La curación de la hepatitis C reduce el riesgo de cáncer hepático en personas con el VIH

El riesgo no desaparece por completo tras la curación, pero disminuye de forma progresiva con el paso de los años, sobre todo en personas con menor grado de fibrosis hepática

Francesc Martínez
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La curación de la hepatitis C con antivirales de acción directa (DAA) reduce el riesgo de cáncer hepático en personas con el VIH. Esta reducción del riesgo es progresiva, se observa a largo plazo y resulta más relevante en aquellas personas con un menor grado de fibrosis hepática.

Un estudio publicado en Clinical Infectious Diseases ha analizado esta cuestión en personas adultas con infección por el VIH y el virus de la hepatitis C (VHC). Todas ellas lograron curarse del virus hepático gracias al uso de DAA. Los resultados muestran que el riesgo de desarrollar cáncer hepático no desaparece por completo tras la curación, pero sí disminuye de forma clara con el paso de los años.

Mayor riesgo en los primeros años tras la curación

El estudio se basó en un amplio análisis de cohortes de Europa y Norteamérica. Los datos muestran que el periodo de mayor vulnerabilidad se concentra en los primeros años tras la curación del VHC. Este hallazgo refuerza la importancia de una vigilancia precoz del cáncer de hígado en este grupo de población especialmente vulnerable.

La coinfección por el VIH y el VHC se asocia desde hace tiempo a una progresión más rápida de la enfermedad hepática y a un mayor riesgo de carcinoma hepatocelular, el principal tipo de cáncer de hígado. La llegada de los DAA supuso un cambio radical, ya que permitió alcanzar tasas de curación muy elevadas, incluso en personas con fibrosis avanzada o cirrosis.

Un estudio amplio en personas con VIH y hepatitis C

Sin embargo, persistía la duda sobre cuál era el riesgo real de cáncer hepático a largo plazo en la práctica clínica habitual, especialmente en personas con el VIH. Para responder a esta cuestión, los investigadores analizaron datos mensuales procedentes de la colaboración multinacional HepCAUSAL, que agrupa cohortes de seguimiento en Europa y Norteamérica.

El estudio incluyó a personas adultas con el VIH y el VHC sin tratamientos previos con DAA, con fibrosis avanzada o cirrosis, carga viral del VIH controlada y sin antecedentes de hepatitis B, cáncer hepático ni trasplante de hígado. En total, más de 3.800 personas aportaron al menos un periodo basal elegible para el análisis.

La población estudiada presentaba un perfil clínico complejo: una mediana de edad cercana a los 60 años, predominio masculino, alta frecuencia de antecedentes de consumo de drogas inyectadas y una proporción elevada de cirrosis hepática en el momento de iniciar el seguimiento.

El riesgo disminuye con el paso del tiempo

Cerca de dos tercios de las personas comenzaron tratamiento con DAA. Tras un seguimiento medio superior a cuatro años, se diagnosticaron varios casos de carcinoma hepatocelular, lo que permitió estimar el riesgo acumulado a seis años.

Bajo el supuesto de que todas las personas elegibles hubieran iniciado tratamiento antiviral, el riesgo acumulado de cáncer hepático a seis años se situó ligeramente por encima del 2,5%. No obstante, el dato más relevante fue la evolución temporal del riesgo.

La probabilidad anual de desarrollar carcinoma hepatocelular fue más alta durante el primer año tras iniciar el tratamiento y descendió de forma constante en los años posteriores. Desde valores cercanos al 0,8% en el primer año, el riesgo anual disminuyó progresivamente hasta situarse en torno al 0,1% entre el quinto y sexto año. A partir del tercer año, la probabilidad anual cayó por debajo del umbral que habitualmente se considera coste-efectivo para el cribado sistemático.

La fibrosis avanzada sigue siendo un factor clave

El grado de daño hepático previo al tratamiento resultó determinante para explicar las diferencias de riesgo. Las personas con cirrosis hepática presentaron un riesgo acumulado de cáncer hepático más elevado que aquellas con fibrosis avanzada, pero sin cirrosis.

En el grupo con cirrosis, el riesgo a seis años se situó en torno al 2,4%, mientras que en las personas con fibrosis avanzada fue claramente inferior, con menos casos detectados durante el seguimiento. Estas diferencias también se reflejaron en las tasas de incidencia anual.

Implicaciones para la vigilancia clínica

En conjunto, los resultados refuerzan la idea de que la curación de la hepatitis C no elimina por completo el riesgo de cáncer hepático en personas con el VIH y enfermedad hepática avanzada. Sin embargo, el descenso progresivo del riesgo con el paso del tiempo aporta una base sólida para replantear estrategias de vigilancia más ajustadas al perfil individual.

Los investigadores señalan que la vigilancia del carcinoma hepatocelular es especialmente importante durante los primeros años tras el tratamiento con DAA, cuando se concentra la mayor parte del riesgo. Con el paso del tiempo, especialmente a partir del tercer año, el riesgo disminuye de forma notable, lo que abre el debate sobre la intensidad y duración óptimas de los programas de seguimiento.

Fuente: Infectious Disease Advisor/ Elaboración propia (gTt-VIH).
Referencia:van Santen DK, Chalouni M, Berenguer J, et al. Risk of hepatocellular carcinoma after direct-acting antiviral treatment for hepatitis C virus infection in people with human immunodeficiency virus



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