Se debería permitir que algunos hombres gays puedan donar sangre, afirma un equipo de investigadores canadienses

Michael Carter

A los hombres homosexuales sin VIH que hayan mantenido una relación estable y monógama durante al menos un año se les tendría que ofrecer la posibilidad de donar sangre, según argumenta un equipo de investigadores de Canadá en la edición digital de Canadian Medical Association Journal.

Actualmente, los hombres gays y otros hombres que practican sexo con hombres (HSH) tienen prohibido donar sangre de forma permanente en Canadá y EE UU, así como en el Reino Unido y otros países.

La prohibición fue implantada en Norteamérica en 1983. Miles de personas se infectaron por VIH tras recibir productos sanguíneos que contenían el virus, antes de que se desarrollaran métodos eficaces de análisis.

Sin embargo, el equipo de investigadores señala que la prohibición ha sido sobrepasada por las mejoras en la tecnología de análisis del VIH y sustituirla por un año de postergación de la donación significaría que, en los bancos de sangre, sólo entraría una unidad sanguínea con VIH por cada 11 millones.

Los autores comentan que aunque la restricción tenía una justificación a principios de la década de 1980, “ya no tiene sentido en el año 2010, y cada año que pasa, lo tiene menos”.

La política que ya se aplica en varios países es que las prohibiciones de que los hombres gays donen sangre sean temporales (en lugar de permanentes), con una duración de entre uno y diez años. Postergar la donación un año es una medida que ya se utiliza en países como Suecia, Australia y Japón.

Con la nueva propuesta canadiense, los hombres gays con numerosas parejas seguirían excluidos de la donación de sangre.

La justificación de la prohibición se remonta a los primeros días de la epidemia de VIH. La comunidad de hombres gays constituye un foco de la epidemia por VIH en muchos países industrializados y ése ha sido el caso desde la aparición de la epidemia. En 1983 entró en vigor la prohibición, en Canadá y EE UU, que impedía que los hombres que hubieran practicado sexo con otro hombre desde 1977 donaran sangre. En torno a las mismas fechas, se introdujo otra prohibición similar en el Reino Unido.

Los autores argumentan que, en aquel momento, la prohibición tenía sentido desde el punto de vista epidemiológico y ético, sobre todo teniendo en cuenta que no se dispuso de una prueba para detectar el VIH hasta 1985. Todas las donaciones de sangre son sometidas a pruebas del VIH y de otras infecciones presentes en la sangre, pero el mantenimiento de la prohibición se ha seguido justificando por el riesgo de que algunas muestras se etiquetaran erróneamente como negativas y entraran en las reservas de sangre.

Pese a que el equipo de investigadores reconoce que la prevalencia del VIH entre los hombres gays es 67 veces mayor que entre la población general canadiense, también indica que el 94% de los hombres gays no tienen el virus.

Además, las mejoras en la tecnología de diagnóstico del VIH han reducido, en gran medida, el “período ventana” entre el momento de la infección por el virus y en el que se pueden detectar los anticuerpos. Asimismo, el uso de la prueba de ácido nucleico para analizar muestras de donaciones acumuladas significa que el período ventana puede reducirse aún más. Todas estas tecnologías disminuyen hasta un nivel despreciable el riesgo de que una donación con VIH entre en el suministro de sangre, argumentan los autores.

A las personas que desean donar sangre en Canadá (y otros países) se les pide que completen un cuestionario sobre su comportamiento de riesgo de adquirir el VIH. Los hombres gays, las personas que han participado en sexo comercial y los usuarios de drogas inyectables son tres poblaciones excluidas de forma permanente de la donación de sangre en Canadá.

No obstante, en otros grupos de población, las prohibiciones se basan en el comportamiento individual. A las personas heterosexuales con muchas parejas sólo se les pide que pospongan la donación un año.

Los investigadores creen que esto resulta discriminatorio y defienden que se sustituya la prohibición de por vida por una postergación de la donación, lo que permitiría que los hombres gays sin VIH que hayan permanecido en una relación monógama estable durante un año o más puedan donar sangre.

La sustitución de la prohibición de por vida por una postergación de un año antes de poder donar permitiría, según los autores, incrementar el número de posibles donantes con un aumento “despreciable” del riesgo de que una donación con VIH entre en el suministro sanguíneo.

Recientemente, se modificó la política sobre donaciones en Canadá para permitir que los haitianos pudieran donar sangre. Los autores consideran que es el momento de volver a cambiar estas normativas.

Así, comentan: “Cuando una política discriminatoria no está justificada por la ciencia, produce controversia”.

Sin embargo, muchas personas piensan que la epidemiología del VIH en los hombres gays justifica que se mantenga la prohibición. En 2007, la Agencia de la Alimentación y el Medicamento de EE UU (FDA, en sus siglas en inglés) renovó la restricción de por vida a que los hombres gays donen sangre. Este organismo subrayó que incluso la tecnología de detección más sofisticada carecía de la sensibilidad suficiente para detectar todas las donaciones infectadas por VIH. La FDA calculó que existía un riesgo de una posibilidad entre dos millones de que una donación con VIH llegue a los bancos de sangre.

En el Reino Unido, la prohibición de por vida para que los hombres gays donen sangre es objeto de constantes controversias. El activista en derechos humanos Peter Tatchell defiende la sustitución de la prohibición por una postergación de la donación; la Unión Nacional de Estudiantes, por su parte, también ha mostrado de forma activa su voluntad de que se elimine la restricción permanente.

En 2009, el Servicio Nacional de Sangre del Reino Unido publicó un documento de posicionamiento en el que explicaba la actual prohibición, manifestando que la mayoría de las transmisiones de VIH en el país británico se producen entre hombres gays y que las tasas de infecciones de transmisión sexual presentes en sangre (como sífilis y hepatitis B) también son mucho más frecuentes entre esta población masculina homosexual que entre la población general.

La prohibición británica fue revisada por última vez en 2001. En ese momento, Terrence Higgins Trust, la organización benéfica del VIH más grande del Reino Unido, apoyó el mantenimiento de la prohibición permanente a los hombres gays que donasen sangre. En la actualidad, se está realizando otra revisión de los datos y sus hallazgos se publicarán este año.

Referencia: Wainberg MA, et al. Reconsidering the lifetime deferral of blood donation by men who have sex with men. CMAJ, online edition, DOI: 10.1503/cmaj.091476, 2010.

Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

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