El virus de la hepatitis C sigue transmitiéndose entre hombres gais y bisexuales de Madrid

El sexo sin preservativo y el uso de drogas en contextos sexuales dificultan el control de la infección a pesar de existir tratamientos de alta efectividad

Francesc Martínez
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Entre 2022 y 2024, un amplio seguimiento realizado en la Comunidad de Madrid -publicado en Open Forum Infectious Diseases– ha puesto de manifiesto que la hepatitis C continúa transmitiéndose entre hombres gais, bisexuales y otros hombres que tienen sexo con hombres (GBHSH), tanto entre quienes viven con el VIH como entre quienes utilizan profilaxis preexposición (PrEP, en sus siglas en inglés) al VIH -los dos subgrupos incluidos en el estudio-.

El análisis, basado en más de 1.300 participantes atendidos en hospitales y centros especializados, muestra que, pese al acceso generalizado a tratamientos altamente eficaces, la transmisión del virus de la hepatitis C (VHC) no se ha interrumpido en este colectivo y sigue asociada a determinadas prácticas sexuales y de consumo de drogas. Los resultados, obtenidos tras un año de seguimiento clínico y epidemiológico, apuntan a que los esfuerzos de eliminación deben reforzarse con estrategias preventivas adaptadas a las prácticas de mayor riesgo observadas en este grupo poblacional.

Una incidencia persistente pese a los avances terapéuticos

El estudio analizó los datos de 1.372 GBHSH, de los cuales algo más de la mitad vivían con el VIH y el resto utilizaban PrEP como medida preventiva frente a la infección por el VIH. Al inicio del seguimiento, la prevalencia de infección activa por hepatitis C era relativamente baja en términos absolutos, pero claramente desigual: las personas con antecedentes previos de hepatitis C presentaban una prevalencia varias veces superior a la de quienes nunca habían tenido contacto con el virus. Este dato confirma que la infección previa sigue siendo un importante marcador de vulnerabilidad.

Durante el periodo de observación, que acumuló más de 1.200 persona-años de seguimiento, se detectaron nuevas infecciones y reinfecciones por hepatitis C a un ritmo que dista de ser despreciable. La incidencia global se situó en torno a 1,5 casos por cada 100 persona-años de seguimiento, con cifras similares entre personas con VIH y usuarios de PrEP. En quienes nunca habían estado infectados por el VHC, la aparición de nuevas infecciones fue inferior a un caso por cada 100 persona-años de seguimiento, mientras que entre quienes ya habían pasado la infección y se habían curado, el riesgo de reinfección fue varias veces mayor.

Estos resultados indican que el éxito de los antivirales de acción directa (DAA, en sus siglas en inglés) —capaces de curar la infección en más del 95% de los casos— no se traduce automáticamente en una reducción consistente de las nuevas infecciones si no se abordan los factores que favorecen la transmisión. Aunque la mayoría de los episodios detectados fueron asintomáticos y se trataron con éxito, el patrón de reinfecciones evidencia que el virus sigue encontrando vías de circulación en determinados contextos.

Prácticas de riesgo clave que mantienen la transmisión

El análisis de las prácticas de riesgo asociadas a la infección permitió identificar con claridad dos factores que actuaron como motores principales de la transmisión de la hepatitis C en el estudio. Por un lado, mantener relaciones anales receptivas sin preservativo con un número elevado de parejas en un corto periodo de tiempo incrementó de forma significativa el riesgo de infección y reinfección por el VHC. El estudio identificó un umbral concreto —cuatro o más parejas en los dos meses previos— a partir del cual el riesgo se multiplicaba de manera notable.

Por otro lado, el consumo de drogas inyectadas en contextos sexuales, conocido como “slamsex” o “slamming”, emergió como uno de los factores más consistentes asociados a la transmisión del virus hepático. Esta práctica, aunque minoritaria en términos absolutos, mostró una fuerte relación con la aparición de nuevos casos, independientemente del estado serológico al VIH. El uso compartido de material de inyección y la intensidad de las prácticas sexuales asociadas explican en gran medida este aumento del riesgo.

De forma llamativa, otras infecciones de transmisión sexual (ITS), como sífilis, gonorrea o clamidia, no mostraron una asociación independiente clara con la hepatitis C en este análisis, a diferencia de lo observado en estudios previos. Este hallazgo sugiere que, en este contexto concreto, las prácticas de mayor riesgo pesan más que la simple coexistencia de otras ITS como marcador de exposición.

Se necesitan intervenciones integrales

En conjunto, los resultados subrayan que la eliminación de la hepatitis C entre GBHSH no puede basarse únicamente en el diagnóstico precoz y el tratamiento. Es necesario integrar intervenciones de reducción de daños, cribados periódicos adaptados al nivel de riesgo y estrategias educativas centradas en prácticas concretas que siguen alimentando la transmisión. Incluso en un entorno con amplio acceso a tratamiento y atención especializada, la hepatitis C continúa siendo un reto de salud pública que exige respuestas sostenidas y específicas para los grupos más expuestos.

Fuente: Elaboración propia (gTt-VIH).
Referencia: Ryan P, Berenguer J, Ramos-Ruperto L, et al. Epidemiology and Risk Factors for HCV Infection Among MSM With or at Risk of HIV in Madrid (2022-2024). Open Forum Infect Dis. 2025;12(12):ofaf678. Published 2025 Nov 6. doi:10.1093/ofid/ofaf678



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