No hubo casos de superinfección entre los hombres gais con VIH de Ámsterdam que declararon prácticas sexuales de riesgo

Michael Carter

La superinfección por VIH (infección de una persona por una segunda cepa del virus distinta a la que ya tenía) parece ser un suceso extremadamente raro, según sugiere un estudio holandés publicado en la edición del 1 de junio de Journal of Infectious Diseases.

El ensayo es uno de los pocos en intentar utilizar el seguimiento virológico constante y los datos de comportamiento para establecer la probable incidencia de la superinfección (aunque en una pequeña cohorte de participantes) y en abordar una cuestión desatendida que sigue siendo importante para poder asesorar sobre las estrategias de prevención del VIH que podrían alentar la práctica de serosorting (es decir, la práctica con parejas del mismo estado serológico).

El equipo de investigadores realizó el seguimiento de 15 hombres gais con VIH para detectar posibles indicios de superinfección durante una media de casi seis años. Todos los varones declararon practicar sexo anal sin protección, o presentaban un historial de infecciones de transmisión sexual. A pesar de este riesgo, no se detectó ningún caso de superinfección.

Los autores escriben: “No hemos hallado ningún caso probable de superinfección por VIH-1 en las 15 personas a lo largo de un total de 88,3 persona-años de seguimiento, lo que equivale a una reducida tasa de superinfección por este virus (tasa de incidencia: 0 por cada 100 persona-años; intervalo de confianza del 95% [IC95%]: 0,42)”.

Sin embargo, el equipo investigador no considera que estos resultados sean definitivos y hace un llamamiento para  que se siga estudiando este tema. En particular, plantea la posibilidad de que el nivel de riesgo de los hombres en su estudio puede no haber sido lo suficientemente elevado como para que se produjeran casos de superinfección.

La búsqueda intensiva de casos ha permitido identificar cerca de 50 casos de superinfección por VIH confirmados. No obstante, algunos investigadores han planteado la posibilidad de que este fenómeno pueda ser mucho más habitual de lo que sugiere esta cifra.

Para intentar arrojar algo más de luz sobre este controvertido tema, un equipo de investigadores holandés analizó muestras de sangre procedentes de 15 hombres gais con VIH inscritos en la Cohorte de Estudio de Ámsterdam entre 1986 y 1997.

Se extrajeron muestras sanguíneas a esos hombres cada tres meses, y cada semestre fueron entrevistados sobre su comportamiento sexual de riesgo. Todos los varones afirmaron haber practicado sexo anal sin protección con al menos dos parejas en uno o más de esos períodos semestrales, y/o indicaron tener infección por sífilis o gonorrea.

Para comprobar si alguno de los hombres había tenido una superinfección por otra cepa del VIH, se hizo uso del análisis filogenético.

Hay que señalar que el estudio se llevó a cabo empleando muestras obtenidas en la época anterior a que se dispusiera de una terapia antirretroviral eficaz. La superinfección entre personas que reciben un tratamiento con fármacos antirretrovirales parece ser un suceso extremadamente raro.

Un total de cinco personas indicaron situaciones de riesgo en cuatro semestres, cinco pacientes lo declararon en tres semestres, y los cinco restantes lo comunicaron en un o dos semestres.

En conjunto, se obtuvieron datos de seguimiento de los hombres superiores a 88 persona-años, lo que equivale a una media de 5,8 años por paciente.

El análisis filogenético intensivo no consiguió detectar ningún caso de superinfección.

“A pesar de que en este ensayo esperábamos aumentar las probabilidades de detectar casos de superinfección por VIH-1 analizando muestras longitudinales que abarcaban períodos temporales de comportamiento sexual de riesgo, no se observaron casos de superinfección”, escriben los autores.

Sin embargo, explican que quizá no fueron capaces de detectar poblaciones minoritarias de virus que hubieran reinfectado a estas personas, o una posible superinfección pasajera.

A pesar de que los pacientes inscritos en su estudio declararon haber mantenido relaciones sexuales de riesgo, el equipo de investigadores sugiere que es posible que no haya sido a un nivel suficiente como para que se produjera una superinfección. Asimismo, señalan que las personas trabajadoras sexuales africanas con VIH que se reinfectaron comunicaron “un número de 10 a 30 veces mayor de parejas sexuales que los hombres homosexuales en nuestra cohorte”.

Los autores concluyen que su análisis “supuso la ausencia de casos detectados de superinfección por VIH-1; en consecuencia, la baja incidencia de este suceso en este estudio puede indicar la existencia de factores de riesgo externos y/o factores propios del paciente implicados en la adquisición de una segunda cepa de este virus”.

Por otra parte, sugieren que “son necesarios más estudios longitudinales para poder determinar el impacto de cada uno de los factores que pueden aumentar el riesgo de que se produzca una superinfección por VIH”.

Con todo, la realización de estos estudios puede resultar complicada en entornos donde los hombres podrían ser criminalizados por la transmisión del virus o no revelar su estado serológico. Es probable que los hombres sean menos proclives a ofrecer una información franca sobre su comportamiento sexual en dichos entornos, incluso donde el objetivo es indagar sobre la práctica sexual con parejas del mismo estado serológico al VIH.

Referencia: Rachinger A, et al. Low incidence of HIV-1 superinfection even after episodes of unsafe sexual behavior of homosexual men in the Amsterdam Cohort Studies on HIV Infection and AIDS. J Infect Dis 2011; 203: 1.621-1.628 (En esta dirección podrás encontrar el abstract de forma gratuita).

Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

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