Según un estudio ruso, los nuevos usuarios de drogas son menos propensos a compartir agujas y a tener VIH

Kelly Morris

Entre 2001 y 2004, se ha observado un descenso significativo de las prácticas de inyección de riesgo, así como de la prevalencia de VIH en nuevos usuarios de drogas en una ciudad rusa gravemente afectada por el virus, a pesar de la ausencia de programas de intercambio de agujas y jeringuillas, según informa un grupo de investigadores de la Facultad de Higiene y Medicina Tropical de Londres (Reino Unido) en el ejemplar de 15 de abril de 2008 de Journal of Acquired Immune Deficiency Syndromes.

El equipo de expertos cree que la difusión de información de boca en boca y la conciencia creciente del aumento del número de diagnósticos del VIH contribuyó a este cambio, aunque también señala que los cambios en el mercado de drogas durante el periodo de estudio podrían haber estado detrás del cambio en las prácticas de inyección y en el uso compartido del material para tal fin.

Varias grandes ciudades de todo el mundo han sido testigos de unos violentos brotes de VIH a causa del uso de drogas inyectables. En estos entornos, algunos investigadores sugieren que los nuevos usuarios de drogas inyectables (UDI) podrían estar adoptando comportamientos de mayor riesgo o, alternativamente, dentro del contexto del brote de VIH, los nuevos usuarios podrían adoptar comportamientos más seguros que los usuarios más veteranos. Así, la medida del cambio en las poblaciones diana podría ayudar a hacer un seguimiento de los riesgos en una epidemia cambiante.

En consecuencia, un equipo de expertos de la Facultad de Higiene y Medicina Tropical de Londres examinó dos encuestas anónimas transversales comunitarias sobre UDI en la ciudad de Toggliatti, situada en la región de Samara, en Rusia.

También se realizó una revisión de los nuevos diagnósticos de VIH en la región desde el año 2000.

Los participantes en ambas encuestas habían usado drogas inyectables en las cuatro semanas anteriores y accedieron a someterse a una prueba del VIH mediante muestras de fluido oral. Los encuestados analizados fueron UDI que habían estado consumiendo durante tres años o menos (usuarios recientes): 138 personas en 2001 y 96 en 2004.

Las personas participantes fueron identificadas por un muestreo determinado por la persona que responde, en donde las personas inscritas inicialmente actúan como “semillas” para crear una cadena de otras personas relacionadas. A continuación, se empleó un modelo matemático para estimar los efectos sobre la población. Se considera que los usuarios de drogas inyectables suponen el 5,4% de la población registrada de la ciudad, pero el 2,7% de la población real estimada, cercana a un millón de personas.

En 2004, una proporción menor de UDI declaró consumir a diario, emplear material usado (jeringuillas, agujas, filtros) o practicar front-loading (se dice de la práctica en la que se pasa de una persona a otra una disolución de droga en una jeringuilla a la que se ha quitado la aguja). Aunque un número menor de usuarios de drogas inyectables declaró en 2004 haber contactado con un servicio de tratamiento de drogas, de intercambio de jeringuillas o con trabajadores sociales, un número superior había realizado la prueba del VIH.

En general, la prevalencia del VIH fue alta entre los usuarios de drogas inyectables, pero descendió de un 56% en 2001 a un 38,5% en 2004. En 2004 se detectó una prevalencia de este virus entre los nuevos usuarios mucho menor (11,5%; intervalo de confianza del 95% [IC95%]: 5,0-17,9) que en 2001 (55,2%; IC 95%: 46,7-63,8). Contar con un historial de tratamiento de drogas estuvo asociado con una menor probabilidad de dar positivo en la prueba del VIH, mientras que las mayores probabilidades de tener el virus estuvieron relacionadas con el intercambio de sexo por drogas y el trabajo sexual, el periodo de duración de las prácticas de inyección (cociente de probabilidades [CP]: 1,4 por año) y práctica de front-loading. En ambas encuestas se descubrió que la mayoría del equipo de inyección se obtuvo en farmacias.

El examen de los datos de las encuestas reveló que, en el año 2000, el 97% de los nuevos casos de VIH estuvo asociado con el uso de drogas inyectables, mientras que, en 2005, esta cifra había disminuido al 56,4%.

Parece probable que la reducción en la prevalencia del VIH entre los nuevos usuarios en 2004 esté relacionada con la concienciación general del riesgo en las prácticas de inyección más que con intervenciones de servicios como el intercambio de jeringuillas. Sin embargo, los autores sugieren: “Deberían realizarse intervenciones de reducción de riesgo sexual orientadas a los usuarios de drogas inyectables, y especialmente a los implicados en el trabajo sexual.”

Dada la naturaleza de los servicios sanitarios relacionados con los UDI en esta región, los expertos comentan: “Ponemos énfasis en la necesidad de aumentar la realización de pruebas del VIH voluntarias y confidenciales, junto con un aumento de la accesibilidad de equipos de inyección estériles a través de farmacias.”

Referencia: Platt L, et al. Changes in HIV prevalence and risk among new injecting drug users in a Russian city of high HIV prevalence. J Acquir Immune Defic Syndr. 2008; 47: 623 – 631.

Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

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