Las clínicas de salud sexual del Reino Unido podrían no estar detectando las infecciones por VIH recientes en hombres gay

Michael Carter

Las clínicas de salud sexual en el Reino Unido podrían hacer más por reducir el número de hombres gay con infección aguda por VIH sin diagnosticar, según se sugiere en un estudio publicado en la edición digital de Sexually Transmitted Infections.

Aunque el estudio descubrió que al 86% de los hombres gay que acuden a los servicios de salud sexual se les ofreció realizar una prueba del VIH y que el 82% de ellos aceptó, hubo una amplia gama de motivos por los que las clínicas no propusieron la realización de la prueba. Uno de ellos fue la existencia de prácticas sexuales de riesgo en el que se conoce como “periodo ventana” (cuando se desarrollan anticuerpos frente al VIH). Este periodo puede prolongarse hasta tres meses. Sin embargo, el equipo de investigadores señala que esta práctica podría significar que los pacientes recientemente infectados y que tienen una alta capacidad de transmisión no están siendo identificados, especialmente ahora que las tecnologías más modernas permiten detectar infecciones por VIH muy recientes.

Sorprendentemente, el equipo de expertos también encontró que las clínicas fueron más propensas a ofrecer la prueba a las personas que acudían a realizarse chequeos rutinarios de salud sexual que a pacientes que buscaban cuidado porque presentaban síntomas de una infección de transmisión sexual (ITS), aun cuando la presencia de dichos síntomas podría constituir un buen indicador de una actividad de riesgo de adquirir el VIH.

Los hombres gay siguen siendo el grupo en situación de mayor riesgo de infección por el virus en el Reino Unido. No obstante, se cree que casi la tercera parte de todos los casos de VIH entre hombres gay no está diagnosticada, y existen sólidos indicios de que hay muchos hombres con VIH sin diagnosticar que abandonan las clínicas de salud sexual sin que se les detecte esa infección.

El diagnóstico tardío del VIH es preocupante tanto a escala de salud pública como personal: se cree que los pacientes con el virus sin diagnosticar tienen una mayor capacidad de infección y que no identificar pronto la presencia del mismo es la causa subyacente de gran parte de las enfermedades y muertes relacionadas con el VIH que se producen en el Reino Unido. Se ha establecido la reducción del número de estos diagnósticos tardíos en el Reino Unido como una prioridad por el gobierno y los médicos del país y, como parte de esta estrategia, a los hombres gay que acuden a clínicas de salud sexual se les debería ofrecer la realización de pruebas anuales del VIH tipo “exclusión voluntaria” (opt-out).

Diversos estudios han examinado los factores relacionados con el ofrecimiento y la aceptación de las pruebas del VIH entre el colectivo de hombres gay. Estos estudios sugieren que la política de realización de pruebas, el tiempo de espera hasta los resultados, la percepción y los comportamientos de riesgo, la edad y el origen étnico constituyen todos ellos factores relevantes.

Para arrojar más luz sobre estas cuestiones, el equipo de investigadores diseñó un estudio transversal o de “foto fija”, a fin de determinar tanto la proporción de hombres a los que se les ofrece como la de los que aceptan realizar la prueba del VIH, al tiempo que para describir los factores relacionados con estos ofrecimientos y aceptaciones.

En el Reino Unido, existen 238 clínicas de salud sexual y a cada una de ellas se les enviaron cuestionarios en los que se preguntaban detalles sobre las consultas de salud sexual de los primeros 10-30 hombres gay atendidos en la semana que empezó el 7 de febrero de 2005.

En el estudio participaron 189 clínicas, que proporcionaron detalles sobre 2.162 pacientes. La mitad de estas personas eran pacientes nuevos, el 38% había acudido antes y el 12% realizaba visitas de seguimiento. La mediana de edad fue de 32 años y el 82% de los pacientes era de etnia blanca.

Todas las clínicas declararon ofrecer la realización de una prueba del VIH a los hombres gay que acudieron a su primera visita. Sin embargo, sólo el 61% declaró haber propuesto de forma rutinaria este servicio a los hombres que habían acudido con anterioridad.

En general, al 86% de los hombres gay se le ofreció realizar una prueba del VIH, lo que supuso el 97% de los nuevos pacientes, el 86% de los que habían acudido con anterioridad y el 39% de los que fueron a visitas de seguimiento.

Entre los motivos para no ofrecer la realización de la prueba cabe señalar los siguientes: que el paciente contaba con un resultado negativo en los últimos tres meses (39%), que la persona rechazó anteriormente la propuesta de someterse a la prueba (6%), que la actividad de riesgo del VIH tuvo lugar dentro del “periodo ventana” (5%), que no se produjeron nuevos riesgos desde la última prueba (5%) y que el paciente pertenecía a un grupo de bajo riesgo percibido (4%).

El equipo de investigadores reveló que los pacientes que acudieron a un chequeo rutinario de salud sexual tuvieron una probabilidad tres veces superior de que se les ofreciera la realización de una prueba del VIH en comparación con los que se presentaron porque manifestaban síntomas de una ITS (p<0,01). Tener un mayor número de parejas aumentó la probabilidad de que se propusiera la realización de una prueba (p<0,01), y también fue así con la declaración de relaciones anales sin protección (p<0,01).

En general, el ofrecimiento de realizarse la prueba fue aceptado por el 82% de los hombres, incluyendo el 84% de los nuevos pacientes y el 79% de los que ya habían estado antes.

Los motivos esgrimidos con más frecuencia para rechazar la propuesta de realizarse la prueba fueron: la actividad de riesgo del VIH se produjo dentro del “periodo ventana” (23%), una percepción de bajo riesgo (13%), ansiedad respecto al posible resultado (11%) y posposición de la prueba a una fecha posterior (9%).

Las características de los pacientes relacionadas significativamente con el hecho de someterse a la prueba incluyeron: la realización de visitas rutinarias más que la búsqueda de cuidado por síntomas específicos (p<0,01), tener una menor edad (p<0,01), tener un mayor número de parejas (p=0,05) y tener que esperar menos para los resultados (p=0,02).

Los pacientes que declararon haber practicado sexo anal sin protección en los tres meses previos tuvieron un 81% más de probabilidad de pedir la realización de la prueba que los que manifestaron que nunca practicaron sexo anal sin protección. Además, las personas que habían tenido sexo sin protección más de tres meses atrás fueron, aproximadamente, un 62% más propensas a pedir una prueba que las que nunca practicaron sexo sin protección.

“Se trata del primer estudio nacional de este tipo y su objetivo era examinar las tasas de realización de la prueba del VIH, así como los factores relacionados con el ofrecimiento y la aceptación de dichas pruebas entre los hombres que practican sexo con hombres (HSH). Los datos muestran que las tasas de oferta y aceptación son altas”, indican los expertos.

Por otro lado, los investigadores también expresan su inquietud, especialmente respecto al hecho de que los pacientes que presentaban síntomas de ITS (lo que podría indicar la presencia de una reciente actividad de riesgo del VIH) tienen menos probabilidad de que se les ofrezca la realización de una prueba que las personas que acuden a efectuarse chequeos rutinarios.

Asimismo, al equipo de expertos le preocupa que a los pacientes no se les ofreció la posibilidad de realizar la prueba porque sus actividades de riesgo se produjeron dentro del “periodo ventana”.

Estos dos motivos para no realizar la prueba podrían, temen los autores, conducir a que las personas recientemente infectadas por VIH (y con mayor capacidad de transmitir la infección a terceros) sigan sin recibir un diagnóstico.

El equipo de investigadores plantea cinco recomendaciones:

  • Todas las clínicas deberían contar con políticas por escrito respecto a las pruebas del VIH dirigidas a hombres gay.
  • Todas las clínicas deberían considerar la adopción de modelos de prueba tipo “exclusión voluntaria”.
  • A todos los hombres gay que vuelven a las clínicas se les debería ofrecer de forma rutinaria una prueba del VIH, al menos anualmente.
  • A los pacientes que acuden a las clínicas presentando síntomas, declarando prácticas sexuales de riesgo recientes o dentro del “periodo ventana” se les debería animar a realizarse la prueba en su primera visita y citarlos para repetirla fuera del periodo ventana.
  • Deberían reducirse al mínimo el tiempo de espera hasta la obtención de los resultados.

Referencia: Munro HL et al. National study of HIV testing in men who have sex with men (MSM) attending genitourinary (GUM) clinics in the UK. Sex Transm Infect (online edition), 2008.

Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

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