Una sonda no invasiva puede determinar la fase de enfermedad hepática en pacientes coinfectados por VIH/VHC

Chris Gadd

Una nueva prueba no invasiva puede emplearse para diagnosticar el grado de daño hepático en pacientes coinfectados por VIH y hepatitis, según los resultados de un estudio francés presentado en la edición del 1 de febrero de la publicación The Journal of Acquired Immune Deficiency Syndromes. Esta nueva técnica podría reducir la necesidad de realizar las dolorosas biopsias hepáticas en pacientes coinfectados.

La infección por el virus de la hepatitis C por lo general lleva a un daño progresivo del hígado, denominado fibrosis que culmina con la formación irreversible de tejido cicatrizado en todo el hígado. Esta formación de tejido de cicatriz, o cirrosis, provoca complicaciones como fallo hepático, retención de líquidos, hemorragia en el intestino y cáncer hepático.
 
El actual “estándar de oro” de la valoración de fibrosis y cirrosis consiste en tomar una pequeña muestra o biopsia del hígado para examinarla al microscopio. Este doloroso e invasivo procedimiento puede provocar complicaciones que pueden resultar fatales y su fiabilidad se ve limitada por el pequeño tamaño de la muestra y la variabilidad entre distintos observadores.
 
La nueva técnica, que mide la rigidez del hígado mediante una sonda que se coloca sobre la piel, ha demostrado ser eficaz en pacientes sin VIH. La realización de un escáner con esta técnica lleva aproximadamente cinco minutos, no tiene efectos secundarios y es indoloro. Los nuevos descubrimientos confirman su eficacia en pacientes coinfectados por VIH.
 
“La medida de la rigidez del hígado podría emplearse con fiabilidad para la evaluación de primera línea preterapéutica de pacientes coinfectados”, afirma el grupo de investigadores. “Además, para el diagnóstico de cirrosis, la rigidez hepática es más precisa que otras pruebas bioquímicas no invasivas.”
 
El grupo de investigadores realizó biopsias hepáticas y medidas de elastografía instantánea de 72 pacientes. Descubrió que los resultados de la técnica no invasiva se correlacionaban de forma significativa con el grado de fibrosis hepática detectado en las biopsias hepáticas (p<0,001). Esto indica que la sonda, denominada FibroScan, puede emplearse para detectar el grado de fibrosis.
 
“La medida de la rigidez hepática constituye un prometedor método no invasivo para la valoración de fibrosis en pacientes con VIH e infección crónica por el VHC (virus de la hepatitis C)”, concluyen los autores.
 
FibroScan también resultó muy eficaz a la hora de diagnosticar cirrosis hepática en pacientes, con un 97% de precisión. Los investigadores calcularon que una medida de rigidez de 11,8 kPa o superior indica que el paciente tiene cirrosis hepática. Este valor es similar al descubierto en dos estudios con pacientes sin VIH.
 
Los investigadores también compararon los resultados de elastografía instantánea con los de análisis de sangre que pueden emplearse para detectar cirrosis. Descubrieron que la nueva técnica era más precisa que cualquiera de las cuatro medidas que se emplean: recuento de plaquetas (p=0,02), relación entre las enzimas hepáticas AST (aspartato aminotransferasa) y ALT (alanina aminotransferasa), p<0,001, el índice de relación AST/plaquetas (APRI en sus siglas en inglés) p=0,01, y FIB-4 (p=0,004).
 
FibroScan aún no está disponible en hospitales de Reino Unido para el diagnóstico de daño hepático. Sin embargo, si futuros estudios confirman estos descubrimientos, su introducción puede mejorar el manejo de los pacientes con hepatitis C con y sin coinfección por VIH.
 
Referencia: de Lédinghen V et al. Diagnosis of hepatic fibrosis and cirrhosis by transient elastography in HIV/hepatitis C virus-coinfected patients. J Acquir Immune Defic Syndr 41: 175-179, 2006.
 
Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

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