Es poco probable la erradicación del VIH tras un trasplante de médula ósea

Edwin J. Bernard

El primer informe publicado sobre el potencial de un trasplante de médula ósea para erradicar el VIH en una persona que siga una terapia antirretroviral de gran actividad (TARGA), ha concluido que es poco probable conseguir la erradicación del virus empleando este método. El informe está publicado como una carta en el número del 30 de marzo de la revista AIDS.

Los fármacos anti-VIH actualmente disponibles podrían ser capaces de reducir el VIH a niveles “indetectables” en sangre, pero no pueden eliminar los genes del VIH que están integrados en el ADN de nuestras propias células. Aunque los científicos han estado trabajando desde hace más de dos décadas en modos de erradicar el VIH del cuerpo, y el conocimiento al respecto aumenta gradualmente, en esencia su trabajo ha sido decepcionante.

Un posible camino considerado prometedor en la era pre-TARGA fue el transplante de médula ósea. Entre 1982 y 1986, se publicaron informes sobre más de 30 trasplantes de médula ósea en personas con VIH con enfermedad avanzada. En algunos casos, las personas requirieron quimioterapia y radiación y posteriores trasplantes de médula ósea debido a linfomas no de Hodgkin. En otros casos, los investigadores inscribieron activamente a personas con SIDA en un momento en el que parecían no existir más opciones y sustituyeron su médula ósea por la de donantes sanos a fin de intentar repoblar el sistema inmunológico de la persona con células sanguíneas sanas sin VIH.

Aunque la mayoría murió debido al VIH, o a complicaciones relacionadas con el trasplante poco después de las intervenciones, se encontró que dos personas tuvieron niveles indetectables de ARN y ADN del VIH en las semanas y meses posteriores a las intervenciones. Una revisión de estos informes, escritos en 1997 y publicados en 1999, sugirió que el trasplante de médula ósea ofrecía la tentadora posibilidad de una “cura” para el VIH. Sugería que empleando fármacos anti-VIH más potentes junto con una quimioterapia o por radiación previa al trasplante, podría proporcionar unos resultados más satisfactorios, dado que en la mayoría de los casos se había empleado la monoterapia por AZT. (Huzicka 1999)

Sin embargo, desde entonces se han probado otros métodos para intentar erradicar el VIH menos tóxicos y/o invasivos, y están en marcha distintos tipos de estudios.

Un grupo de investigadores franceses ha informado ahora del primer caso de un trasplante de médula ósea en una persona con VIH que recibe TARGA. La persona, un hombre joven que requirió un trasplante para tratar una leucemia monocítica aguda mieloide (AML, en sus siglas en inglés), había alcanzado un nivel de carga viral indetectable durante 18 meses antes del trasplante y siguió tomando TARGA con una corta interrupción tras el trasplante hasta su muerte 191 días tras el trasplante.

El equipo de investigadores empleó métodos ultrasensibles para medir los niveles de ADN del VIH en las células mononucleares de la sangre periférica (PBMC, en sus siglas en inglés) del hombre. Antes del trasplante, el ADN del VIH estaba en 2,76 log10 copias/106 PBMC. Tras someterse a la eliminación de la médula ósea con quimioterapia (que destruyó su propia médula) y después a un trasplante de médula ósea, la intervención fue considerada un éxito, con una restauración completa de las células sanguíneas tras 19 días y la remisión de la AML se confirmó al día 124.

Tras el trasplante de médula ósea, los niveles de ARN del VIH en plasma sanguíneo permanecieron indetectables y los niveles de ADN del VIH examinados en más de un millón de PBMC siguieron indetectables (<2 log10 copias/106 PBMC), que, según escribe el grupo de investigadores, “suscitó esperanzas de una significativa reducción del reservorio, una verdadera remisión del VIH”.

Sin embargo, el hombre experimentó una grave enfermedad de injerto contra huésped (que es la que se produce cuando las células inmunológicas de la médula del donante atacan el organismo del paciente trasplantado, a menudo afectando a piel, ojos, estómago e intestinos), que sólo fue parcialmente controlada mediante fármacos inmunosupresores.

A los 114 días tras el trasplante, se interrumpió TARGA durante tres semanas debido a sospechas de toxicidad y dieciséis días después de dicha interrupción, tanto los niveles de ARN del VIH (4,61 log10 copias/ml) como del ADN del VIH (2,50 log10 copias/106 PBMC) volvieron a hacerse detectables de nuevo.

El análisis filogenético de cuatro cepas virales en plasma (dos en 2003 y dos tras el trasplante) sugirió que había dos cuasiespecies del VIH totalmente diferentes en circulación antes y después del transplante de médula ósea, lo que, según el equipo de investigadores, “confirmó que el reservorio viral previamente existente no fue erradicado… Desgraciadamente, la recuperación de la replicación del VIH-1 unos pocos días tras la interrupción de TARGA mostró de forma clara la persistencia de un reservorio viral residual infeccioso”.

Los autores concluyen que “a pesar del uso de un acondicionamiento de quimioterapia citoablativo pretrasplante combinado con 18 meses de una potente TARGA eficaz antes [del trasplante de médula ósea] (a diferencia de zidovudina sola empleada en casos descritos antes de 1996), no se cumplió el objetivo de la erradicación del VIH en este paciente”.

Referencias: Avettand-Fenoel V et al. Failure of bone marrow transplantation to eradicate HIV reservoir despite efficient HAART. AIDS 21 (6):775–786, 2007.

Huzicka I. Could bone marrow transplantation cure AIDS?: review. Medical Hypotheses 52 (3): 247-257, 1999.

Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

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