Un estudio sobre microbicidas revela que las mujeres sudafricanas sobreestiman, en gran medida, el uso de preservativos

Gus Cairns

Los sondeos respecto a la utilización del preservativo, basados en las propias declaraciones de las mujeres, pueden ser muy poco fiables, llegando al extremo de sobrevalorar el verdadero empleo en un 100%, según se pudo oír en la Conferencia Internacional sobre Microbicidas 2010.

Los hallazgos provienen de un sondeo sudafricano, pero si se aplican de forma generalizada, pueden tener un efecto importante sobre el diseño de los ensayos y los modelos matemáticos usados para determinar la eficacia de los microbicidas.

Mitzi Gafos, del Centro África para los Estudios sobre Salud y Población [ACHPS, en sus siglas en inglés], comentó los resultados de un sondeo longitudinal en el que participaron 1.177 mujeres en un centro rural que esta organización tiene en el norte de Durban (Sudáfrica). El estudio formaba parte del ensayo MDP301 del microbicida PRO 2000®, cuyos resultados demostraron el año pasado una ausencia de eficacia.

La prevalencia local del VIH es extremadamente elevada (22%), llegando a superar el 50% entre las mujeres de entre 25 y 29 años.

Los sondeos realizados en Sudáfrica en torno al uso del preservativo concluyen que se ha producido un aumento de su utilización en la última década; así, la proporción de mujeres que declararon haberlo empleado en la última relación sexual pasó del 27% en 2002 al 68% en 2008.

La organización ACHPS informó de cifras similares en su estudio de un año de duración, registrándose un aumento en el uso del preservativo en la última relación sexual desde un 58% a un 68% a lo largo del año.

Sin embargo, estos aumentos declarados sobre el empleo del preservativo no se han visto acompañados por un descenso en la incidencia del VIH, excepto quizá entre la población adolescente (pese a que la metodología utilizada en el sondeo nacional que encontró indicios de esta disminución ha recibido críticas). La incidencia del VIH entre las mujeres que acudieron a ACHPS ha permanecido estable en un 4,4% anual, sin registrarse ninguna reducción desde el año 2003.

A lo largo del estudio longitudinal, el equipo de investigadores señaló que las mujeres declararon en muy pocas ocasiones usar preservativos “a veces”. El 46% (en promedio para todo el ensayo) afirmaron emplearlos “siempre”, el 48%, “nunca” y apenas el 6%, “a veces”. Estos resultados no coinciden con los de muchos otros sondeos, que sugieren que es muy habitual que los preservativos no se utilicen de forma constante.

Durante el estudio, los autores hicieron preguntas más detalladas en cuatro ocasiones (a las semanas 4, 24, 40 y 52) acerca del comportamiento sexual y preguntaron a las mujeres si habían practicado sexo en la semana anterior. En caso positivo, se les preguntó qué tipo de práctica sexual [oral, vaginal o anal] y si se empleó preservativo.

El objeto de estas preguntas era obtener una valoración más precisa del uso mínimo no constante del preservativo, de modo que si una mujer tenía la posibilidad de declarar, por ejemplo, que practicó sexo dos veces durante la semana, pero sólo utilizó el preservativo una vez, se obtendría una evaluación más precisa de esta utilización ocasional del preservativo.

No obstante, considerados de forma individual, estos sondeos ofrecieron un resultado similar al de los mensuales: La proporción de mujeres que afirmó que empleaba un preservativo cada vez que practicaba el sexo fue del 52%, 64%, 65% y 66%, respectivamente, en los cuatro momentos temporales elegidos, mientras que la proporción de ellas que declaró un uso no constante fue del 6%, 3%, 4% y el 3%, de forma respectiva.

Con todo, al comparar los informes de los cuatro momentos temporales, se observó que fueron mujeres distintas las que revelaron un empleo esporádico en cada ocasión, hasta el punto de que las que afirmaron al menos una vez durante el estudio hacer un uso ocasional de los preservativos llegaron al 36%. La proporción que dijo utilizar siempre los preservativos fue de un 41% y el porcentaje de las encuestadas que manifestaron no emplear nunca preservativos fue del 21%.

Cuando se combinaron estos datos con otros más cualitativos, incluyendo una muestra de entrevistas cualitativas en profundidad, los diarios sexuales de las mujeres y el hecho de que se produjo un denominado “acontecimiento biomarcador” (como un diagnóstico de VIH / ITS [infección de transmisión sexual] o un embarazo) en el 24% del subconjunto de mujeres que tomaban parte en el estudio PRO2000, los investigadores calcularon que el verdadero nivel de uso constante del preservativo fue del 25% [la mitad del valor obtenido a partir de las declaraciones de las propias mujeres]. Mitzi Gafos comentó que si se consideraba que la ausencia de un biomarcador no constituía una prueba del empleo del preservativo, el 25% sería un valor máximo.

También indicó que aunque parte de la exageración en las declaraciones se explicaría por el sesgo de deseabilidad social (al querer evitar el riesgo de desaprobación por parte de los investigadores), las entrevistas cualitativas evidenciaron que las mujeres intentaron describir su utilización del preservativo con toda la precisión que pudieron.

En algunas ocasiones, simplemente no eran capaces de recordar lo que había sucedido durante la última semana, y en otras, se hallaron indicios de que, en realidad, pensaban que los hombres habían usado un preservativo (y estaban sorprendidas por algunos acontecimientos, como los embarazos). Se conocen pruebas anecdóticas de que, en ocasiones, los varones emplearon estratagemas para engañar a las mujeres, como ponerse un preservativo que habían perforado.

Sin embargo, el principal problema fue que mientras que las mujeres podrían tener una imagen de sí mismas como usuarias constantes de preservativos [y que esta autoimagen podría condicionar una memoria selectiva], se producían circunstancias vitales que cambiaban los patrones de uso de condones de forma súbita e impredecible.

Las mujeres, más que adoptar comportamientos de alto riesgo, se vieron inmersas en situaciones de alto riesgo, afirmó Gafos, como el inicio o el final de una relación, el consumo desacostumbrado de alcohol, la vuelta a casa de parejas ausentes u otros acontecimientos vitales estresantes desde el punto de vista emocional.

“Los datos que tenemos de una provincia como KwaZulu-Natal sobrevaloran de forma constante el uso de preservativo. Los datos transversales, incluso en visitas que no distan mucho entre sí, no reflejan el verdadero empleo”, explicó Gafos.

La investigadora añadió: “Algunas de las respuestas provendrán del trabajo cualitativo, para averiguar qué cambia para la mujer y por qué considera que unas veces puede utilizar preservativo y otras no”.

Es importante disponer de unas medidas fiables sobre el uso del preservativo para poder calcular el posible impacto de los microbicidas. Otras presentaciones en la conferencia evidenciaron que los modelos matemáticos minusvalorarán el impacto de los microbicidas si se cree que la utilización de condones es superior a la que realmente se produce.

Referencia: Gafos M, et al. How many women really achieve consistent condom use over the course of a year? Evidence from rural KwaZulu-Natal. 2010 International Microbicides Conference, Pittsburgh, abstract 193, 2010.

Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

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