Las actuales creencias relativas al ‘periodo ventana’, “contraproducentes para reducir la transmisión del VIH”

Michael Carter

“No podemos hacer más para diagnosticar la infección por VIH en personas con un riesgo elevado de padecerla que acceden a los servicios sanitarios”, afirman los autores de un artículo editorial publicado en la edición de febrero de Sexually Transmitted Infections.

También proponen modificaciones “en las recomendaciones de retrasar tres meses las pruebas diagnósticas tras una posible exposición”, destacando que las nuevas tecnologías diagnósticas proporcionan resultados precisos al cabo de un mes de la infección por VIH y que las sugerencias actuales podrían impedir la detección del virus durante la infección primaria, “durante la cual las personas tienen una elevada capacidad transmisora del VIH”.

El editorial acompaña un estudio que muestra que un número importante de hombres gays que acceden a las clínicas de salud sexual del Reino Unido sale de éstas sin realizar pruebas diagnósticas del virus. En aidsmap.com se informó acerca de este estudio [en inglés] [en español].

Un número elevado de personas con VIH tanto en el Reino Unido como en EE UU ignora su estado serológico. También hay indicios claros de que una proporción importante de las transmisiones del virus proviene de personas que no saben que están infectadas. Para reducir el número de infecciones no diagnosticadas, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE UU (CDC, en sus siglas en inglés) desarrollaron unas pautas de actuación en 2006, en las que se recomiendan pruebas diagnósticas del VIH rutinarias y de tipo “exclusión voluntaria” (opt-out) para aquellos adultos que acceden a centros de atención primaria u hospitales. Este hecho supone un cambio respecto a la anterior política relativa a estas pruebas, que estaban dirigidas a personas pertenecientes a grupos más vulnerables a la infección por VIH. A finales de 2007, expertos de toda Europa se reunieron para discutir cómo disminuir el número de infecciones no diagnosticadas.

Sin embargo, los autores del editorial creen que los resultados del estudio desarrollado en las clínicas de salud sexual del Reino Unido “sugieren el fracaso de las pruebas dirigidas, en parte por las oportunidades desperdiciadas de realizar el test a poblaciones identificadas como de alto riesgo de padecer la infección”.

Los programas de detección dirigida del VIH deberían tener dos objetivos futuros, según los investigadores:

  • Aumentar la proporción de pacientes que hacen la prueba del VIH cuando acceden a los centros sanitarios.
  • Aumentar la frecuencia de realización de la prueba en grupos, como los hombres gays, con una mayor vulnerabilidad frente a la infección.

Asimismo, sugieren que la rápida realización de tests de detección del VIH y las pruebas de exclusión voluntaria son dos factores que pueden ayudar a alcanzar estos objetivos. Además, los responsables del editorial puntualizaron que los estudios recientes revelan que los hombres gays del Reino Unido efectuaron pruebas de detección del VIH con mayor frecuencia si éstas se ofrecían como de tipo opt-out.

Los investigadores mostraron su preocupación porque “algunas personas que recientemente recibieron un resultado negativo en una prueba del VIH o se expusieron al virus se ofreció realizar el test y lo rechazaron por problemas relacionados con el ‛periodo ventana’, en el que todavía no se pueden detectar los anticuerpos”. Los autores manifestaron que las nuevas pruebas de detección de anticuerpos pueden dar resultados precisos en un mes y que el periodo puede ser acortado aún más mediante el test de amplificación de los ácidos nucleicos.

Las personas con infección por VIH reciente tienen cargas virales muy elevadas, lo que facilita la transmisión del virus. Además, existen resultados de algunas investigaciones que sugieren que hasta el 50% de las nuevas infecciones tiene su origen en personas recientemente infectadas.

Por lo tanto, los autores señalaron: “No hacer las pruebas durante la infección primaria puede ser contraproducente para el objetivo de reducir la transmisión del VIH”.

Los investigadores recomiendan que las poblaciones más vulnerables a la infección deberían recibir formación sobre la sintomatología de la primoinfección y que se debería impulsar la realización de pruebas de detección con mayor frecuencia. Este tipo de campañas ya han sido efectuadas con hombres gays en EE UU y se están planteando en el Reino Unido. La campaña estadounidense facilitó información a los hombres gays sobre los síntomas de la infección primaria –que pueden confundirse con los de una gripe- y, por tanto, les recomendó evitar el sexo si presentaban una sintomatología similar.

La actual política sobre las pruebas de detección del VIH es pasiva, según los autores, de manera que en los centros de salud se espera que las personas en alto riesgo de infectarse acudan a ellos. Los investigadores sugieren que las tecnologías modernas de transmisión de la información, como el correo electrónico (e-mail) o el sms, “ofrecen la posibilidad de conseguir que la salud pública tenga un papel más activo en el incremento de la frecuencia con que personas en alto riesgo de ser infectadas por VIH realicen la prueba diagnóstica”.

“La prueba de detección del VIH sigue siendo una de las mejores herramientas para la prevención de esta infección”, afirmaron los autores, quienes concluyeron que esta herramienta podría ser utilizada de manera más efectiva mediante:

  • La eliminación de las trabas para efectuar las pruebas de detección, como la necesidad de consentimiento por escrito y el counselling.
  • Más pruebas de tipo exclusión voluntaria.
  • El uso rutinario de pruebas más sensibles, incluidas las que emplean amplificación de ácidos nucleicos, para hombres gays u otros grupos de elevada vulnerabilidad a la infección por VIH.
  • Un aumento en la frecuencia de realización de pruebas entre hombres gays y otros colectivos de elevada vulnerabilidad a la infección por VIH.

Referencia: Steklet JD, et al. Learning from missed opportunities for HIV testing. Sex Transm Infect. 2009; 85: 2-3.

Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

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