Las activistas se preguntan si la circuncisión masculina protegerá a las mujeres

Roger Pebody

La circuncisión masculina es la única intervención preventiva del VIH que no ofrece algún grado de protección a ambos miembros de la pareja; en realidad, puede aumentar el riesgo de infección de la pareja sexual del hombre, según declaró, el pasado 7 de agosto, la defensora de la salud de la mujer, Marge Berer, durante la Conferencia Internacional del Sida celebrada en la Ciudad de México.

Los ensayos de distribución aleatoria con control en entornos africanos con alta prevalencia han demostrado que la circuncisión reduce la transmisión del VIH de mujer a hombre en un 50-60%. Asimismo, la circuncisión no disminuye la transmisión de hombre a mujer y puede que realmente la aumente, en especial si los hombres con VIH vuelven a practicar sexo antes de que la intervención esté completamente curada. Sin embargo, los estudios con modelos sugieren que la reducción de la prevalencia del VIH entre los hombres en una comunidad conduciría a la disminución de las infecciones entre las mujeres.

Marge Berer subrayó la confusión existente entre los hombres respecto al grado de protección que ofrece la circuncisión y el peligro de que éstos empleen los preservativos con menor frecuencia, o incluso los abandonen por completo, tras la operación. Para contrarrestar estos problemas, sugirió que la circuncisión se describa públicamente como “un condón barato que se rompe el 40% de las veces”.

La ponente puso el ejemplo hipotético de un hombre que hubiera rechazado realizarse la prueba del VIH en el momento de la circuncisión y que tuviera el virus sin saberlo. Esta persona cree que la circuncisión lo va a proteger frente al virus y deja de emplear condones. “Si continúa depositando el semen en el cuerpo de su pareja cada vez que practican sexo, ésta se encontraría en una situación peor que la anterior”, declaró.

Berer sugirió que es necesario realizar counselling a la pareja antes de la circuncisión, de modo que ambos miembros entiendan completamente las implicaciones. Asimismo, criticó el hecho de que esta intervención se aplique como una solución de arriba abajo, con una implicación o activismo mínimos por parte de los afectados, especialmente las mujeres.

Por otro lado, instó a que se renovase la promoción del uso de preservativos y señaló que éstos fueron uno de los temas menos tratados en la conferencia de México. En respuesta a diversas críticas al despliegue recomendado de la circuncisión, Catherine Hankins, de ONUSIDA, insistió en que esta intervención debe considerarse como parte de un esfuerzo más amplio de prevención. En otras palabras, es una opción extra más que el sustituto de otra intervención.

En la misma sesión, Mogomotsi Supreme Mafalapitsa señaló que, a menudo, la circuncisión está imbuida de implicaciones religiosas y culturales y, con mucha frecuencia, forma parte de ceremonias que marcan la transición de la infancia a la madurez.

A partir de su experiencia en Sudáfrica, afirmó que estos rituales de circuncisión tradicionales habitualmente recalcan unas ideas específicas respecto a la masculinidad que pueden ser dañinas para las mujeres. Instó a que la implementación de la circuncisión se relacione con “programas para transformar las perspectivas de género” que ayuden a que los chicos se conviertan en hombres “que respeten a las mujeres, se respeten a sí mismos y sean fieles a sus parejas”.

Con todo, remarcó que los intentos de cambiar las prácticas en torno a la circuncisión presentan dificultades. Las autoridades sanitarias pueden preferir que la circuncisión tenga lugar a una edad diferente o esté sometida a una supervisión médica en un entorno estéril, pero Mafalapitsa declaró que las “culturas que ya realizan la circuncisión de los adolescentes no aceptan sin más la posibilidad de modificar sus hábitos en favor de la circuncisión médica y la neonatal”.

En dichas sociedades, la circuncisión de los niños sería especialmente difícil de promocionar, comentó, dado que no quedaría un ritual para marcar el paso a la adolescencia.

Además, en muchos casos, soportar el dolor forma parte del ritual, por lo que aquéllos que opten por una circuncisión “segura” en una clínica pueden ser tildados de cobardes.

Karen Smith destacó lo específico y local que puede ser el impacto de la religión y la cultura. Ofreció algunos ejemplos de Indonesia (cuya religión mayoritaria es la musulmana), donde la circuncisión está relacionada con la mayoría de edad. Para los cristianos de ese país, practicar la circuncisión sugeriría una conversión al Islam. Sin embargo, en Filipinas, un país vecino, pero en su gran mayoría católico, la circuncisión no tienen estas connotaciones y la práctica es habitual durante la infancia.

No obstante, también apuntó que la cultura no es siempre tan inmutable como se supone, pero que las sensibilidades culturales y religiosas deben tratarse con cautela. Hay que identificar los obstáculos y trabajar con ellos en colaboración con los líderes de las comunidades implicadas.

Referencia: Male Circumcision: To Cut or Not to Cut. XVII International AIDS Conference, Mexico City, August 7 2008, session THBS01.

Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

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