Los bebés sin VIH no sufren un freno en su crecimiento a pesar de la infección materna

Carole Leach-Lemens

Los niños expuestos al VIH, pero no infectados por el virus, se desarrollaron igual de bien que los hijos de madres sin VIH, con independencia de cómo fueron alimentados en los dos primeros años de vida, según un estudio de cohorte no aleatoria realizado en KwaZulu Natal (Sudáfrica) entre 2001 y 2004, del que informa Deven Patel y un equipo de colaboradores en un estudio publicado por adelantado en la edición digital de la revista AIDS.

No obstante, la lactancia de forma exclusiva con leche materna mejoró de manera significativa la salud a largo plazo de los niños nacidos de madres con VIH, lo que viene a respaldar más las directrices recientemente revisadas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre alimentación infantil.

El pobre crecimiento y la consecuente disminución de la supervivencia son más probables en niños con VIH. Sin embargo, es más frecuente observar una media de peso al nacer significativamente menor en niños nacidos de mujeres con VIH en comparación con los nacidos de madres sin el virus.

En cualquier caso, se sabe poco acerca del posterior crecimiento de los niños expuestos al VIH, pero no infectados, en África. Los estudios realizados en Europa han evidenciado unos patrones de crecimiento normales en esta población, mientras que algunos estudios en África han sugerido la existencia de patrones de crecimiento más reducidos.

La desnutrición es un factor de predicción de mortalidad, así como de un pobre desarrollo temprano en países con ingresos bajos y medios donde el VIH es prevalente.

Los patrones de alimentación infantil afectan al crecimiento: La media en el peso de los niños alimentados con leche materna es superior a la media de la de la mayoría de aquéllos que reciben leche maternizada durante la primera mitad de su infancia.

Los autores afirman que ningún estudio ha comparado el crecimiento en niños expuestos, pero sin VIH, con el de los hijos de madres sin VIH en grandes cohortes africanas. Ni tampoco -apuntan- se han descrito con detalle los patrones de crecimiento en las primeras etapas de la vida según el modo de alimentación en esta población.

En esta cohorte de intervención de distribución no aleatoria, los hijos de las mujeres con y sin VIH fueron pesados y se valoró el estado serológico cada mes desde el nacimiento hasta los nueve meses de edad, y después, cada tres meses hasta los 10-24 meses. Cada semana se registraron las prácticas de alimentación diarias del bebé.

Esto permitió realizar análisis detallados y únicos sobre la ganancia de peso en hijos de mujeres con VIH y compararlos con los de los hijos de mujeres sin VIH (el grupo de referencia) en el mismo entorno.

La tasa de prevalencia del VIH entre las mujeres embarazadas del área de estudio fue cercana al 40%. Se alcanzaron unos niveles elevados de alimentación exclusiva con leche materna (con una duración mediana de amamantamiento de 175 semanas), con independencia del estado serológico al VIH de la madre.

El objetivo -indican los autores- no fue describir el crecimiento de los niños en KwaZulu Natal en comparación con otros entornos, sino determinar si el estado serológico al VIH de la madre y el modo de alimentación de los bebés suponían una diferencia en el crecimiento a largo plazo de los niños. Así, los autores desarrollaron deliberadamente su propio estándar de referencia, en lugar de emplear la metodología de la OMS.

Los 1.261 hijos de madres con VIH se desarrollaron igual de bien que el grupo de referencia de 1.061 niños de madres sin el virus, con independencia del modo de alimentación.

Los niños expuestos e infectados por VIH presentaron unos valores de peso por edad inferiores a los de los niños expuestos al virus pero no infectados (una diferencia de 420 gramos en niños y 405 gramos en niñas a las 52 semanas de edad).

Hay que destacar en estos hallazgos el hecho de que los niños expuestos al VIH, pero no infectados, mostraron una tasa de crecimiento tan buena como la del grupo de referencia. Los autores señalan que este hecho fue significativo por dos motivos:

  • Del aproximadamente 40% de bebés nacidos de madres con VIH en el sur de África, la mayoría se habrá expuesto al virus, pero no se infectará. A pesar de su importancia, a menudo el crecimiento y desarrollo de estos niños son ignorados.
  • Otros estudios han puesto de manifiesto que, en las áreas rurales pobres, los niños expuestos al virus y no infectados corren un mayor riesgo de morbimortalidad que los hijos de madres sin VIH. Este ensayo fue realizado en siete clínicas de atención primaria en zonas rurales, una en un entorno semiurbano y otra más en un área urbana.

Crecimiento y alimentación infantil

Los bebés con VIH alimentados con leche materna presentaron las mejores puntuaciones de peso por edad respecto a los que no, sobre todo durante las primeras seis semanas de vida (una diferencia de 130 gramos en bebés de sexo masculino y de 110 gramos en bebés de sexo femenino).

Las pocas mujeres seropositivas que optaron por la leche maternizada fueron asesoradas atentamente y disfrutaban de una buena situación económica, por lo que fueron capaces de proporcionar la alimentación de reemplazo de un modo higiénico.

Crecimiento de los niños y salud materna

Entre los factores que afectaron al crecimiento infantil se contaron:

  • El estado serológico al VIH de la madre (los hijos de madres con VIH tuvieron un menor peso al nacer).
  • Peso de la madre (los bebés de las mujeres de mayor tamaño fueron consistentemente más pesados para su edad desde el nacimiento que los hijos de madres más pequeñas).
  • Los bebés nacidos de madres con VIH en un estado avanzado de la infección (recuento de CD4 inferior a 200 células/mm3) siempre pesaron menos.

Estos hallazgos justifican la utilidad de la identificación precoz y el inicio inmediato del tratamiento antirretroviral de las mujeres embarazadas con VIH y bajo recuento de CD4 a fin de mejorar su estado virológico, inmunitario y nutricional, y, de este modo, mejorar la supervivencia y salud a largo plazo de ellas mismas y sus hijos.

Crecimiento de los bebés con VIH

No constituyó ninguna sorpresa que los niños con VIH pesaran menos que los expuestos al virus pero no infectados. Esta diferencia de peso se mantuvo hasta que los bebés alcanzaron los 6-9 meses de edad y, en ese momento, se igualó.

Los autores indican que, en estudios europeos, se obtuvieron las mismas diferencias hasta que los niños empezaron a recibir tratamiento antirretroviral, momento en que mejora el crecimiento. El principal reto es identificar los niños infectados lo antes posible y, después, proporcionarles tratamiento cuanto antes.

Concluyen los responsables del estudio que, con “un counselling apropiado sobre las opciones de alimentación adecuadas y un apoyo a las prácticas óptimas de alimentación, los niños sin VIH hijos de madres con el virus crecieron igual de bien que los de las mujeres sin infectar”.

Y, en consonancia con las recientes recomendaciones de la OMS, afirman: “Estos hallazgos respaldan las recomendaciones de que las mujeres con VIH realicen la lactancia natural de forma exclusiva en entornos con pocos recursos por el bien de la salud infantil a largo plazo”.

Referencia: Patel D, et al. Breastfeeding, HIV status and weights in South African children: a comparison of HIV-exposed and unexposed children. AIDS 24 (advance online publication), 2010.

Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

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