El tratamiento de la hepatitis C en mujeres coinfectadas por VIH

Juanse Hernández, desde Milán (Italia)
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Pese a desarrollar con mayor frecuencia anemia y neutropenia, las tasas de respuesta se muestran iguales o superiores a las de los hombres en un estudio portugués

Los ensayos clínicos que han analizado diferentes aspectos relacionados con el tratamiento de la hepatitis C en personas coinfectadas por el VIH y el virus de la hepatitis C (VHC) han centrado su atención, sobre todo, en hombres coinfectados. El hecho de que la transmisión de la coinfección por VIH y VHC se haya asociado especialmente al uso de drogas inyectables, y de que esta conducta de riesgo haya sido más habitual en hombres que en mujeres ha propiciado que dispongamos de un conocimiento limitado acerca de los resultados del tratamiento de la hepatitis C en mujeres con VIH.

Con el fin de arrojar un poco más de luz sobre esta cuestión, un grupo de investigadores portugués quiso evaluar si las diferencias de sexo afectan a los resultados del tratamiento de la hepatitis C. Se trata de un análisis retrospectivo, cuyos resultados fueron presentados en el transcurso del VII Taller Internacional sobre Coinfección por VIH y Hepatitis, celebrado la pasada semana en Milán (Italia), y que incluyó los datos epidemiológicos, clínicos y terapéuticos, distribuidos en función del sexo, de una cohorte de pacientes coinfectados tratados en seis hospitales portugueses de enero de 2000 a diciembre de 2010.

El estudio incluyó un total de 439 pacientes que fueron repartidos según el sexo en dos grupos: 86 mujeres (19,6%) y 353 hombres (80,4%). Los datos demográficos y clínicos de los participantes fueron los siguientes: la media de edad fue de 35,1 años en mujeres y de 38,7 años en hombres (p <0,001); la duración estimada de la infección por VHC fue de 8,9 años en mujeres y de 11,2 en hombres (p <0,001); y la vía parenteral, como principal factor de riesgo de transmisión, se comunicó en un 77,9% de la mujeres y en un 91,5% de los varones (p <0,001).

Por lo que respecta a los genotipos del VHC, el 1 fue el mayoritario tanto en mujeres (56,5%) como en hombres (57,1%). La distribución del resto de genotipos fue la siguiente: el genotipo 2 se dio en un 3,5% de las mujeres y un 1,4% de los hombres; el genotipo 3, en un 23,5% de las mujeres y un 26,6% de los hombres; y el genotipo 4, en un 16,5% y un 14,4%, de las mujeres y los hombres, respectivamente.

Los datos clínicos a nivel basal fueron también bastante similares en mujeres y hombres: un 53,8% de las mujeres y un 52,6% de los hombres tuvieron niveles de ARN del VHC superiores a 800.000 UI/mL (p= 0,432); un 53% de las mujeres y un 61% de los hombres presentaron unos niveles de la transaminasa alanina aminotransfersasa [ALT] que excedieron más de 3 veces el límite normal superior (p= 0,200); un 76,8% de las mujeres y un 75,7% de los hombres tenían una carga viral del VIH indetectable (p= 0,432); y un 84,3% de las mujeres y un 86,2% de los hombres mostraban un recuento de CD4 por encima de las 350 células/mm3.

En el momento de entrada al estudio, la mayoría de los participantes estaban tomando terapia antirretroviral de gran actividad [TARGA] (un 80,2% de las mujeres y un 85% de los hombres), que incluía el análogo de nucleósido zidovudina (AZT) en un 24,4% de los regímenes antirretrovirales administrados a las mujeres y en un 26,9% de los que recibían los hombres.

Entre los efectos secundarios más usuales que se produjeron durante el tratamiento contra la hepatitis C, la anemia y la neutropenia se dieron con más frecuencia en mujeres que en hombres: un 24,4% de las mujeres en comparación con un 12,5% de los hombres desarrollaron anemia (p<0,05), y un 19,8% de las mujeres frente a un 10,5% de los hombres, neutropenia (p <0,05).

El resto de efectos adversos asociados al tratamiento con interferón pegilado y ribavirina fueron: trombocitopenia (23,3% en mujeres y 16,1% en hombres; p= 0,12); pérdida de peso (20,9% en mujeres y 13,6% en hombres; p= 0,08); síndrome pseudogripal (19,8% en mujeres y 22,9% en hombres; p= 0,526); y depresión (16,3% en mujeres y 15,6% en hombres; p= 0,873).

Para manejar los efectos secundarios, se tuvo que ajustar la dosis de interferón pegilado en un 9,3% de las mujeres y un 10,5% de los hombres (p= 0,04), y la de ribavirina en un 20,9% de los mujeres y un 8,5% de las hombres (p <0,05). Las dosis diarias iniciales de ribavirina empleadas fueron de 800mg (en un 48,8% de las mujeres y un 27,3% de los hombres; p <0,001); de 1.000mg (en un 40,5% de las mujeres y un 55,3% de los hombres; p <0,001), y de 1.200mg (en un 10,7% de las mujeres y un 16,9% de los hombres; p <0,001). Es bien sabido que reducir la dosis de ribavirina, como estrategia de manejo de la anemia, se asocia con tasas más bajas de respuesta virológica sostenida y un mayor riesgo de recidivas.

Los investigadores observan que, en comparación con los hombres, en las mujeres no se produjo ninguna interrupción del tratamiento (6,1% frente a 0%). Sin embargo, se registraron tasas semejantes de personas que tuvieron que suspender la terapia en ambos grupos (9,5% en mujeres y 10,5% en hombres), y de pacientes no respondedores al tratamiento (32,1% en mujeres y 32,4% en hombres).

Aunque la tasa de personas que lograron una respuesta virológica sostenida fue un poco más elevada en mujeres que en hombres (46,4% frente a 39,4%), la diferencia no fue estadísticamente significativa. La distribución de tasas de respuesta virológica sostenida por genotipos fue la siguiente: 27,1% en mujeres frente a 25,5% en hombres, para el genotipo 1 (p= 0,230); 88,9% en mujeres frente a 66,3% en hombres, para el genotipo 3 (p= 0,106); y 57,1% en hombres frente a 43,1% (p= 0,445), para el genotipo 4.
 
En sus conclusiones, los autores del estudio señalan que, a pesar de apreciarse una distribución similar de cargas virales y genotipos del VHC y de tener una situación inmunitaria y virológica respecto al VIH parecida en ambos sexos, el grupo de mujeres analizado constituye una población de pacientes más joven y con una prevalencia más baja de adquisición del VHC por uso de drogas inyectables. La anemia y la neutropenia son los dos efectos secundarios que se producen de forma significativa con más frecuencia en mujeres que en hombres. Con todo, durante el período estudiado, ninguna mujer interrumpió el tratamiento.

Otro dato que destacan los investigadores es que, si bien las mujeres tuvieron una exposición inicial relativamente menor a ribavirina y necesitaron reducir su dosis más a menudo, las tasas de respuesta virológica sostenida fueron más elevadas en mujeres que en hombres, en todos los genotipos. No obstante, la diferencia no alcanzó significación significativa.

Los autores apuntan que tener un mayor conocimiento de las diferencias de sexo en el abordaje clínico de la hepatitis C en personas con VIH permitirá una mejor individualización de las estrategias de tratamiento en esta población de pacientes. Además, deberían estudiarse, en profundidad, las diferencias de género que suponen una traba para que las mujeres puedan acceder al tratamiento contra la hepatitis C. La determinación de tales impedimentos permitiría implementar intervenciones dirigidas a superar los obstáculos y facilitar a las mujeres coinfectadas acceder al tratamiento contra la hepatitis C en una situación de igualdad respecto a los hombres.

Fuente: Elaboración propia.
Referencia: Lebre A, Serra JE, Sarmento E, et al. Chronic hepatitis C treatment in HIV/HCV co-infected women. 7th International Workshop on HIV & Hepatitis Co-infection. 1-3 June 2011, Milan, Italy. Ab
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