarios, bibliotecas o asociaciones vecinales. El apoyo intergeneracional y comunitario refuerza la confianza y la continuidad en el uso.
La tecnología, por sí sola, no genera autonomía. Necesita tiempo, mediación y apoyo.
No es un problema tecnológico, sino de modelo
Uno de los mensajes centrales de la guía es claro: el reto no es incorporar más tecnología, sino hacerlo con sentido. La digitalización puede convertirse en una nueva barrera cuando se impone como único canal de acceso a servicios sanitarios o sociales.
Por este motivo, la guía defiende la multicanalidad real, que combine vías digitales, telefónicas y presenciales. También defiende el derecho de las personas mayores a elegir cómo relacionarse con el sistema, sin sentirse obligadas ni excluidas.
Desde esta perspectiva, la salud digital debe entenderse como una herramienta al servicio del bienestar, no como un fin en sí mismo. Cuando se introduce sin tener en cuenta los contextos de vida, la carga de cuidados o las desigualdades territoriales, corre el riesgo de aumentar la exclusión en lugar de reducirla.
Por qué esta guía es relevante ahora
El envejecimiento de la población refuerza la relevancia de esta guía. También lo hace el aumento de la soledad no deseada y la aceleración de la digitalización tras la COVID-19. En este contexto, DIGIMENTAL ofrece un marco práctico para familias, profesionales, entidades comunitarias, administraciones públicas y sector privado.
El documento recuerda una idea clave: la innovación solo tiene sentido si ensancha derechos, refuerza vínculos y respeta la autonomía. La transformación digital en salud no es solo un reto técnico. Es, sobre todo, un reto humano: poner la vida de las personas mayores en el centro de cada decisión.
Fuente: Elaboración propia (gTt-VIH)
Referencia: Proyecto DIGIMENTAL (2025). Guía de buenas prácticas y recomendaciones para promover la salud mental y la inclusión digital de las personas mayores. Versión 1.1.
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