Mejoría de la anemia en la mayoría de pacientes de EE UU tras iniciar terapia con AZT, según un amplio estudio retrospectivo

David McLay

La terapia anti-VIH que incluye zidovudina (AZT, Retrovir) constituye una opción segura y eficaz para personas con VIH y anemia, aseguraron unos investigadores en la edición de 1 de junio de 2008 de Journal of Acquired Immune Deficiency Syndromes. No obstante, los expertos sugieren que las decisiones deben tomarse caso por caso, ya que las personas de etnia negra y aquéllas con anemia moderada pueden responder de manera más lenta.

Zidovudina, uno de los primeros antirretrovirales, ha sido superada en los países desarrollados por otras opciones igual de eficaces pero más tolerables. Sin embargo, debido a su amplia disponibilidad y al hecho de ser asequible, es todavía un tratamiento común en los países en vías de desarrollo, a menudo en combinaciones a dosis fija.

La anemia, común entre personas con infección por VIH avanzada, es también un efecto potencialmente adverso de AZT. Este hecho es de particular importancia en lugares donde la anemia está extendida por factores como la malaria, la desnutrición u otras causas no relacionadas con el VIH.

Aunque  la anemia asociada al VIH mejora, normalmente, tras el inicio de la terapia antirretroviral (TARV) –con o sin AZT-, es necesario un mayor conocimiento sobre el tema. Para compensar este déficit, investigadores de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE UU (CDC, en sus siglas en inglés) llevaron a cabo un estudio retrospectivo de registros del proyecto Espectro de Enfermedades del VIH en Adultos y Adolescentes (ASD, en sus siglas en inglés), que realiza el seguimiento de personas de más de 100 instalaciones médicas en once ciudades estadounidenses.

A partir de la base de datos del proyecto, los expertos seleccionaron 1.620 registros de pacientes que eran naive al tratamiento, con ausencia de infecciones previas definidoras de sida, pero con pruebas de laboratorio que garantizaban que se había seguido terapia. Los investigadores compararon los niveles de hemoglobina (Hb) -un marcador de anemia- antes de iniciar la TARV y, una vez instaurada, cada 6 meses. Se efectuó un seguimiento de los pacientes durante un promedio de 21 meses, con una media de tres mediciones de hemoglobina. Los pacientes fueron excluidos si habían seguido un tratamiento para la anemia.

Los niveles de hemoglobina para clasificar la anemia difieren según el género. Los hombres son considerados como no anémicos si sus niveles de hemoglobina están por encima de los 14 g/L, mientras que en el caso de las mujeres el umbral está en los 12 g/L. Para ambos géneros, Hb ≤ 8 g/dL se consideró anemia grave; 8 > Hb ≤ 10 g/dL, anemia moderada, y anemia leve, 10 > Hb ≤ 14 g/dL para hombres y 10 > Hb ≤ 12 g/dL en mujeres.

Antes de iniciar la terapia antirretroviral, 543 (34%) pacientes no tenían anemia, 848 (52%) tenían anemia leve, 174 (11%), moderada y 55 (3%), grave.

Durante todo el periodo de seguimiento, un 54% de las personas que empezaron la TARV presentaron una mejoría en la anemia. Cuando fueron clasificados según la gravedad, un 47% de los casos de anemia leve evidenció mejoría, alcanzando la misma un 79% de los casos moderados y un 87% de los graves. Los investigadores consideraron mejoría el incremento de los niveles de hemoglobina de, al menos, 1 g/dL desde el inicio junto con una mejoría en la escala de gravedad.

Los pacientes con anemia leve que recibieron AZT tuvieron menor tendencia a mostrar mejoría que aquéllos que no la tomaron a los 12 meses (p= 0,0006). Este hecho también se dio cuando se calculó la probabilidad acumulativa de mejoría a lo largo de todo el periodo de seguimiento. En los pacientes con anemia grave no hubo diferencias entre los grupos con o sin AZT.

Los expertos, asimismo, analizaron los datos para identificar factores asociados con el tiempo de mejoría. Ésta se produjo de manera más rápida en casos moderados (cociente de riesgo [CR]: 3,2; intervalo de confianza del 95% [IC95%]: 2,6-3,9) o graves (CR: 5,3; IC95%: 3,9-7,3). La rapidez fue todavía mayor en casos con inmunosupresión (recuento de CD4 <200 células/mm3; CR: 1,3; IC95%: 1,0-1,5; p= 0,02). La mejoría fue menor en aquéllos casos que recibieron AZT y en personas de color (CR: 0,7; IC95%: 0,6-0,9).

Finalmente, los investigadores analizaron datos sobre los pacientes que no presentaban anemia antes de iniciar la terapia: 253 de 543 desarrollaron anemia durante el seguimiento. No obstante, la inclusión de zidovudina no incrementó el desarrollo de anemia prolongada. La probabilidad a 12 meses fue del 58% en los pacientes que recibieron AZT y del 62% en aquéllos que no la tomaron en el análisis tipo “intención de tratar”.

Según los expertos, la terapia antirretroviral mejoró la anemia, pero “la inclusión de AZT en el régimen inicial [antirretroviral] pudo prolongar el tiempo de restablecimiento en hasta un 30%”. La mejoría fue también menor en la población de color. Este hecho fue apreciado en otros estudios; los investigadores sugirieron que factores no asociados con el VIH, como la anemia falciforme o el déficit de hierro, podrían estar relacionados con la respuesta a la terapia de la población de color.

“Según nuestros hallazgos -añadieron-, concluimos que el uso de zidovudina en un régimen antirretroviral inicial es una elección médicamente razonable, incluso en pacientes con anemia preexistente. Para la mayoría de pacientes con VIH y anemia, empezar la TARV con o sin AZT conlleva la mejoría de la anemia. Deberían contemplarse regímenes alternativos en aquellos pacientes en que la rápida resolución de la anemia es importante desde el punto de vista clínico o en aquéllos en los que se desarrolla una anemia clínicamente relevante tras el inicio de un régimen que contenga AZT.”

Mientras que estos hallazgos son importantes en lugares como África, los investigadores reconocieron que las diferencias ambientales y genéticas entre las poblaciones de EE UU y África dificultan la aplicación de los resultados de manera útil. Los estudios realizados en un lugar son el mejor camino para desarrollar tratamientos en el mismo, concluyeron.

Referencia:Sullivan PS, et al. Impact of hemoglobin on starting combination antiretroviral therapy with or without zidovudine in anemic HIV-infected patients. J Acquir Immune Defic Syndr. 2008; 48: 163-168.

Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

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