AASLD 2011: Hacer la prueba del VHC a la generación del ‘baby-boom’ permitiría detectar el 86% de las infecciones en EE UU

Miguel Vázquez
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Según investigadores estadounidenses, el cribado de la hepatitis C a este grupo de población resultaría coste eficaz

El hecho de realizar la prueba diagnóstica del virus de la hepatitis C (VHC) a toda la generación ‘baby boom’ de EE UU (se denomina así al conjunto de personas nacidas entre 1945 y 1965) permitiría identificar más de 800.000 casos, lo que supone aproximadamente el 86% de todas las personas infectadas y en situación de riesgo de sufrir una enfermedad hepática mortal, pero que aún no lo saben. Esta hipótesis se basa en los datos presentados en el transcurso del 62 Encuentro Anual de la Asociación Americana para el Estudio de las Enfermedades Hepáticas (AASLD, en sus siglas en inglés) en San Francisco (EE UU) y disponibles en la versión digital previa a la publicación en papel de la revista Annals of Internal Medicine.

Aproximadamente 4 millones de residentes en EE UU padecen una infección crónica por VHC. El 75% de los fallecimientos relacionados con el VHC se producen entre personas de la generación del ‘baby-boom’, aunque aproximadamente dos terceras partes ignoran que viven con el virus.

Este desconocimiento supone un problema porque la infección progresa con lentitud y el riesgo de que se produzcan complicaciones graves aumenta a medida que transcurre el tiempo. En 2007, se registraron más de 15.000 fallecimientos relacionados con el VHC en el Centro Nacional de Estadísticas Sanitarias de EE UU, un número superior al de muertes relacionadas con VIH en ese mismo año. Si no se llevan a cambio cambios en los actuales métodos de diagnóstico y tratamiento, se prevé que, para el año 2030, las muertes debidas al VHC aumenten hasta llegar a 35.000 anuales.

Actualmente, los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, en sus siglas en inglés) recomiendan realizar la prueba de anticuerpos únicamente a las personas cuyo estado de salud o indicadores de estilo de vida sugieran la posibilidad de una infección por VHC. Entre estos indicadores se incluyen: historial de uso de drogas inyectables, haber recibido una transfusión de sangre antes de 1992 o ser un paciente crónico de hemodiálisis.

Desafortunadamente, muchas personas con hepatitis C siguen sin ser detectadas, bien porque es posible que se sientan incómodas revelando sus comportamientos de riesgo (o que los hayan olvidado por haberse producido hace muchos años) o bien porque el personal sanitario que los atiende carece del tiempo y los recursos necesarios para realizar las valoraciones de riesgo.

Así, el estudio decidió determinar si resultaría rentable realizar pruebas del VHC en el entorno de atención primaria a toda la población del ‘baby-boom’, lo que constituye una “cohorte de nacimiento”. Para ello se desarrolló un modelo informático, en el que se incluyeron previsiones de prevalencia del VHC procedentes del Sondeo Nacional de Examen de Salud y Nutrición, para analizar la relación coste-eficacia de cuatro escenarios:

  1. No se realizan exámenes ni se proporcionan tratamientos.
  2. Se realizan exámenes basados en la percepción de riesgo y se ofrece tratamiento estándar con interferón pegilado y ribavirina.
  3. Se realiza un examen de la cohorte de nacimiento y se proporciona tratamiento estándar.
  4. Se hace un examen de la cohorte de nacimiento y se ofrece tratamiento estándar a los pacientes con VHC de genotipo 2 o 3 y tratamiento estándar más un fármaco de acción directa (DAA, en sus siglas en inglés) en el caso de los pacientes con el genotipo 1 (el más prevalente y difícil de tratar).

A partir de los estudios publicados, el equipo de investigadores calculó que aproximadamente el 18% de las personas que actualmente están en atención primaria habían sido sometidas a un examen diagnóstico del VHC. Si se realizara la prueba a toda la cohorte de nacimiento, los autores consideran que sería posible aumentar esta tasa hasta el 91%. En comparación con la actual estrategia de realización de pruebas en función del riesgo, el examen de forma generalizada de toda la población del ‘baby-boom’ permitiría detectar 808.580 nuevos casos de VHC (el 85,9% de todos los casos sin diagnosticar en esta cohorte), frente al 21% aplicando el examen en función de la situación de riesgo.

El equipo de investigadores también concluyó que dicha estrategia permitiría reducir de forma significativa el número de muertes prematuras y que resultaría tan rentable como muchas otras prácticas preventivas realizadas de forma rutinaria (como por ejemplo los exámenes colorrectales o los chequeos para detectar cáncer de pecho).

La realización universal de la prueba, seguida por la aplicación del tratamiento estándar para las personas con infección crónica y en situación de riesgo de sufrir una enfermedad hepática grave, permitiría reducir la mortalidad en unas 82.300 personas a un coste de 15.700 dólares por cada “año de vida ajustado por su calidad” ganado (QALY, en sus siglas en inglés, una medida de la carga que supone la enfermedad en la que se tiene en cuenta tanto la calidad como la cantidad de la vida). La incorporación de un DAA (como los inhibidores de la proteasa actualmente aprobados telaprevir o boceprevir) a la terapia estándar en los casos en que esté indicado, permitiría evitar aproximadamente 121.000 fallecimientos, en comparación con la práctica de un examen basado en el riesgo, a un coste de 35.000 dólares por “año de vida ajustado por su calidad” ganado.

No obstante, el autor principal del estudio admite que la realización universal de exámenes diagnósticos en esta población (que está compuesta por unos 80 millones de personas en EE UU) es más cara que llevar a cabo las pruebas en función de los comportamientos de riesgo, pasados o presentes, u otras características identificativas: Personas con unos niveles elevados de enzimas hepáticas de forma crónica, por ejemplo.

Por su parte, algunos expertos consideran que debería valorarse cuidadosamente la posibilidad de administrar el tratamiento universal de la hepatitis C en el caso de pacientes que superan los 60 años. La enfermedad hepática puede tardar años, o incluso décadas, en desarrollarse y parece claro que los pacientes más jóvenes serían los más beneficiados del tratamiento contra el VHC, antes de que el virus tenga ocasión de actuar durante años. Sin embargo, es posible que un paciente de 63 años con un nivel de destrucción hepática pequeño no obtenga grandes ventajas de una intervención antiviral.

Fuente: Aidsmeds / Elaboración Propia
Referencias: David B. Rein DB, Smith BD Wittenborn JS et al. The Cost-Effectiveness of Birth-Cohort Screening for Hepatitis C Antibody in U.S. Primary Care Settings. Ann. Intern. Med. 2011 Nov. 4 [epub уеt tο bе οf print].

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