Rosiglitazona no mejora la pérdida de grasa en pacientes que toman tratamiento anti-VIH

Michael Carter

El fármaco para la diabetes rosiglitazona no mejora de forma significativa la pérdida de grasa o los niveles de lípidos en sangre en personas con lipodistrofia tratadas con antirretrovirales, según un estudio canadiense publicado en la edición del 15 de junio del Journal of Infectious Diseases.

Sin embargo, el autor de un artículo editorial que acompaña al estudio, señaló que el uso de rosiglitazona en algunos pacientes condujo a una mejoría modesta de la grasa corporal en las extremidades inferiores y que rosiglitazona y otros fármacos para la diabetes de la familia de las tiazolidinedionas podrían jugar un papel en el tratamiento de pacientes con pérdida de grasa que también padecen diabetes.

Un metaanálisis recientemente publicado de estudios con rosiglitazona descubrió que su uso estaba relacionado con un riesgo mayor de enfermedad cardiaca. Es interesante señalar que el artículo editorial que acompaña el estudio canadiense, que fue a imprenta meses antes de que se publicara el metaanálisis, señala que debería evitarse el uso de rosiglitazona en pacientes que tienen sobrepeso o problemas cardiacos.

Rosiglitazona es un fármaco ampliamente utilizado para el tratamiento de la diabetes, pero también se ha estudiado su uso como tratamiento para los cambios de grasa corporal en personas con VIH que toman terapia antirretroviral.

Entre 2002 y 2004, un equipo de investigadores canadienses realizó un ensayo de reparto aleatorio con control con placebo que contó con 78 personas con VIH que tomaban un régimen antirretroviral basado en inhibidores de la proteasa y que habían experimentado cambios de la grasa corporal. Los pacientes se distribuyeron de forma aleatoria para recibir una dosis diaria de 4mg de rosiglitazona o un placebo. El resultado primario fueron los cambios en la grasa de las extremidades superiores, determinados mediante escáneres DEXA, tras 24 de tratamiento. Los resultados secundarios del estudio fueron los cambios en los niveles de grasas corporales y azúcares y cambios en otras medidas corporales.

Originalmente se pretendía inscribir a más de 252 para el estudio con el fin de asegurarse de que contaba con suficiente capacidad estadística como para detectar cambios significativos en la grasa corporal entre los dos brazos del estudio. Sin embargo, numerosos factores dificultaron el hecho de inscribir a pacientes en el ensayo y la inscripción se interrumpió de forma temprana. Uno de los temas que afectó a la inscripción fue un brote de SARS (síndrome respiratorio agudo grave) en Toronto. Otro fue el reconocimiento de que d4T (estaduvina, Zerit) y en menor medida, AZT (zidovudina), son causa de pérdida de grasa y la consiguiente reducción de la prescripción de estos fármacos.

La mediana de edad de los pacientes fue de 47 años, el 97% eran hombres, la duración mediana de la terapia antirretroviral fue de ocho años y el 54% estaba tomando d4T o AZT.

Tras 24 semanas de tratamiento, la grasa en brazos, el resultado primario del estudio, no fue significativamente diferente entre los dos grupos del estudio. Tampoco hubo ninguna diferencia significativa entre los dos grupos de tratamiento respecto a grasa en piernas, grasa en extremidades, grasa en el tronco o grasa corporal total.

Además, no hubo diferencias significativas en colesterol total, triglicéridos, colesterol HDL, niveles de glucosa en suero o indicadores de resistencia a insulina entre los dos brazos del estudio.

Se produjo otra confirmación de que d4T y AZT están implicados en la pérdida de grasa ya que los pacientes tratados con rosiglitazona que no estaban tomando estos fármacos experimentaron una ganancia de grasa, aunque estos aumentos no fueron estadísticamente significativos.

Treinta y tres (85%) de los pacientes en el brazo de rosiglitazona experimentaron acontecimientos adversos, pero sólo once (14%) de ellos fueron considerados como relacionados con el fármaco.

“Nuestro estudio no pudo demostrar la existencia de un impacto de 24 semanas de rosiglitazona sobre la lipoatrofia, en comparación con el placebo”, escriben los autores.

Sin embargo, el autor de un artículo editorial en el mismo número señala que los pacientes en el estudio que tomaron rosiglitazona estuvieron protegidos de mayores pérdidas de grasa en las extremidades en comparación con los pacientes en el brazo de placebo. El autor también señala que el estudio careció de poder estadístico.

El autor contempla un posible papel para el uso de rosiglitazona, y otros fármacos de la familia de las tiazolidinedionas, para el tratamiento de personas con VIH que están tomando terapia antirretroviral y que tienen diabetes de tipo 2 y pérdida de grasa. El autor también escribe que las tiazolidinedionas es “mejor evitarlas” en pacientes con sobrepeso y que tienen fallo cardiaco”.

Referencia: Cavalcanti RB et al. A randomized, placebo-controlled trial of rosiglitazone for HIV-related lipoatrophy. J Infect Dis 195: 1754 – 1761, 2007.

Grinspoon S et al. Use of thiazolidinediones in HIV-infected patients: what have we learned. J Infect Dis 195: 1731 – 1733, 2007.

Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

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