La circuncisión masculina no afecta al riesgo de VIH en las mujeres

Michael Carter

La circuncisión masculina tiene una “influencia pequeña” sobre el riesgo de VIH en la mujer, según un estudio llevado a cabo en Uganda y Zimbabue publicado en la edición del 20 de agosto de AIDS. Sin embargo, el estudio mostró que las mujeres con niveles altos de riesgo sexual fueron ligeramente menos propensas a adquirir el VIH si sus parejas estaban circuncidadas y el grupo de investigadores sugiere que estos hallazgos deberían ser examinados en posteriores estudios.

Ahora, tres ensayos de reparto aleatorio con control han mostrado que los hombres circuncidados podrían tener un riesgo significativamente menor de infección por VIH que los hombres sin circuncidar. Sin embargo, no está claro si la circuncisión masculina tiene un efecto protector frente a la infección por VIH en las mujeres. Hasta ahora, los estudios que han examinado esta cuestión han arrojado resultados contradictorios.

Es biológicamente posible que las mujeres con parejas circuncidadas tengan un riesgo menor de infección por VIH. Los hombres sin circuncidar podrían ser más propensos a transmitir el VIH debido a que el prepucio contiene células capaces de excretar VIH y además el prepucio también proporciona un entorno en el cual pueden crecer microorganismos. Los estudios han mostrado también que los hombres sin circuncidar son más propensos a tener úlceras genitales, y la presencia de úlceras puede facilitar la transmisión del VIH.

En este estudio, se examinó el efecto de la circuncisión sobre el riesgo de VIH de las mujeres analizando datos del estudio HC-HIV (siglas en inglés de Anticoncepción Hormonal y Riesgo de Adquirir VIH).

En el análisis de los investigadores se incluyeron datos de 4.417 mujeres sexualmente activas de entre 18 y 35 años de edad de Uganda y Zimbabue. La población de estudio contó con 2.231 mujeres de Zimbabue (50% de la población) y 1.793 mujeres de Uganda a las que se les valoró un riesgo bajo de tener VIH (41%).

Además, en el estudio se incluyeron otras 393 mujeres de Uganda con un alto riesgo de VIH, incluyendo pacientes de clínicas de infecciones de transmisión sexual, trabajadoras sexuales y esposas de militares.

Al inicio, a las mujeres se les preguntó si su pareja estaba o no circuncidada. A las mujeres también se les pidió que detallaran el estado de circuncisión de cualquier nueva pareja sexual.

En la inscripción también se realizaron entrevistas estructuradas para obtener detalles respecto a los comportamientos reproductivos, anticonceptivos y sexuales de las mujeres. Cada doce semanas se realizaron visitas de seguimiento que incluyeron exámenes físicos y recogida de muestras. En el momento de la inscripción ninguna mujer tenía VIH.

Al inicio, casi tres cuartas partes de las mujeres (3.249; 74%) declararon que sus parejas no estaban circuncidadas. Un total de 989 (22%) afirmó que su pareja estaba circuncidada y 166 (4%) declaró que no sabían el estado de circuncisión de su pareja.

La circuncisión fue más habitual entre las parejas de las mujeres de Uganda (36%) que entre las de Zimbabue (9%). Pero las mujeres de Zimbabue supusieron el 98% de las que afirmaron que desconocían si su pareja estaba circuncidada.

Las mujeres con una pareja circuncidada tenían unos antecedentes sexuales de más riesgo, con una menor edad en la primera experiencia sexual (17 años frente a 18 años; p<0,001), un mayor promedio de parejas sexuales en la vida (5 frente a tres; p<0,001) y un mayor número medio de noches en que su pareja no estuvo en casa en el último mes (9 frente a 6; p<0,001).

La mediana de duración del seguimiento fue de 23 meses.

En consonancia con los hallazgos iniciales, las mujeres con parejas circuncidadas tuvieron mayores niveles de riesgo sexual durante el periodo de seguimiento, siendo más propensas que las mujeres sin pareja circuncidada a declarar una infección de transmisión sexual (6% frente al 4%; p<0,001) y a tener una pareja sexual de riesgo (un hombre con síntomas de una infección de transmisión sexual o con VIH; 23% frente al 14%; p<0,001). Las mujeres con parejas circuncidadas también tuvieron en promedio un menor número de relaciones sexuales protegidas (8,6 frente a 8,3 mensuales; p<0,001).

Durante el seguimiento, se infectaron 210 mujeres (34 mujeres con parejas circuncidadas, 167 con parejas sin circuncidar y 9 que desconocían el estado de circuncisión de sus parejas). Esto arrojó una incidencia sin ajustar de VIH de 2,03 por 100 persona-años para las mujeres con parejas circuncidadas, 2,96 por 100 persona-años para mujeres con parejas sin circuncidar y 3,51 por 100 persona-años para mujeres que no sabían si su pareja estaba circuncidada.

A continuación, el grupo de investigadores realizó varios análisis estadísticos. En su primer modelo sin ajustar, los autores descubrieron que el riesgo de infección por VIH era menor en mujeres con parejas circuncidadas, en comparación con las mujeres cuyas parejas no lo estaban (cociente de riesgo [CR]: 0.69; intervalo de confianza del 95% [IC 95%]: 0,48 – 0,99). Esta diferencia tuvo una significación estadística marginal (p=0,06).

Pero el efecto protector de tener una pareja circuncidada disminuyó cuando los investigadores ajustaron su modelo para incluir la edad, la edad en el inicio sexual, el uso de anticonceptivos, el estado laboral del marido, el nivel de educación y el número de parejas sexuales en los tres meses anteriores (CR: 0,78; IC 95%: 0,53 – 1,14, no se proporcionó el valor de p). Un posterior ajuste, considerando los subgrupos de población implicó que el efecto protector de la circuncisión desapareció por completo (CR: 1,03, IC 95%: 0,69 – 1,53).

En un posterior análisis, se consideró el grupo de riesgo de VIH de la mujer. El grupo de investigadores descubrió que las mujeres en situación de bajo riesgo en Uganda y Zimbabue tuvieron un riesgo similar de infección por VIH, independientemente del estado de circuncisión de su pareja. Sin embargo, en las mujeres de Uganda en situación de alto riesgo se apreció un efecto protector (no significativo) por tener una pareja circuncidada (CR 0.16; IC 95%: 0,02 – 1,25).

"Después del ajuste, no observamos un efecto protector significativo general en la circuncisión masculina… para un pequeño grupo referido de entornos de alto riesgo, encontramos un indicio de un menor riesgo de VIH en mujeres con parejas circuncidadas", escribe el grupo de investigadores, que añade que el hallazgo en este subgrupo de alto riesgo "se basa en unas pocas infecciones por VIH (19 infecciones totales y sólo dos entre las mujeres con parejas circuncidadas) y, por tanto, el indicio de que la circuncisión masculina podría tener efectos protectores para estas mujeres en situaciones de alto riesgo debe ser interpretado con mucha cautela". De cualquier manera, concluyen que este hallazgo "justifica una mayor investigación".

Referencia: Turner AN et al. Men’s circumcision status and women’s risk of HIV acquisition in Zimbabwe and Uganda. AIDS 21: 1779 – 1789, 2007.

Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

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