Se observa un mayor consumo de grasa en personas con VIH y colesterol alto

Adam Legge

Las personas con VIH y niveles de lípidos elevados consumen más grasa total, más grasa saturada y más colesterol que la población general, aun cuando su consumo total de calorías no es diferente, según escribe un equipo de investigadores de EE UU en la edición del 31 de julio de AIDS.

Subrayan que sus hallazgos dan énfasis a la necesidad de hacer del consejo nutricional una parte central del manejo de la dislipidemia relacionada con los antirretrovirales.

Un estudio brasileño de reparto aleatorio recientemente presentado descubrió que las personas con VIH que recibieron un counselling dietético tras el inicio de la terapia antirretroviral fueron significativamente menos propensas a experimentar elevaciones de lípidos durante el tratamiento en comparación con las personas que recibieron una única intervención sobre información nutricional antes de iniciar tratamiento.

En conjunto, los hallazgos de los dos estudios sugieren firmemente que las elevaciones de lípidos en las personas que sigue tratamiento antirretroviral no pueden achacarse únicamente a los fármacos.

El estudio de EE UU investigó la relación entre la ingesta de comida y los parámetros metabólicos de 356 personas con VIH y 162 pacientes control sin VIH que formaban parte de estudios sobre metabolismo en el Hospital General de Massachusetts entre 1998 y 2005.

El grupo con VIH tenía, en promedio, un recuento de células CD4 de 444 células/mm3, cargas virales de 400 copias/ml y una duración de la infección de 8,5 años, tomando antirretrovirales el 89% de ellos.

Todos los participantes del estudio registraron su ingesta de comida, bien empleando diarios de comida de cuatro días o recordando lo que habían comido al final de cada día. En general, la ingesta de calorías fue similar entre los grupos, consumiendo las personas con VIH un promedio de 2.235 kilocalorías/día, frente a las 2.065 kilocalorías/día en el grupo sin VIH.

Los niveles de carbohidratos y proteínas en la dieta fueron semejantes en general, pero la ingesta de grasas en la dieta varió de forma significativa, comiendo las personas con VIH una cantidad superior de grasas totales en dieta (p<0,05), grasa saturada (p=0,006), y colesterol (p=0,006). Asimismo, un porcentaje superior de sus calorías provino de las dañinas grasas saturadas (p=0,002) y grasas trans (p=0,02).

A continuación, el grupo de investigadores comparó la ingesta de comida con las Directrices Dietéticas Recomendadas del Departamento de Agricultura de EE UU.

Un porcentaje significativamente mayor de personas con VIH estuvieron por encima de la recomendación de dichas directrices para grasas saturadas (76% el grupo con VIH frente al 61% de los controles; p = 0,003), y colesterol (50% HIV frente a 38% controles; p=0,04).

Ese mayor consumo de grasa se reflejó en el mayor riesgo de dislipidemia en el grupo con VIH. En comparación con los pacientes control, las personas con VIH tuvieron unos niveles medios de triglicéridos más altos (2,59 frente a 1,47 mmol/l, p<0,0001). También tuvieron un menor nivel de colesterol HDL (el conocido como colesterol “bueno”) (1,06 frente a 1,24 mmol/l; p<0,0001). En el grupo con VIH, la media del colesterol total fue de 5,06 mmol/l en comparación con 4,60 mmol/l en el grupo de control (p=0,003).

Estas relaciones se mantuvieron después de realizar control para el uso de inhibidores de la proteasa y otros factores importantes de los que se sabe que influyen sobre los niveles de lípidos, incluyendo el sexo, el consumo de alcohol, la raza, el consumo de fibra, el índice de masa corporal y la edad.

Este estudio no puede explicar exactamente por qué las personas con VIH estarían tomando más grasa que la población general, afirman los autores, pero podría deberse a numerosos factores. Entre ellos estaría la posibilidad de que las personas con VIH podrían ingerir más grasas para compensar el gasto energético debido a los cambios metabólicos como resultado del tratamiento antirretroviral, o debido a cambios en el gusto o en las sensaciones de saciedad.

Aunque se ha realizado mucha investigación sobre la infección por VIH y el uso de fármacos antirretrovirales como factores que influyen en los niveles de grasa y colesterol sanguíneos en personas con VIH, el grupo de investigadores concluye que: “Una valoración cuidadosa de la ingesta dietética y una intervención nutricional más agresiva podrían resultar ser beneficiosas en la prevención de la enfermedad cardiovascular en esta población de pacientes”.

Referencia: Joy T et al. Dietary fat intake and relationship to serum lipid levels in HIV-infected patients with metabolic abnormalities in the HAART era. AIDS 21: 1591-1600, 2007

Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

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