La implicación de la pareja masculina en la PTMH reduce el riesgo de transmisión del VIH

Carole Leach-Lemens

La participación de las parejas masculinas en los servicios de prevención de la transmisión de madre a hijo [PTMH] hizo disminuir el riesgo de transmisión vertical y la mortalidad infantil en más de un 40% en comparación con la ausencia total de implicación por su parte, según informa Adam Aluisio y un equipo de colaboradores en referencia a un estudio de cohorte prospectiva llevado a cabo entre 1999 y 2005 en Nairobi (Kenia) y publicado en la edición del 1 de enero de 2011 de Journal of Acquired Immune Deficiency Syndromes.

Los autores añaden que la participación de los hombres puede constituir una intervención infrautilizada en salud pública para abordar tanto la infección por VIH como la mortalidad en la población infantil que vive en entornos con pocos recursos.

Se calcula que cada día se producen 1.000 infecciones por VIH en niños, de los que el 90% viven en el África subsahariana. La transmisión vertical del virus supone, aproximadamente, el 95% de las infecciones entre la población infantil.

Aunque el acceso a los antirretrovirales para la PTMH ha mejorado, aún queda mucho por hacer en entornos parcos en recursos. Más de un tercio de las mujeres embarazadas con VIH, y la mitad de sus hijos, no reciben ningún tratamiento.

Las tasas de mortalidad infantil en el África subsahariana son las más elevadas del mundo; los autores señalan una serie de factores que contribuyen a este hecho: la transmisión del VIH, las prácticas de alimentación infantil y la pobreza. Si bien existen pruebas de que las tasas de transmisión vertical se están reduciendo, la mortalidad en niños sigue siendo alta. Para mejorar los resultados de salud infantil es preciso abordar de forma conjunta estos problemas de salud, añaden los autores.

Existen pruebas de que la participación masculina se relaciona con un mejor uso de los servicios de PTMH. No obstante, Adam Aluisio y su equipo de colaboradores indican que existen pocos indicios del vínculo entre la implicación de los hombres y las tasas de transmisión vertical o de mortalidad infantil.

De 1999 a 2002, se inscribieron mujeres embarazadas con VIH en clínicas prenatales de Nairobi (Kenia) y, junto con sus respectivos bebés, recibieron seguimiento a lo largo de un año. Se realizaron pruebas de ADN del VIH en el momento del nacimiento y, posteriormente,  al primer, tercer, sexto, noveno y duodécimo mes de vida. Se animó a las mujeres a que trajeran a sus parejas masculinas a los servicios de prevención, counselling y realización de pruebas del VIH.

Del total de 510 mujeres con VIH inscritas, se perdió el seguimiento antes del parto de 27 de ellas o declararon no tener una pareja masculina en aquel momento (otras 27).

De las 456 participantes, 140 (31%) vinieron acompañadas por sus parejas masculinas a la clínica prenatal.

De las 140 parejas masculinas, 75 (54%) se sometieron a la prueba del VIH en la clínica prenatal y 42 (56%) recibieron un resultado positivo.

De los 441 niños analizados, el 19% (82) tenían VIH al año de vida.

Al tener en cuenta el nivel de carga viral materna, se comprobó que el riesgo de infección por VIH fue un 40% menor entre los bebés nacidos de mujeres que fueron acompañadas por sus parejas, en comparación con las que acudieron solas (cociente de riesgo ajustado [CRA]: 0,56; intervalo de confianza del 95% [IC95%]: 0,33 – 0,98; p= 0,042).

Lo mismo resultó cierto respecto a la declaración de la pareja de haberse sometido previamente a una prueba del VIH, en comparación con las madres que comunicaron que la pareja no realizó ningún test (CRA: 0,52; IC95%: 0,32-0,84; p= 0,008).

Al ajustar el análisis para tener en cuenta la carga viral materna y la lactancia, el riesgo combinado de que se produjera la transmisión vertical o el fallecimiento infantil fue significativamente menor cuando la pareja asistía a los servicios prenatales que cuando no (CRA: 0,55; IC95%: 0,35 – 0,88; p= 0,012), al igual que cuando se declaró que la pareja se había sometido con anterioridad a pruebas respecto a cuando no (CRA: 0,58; IC95%: 0,34 – 0,88; p= 0,01).

Los autores comentan que este estudio evidencia que la implicación de la pareja masculina se traduce en un riesgo significativamente menor de infección por VIH, así como en una mayor supervivencia sin VIH en bebés nacidos de mujeres que viven con el virus, en comparación con los nacidos de madres que no contaron con la participación del hombre en los temas de prevención.

Pese a que estos hallazgos concuerdan con los encontrados en otros estudios, en este caso existe una diferencia, ya que se examinó la infección por VIH y la mortalidad infantil, en lugar de las cifras de acceso a una intervención, por ejemplo. Esta descubrimiento, según los investigadores, proporciona unas nuevas pruebas que resultan fundamentales para fomentar la participación del hombre como una posible (y actualmente infrautilizada) intervención de salud pública.

Según Adam Aluisio y su equipo de colaboradores, aunque los programas de PTMH en el África subsahariana promueven que las parejas se sometan a la prueba del VIH, no alientan de forma específica la asistencia a los servicios prenatales por parte de las parejas de las mujeres seropositivas.

Estos resultados justifican la necesidad de definir con mayor detalle los factores específicos propios de la pareja masculina que están relacionados con unos mejores resultados de salud en los programas de salud maternoinfantil, indican los autores, quienes añaden que también hay que abordar las barreras que dificultan que las parejas se sometan a las pruebas y participen en los entornos de atención prenatal.

Se produjo el fallecimiento de 71 (16%) niños, de los cuales 28 (39%) tenían VIH y 31 (44%) no tenían el virus, mientras que se desconocía el estado serológico de los 12 restantes (17%).

El riesgo de mortalidad entre los bebés con VIH nacidos de mujeres cuya pareja asistió con ellas a los servicios prenatales fue un 63% inferior que entre aquellos cuyas madres no fueron acompañadas. Los autores explican que con las crecientes tasas de realización de pruebas prenatales de detección del VIH y la mejora del tratamiento antirretroviral, la mayoría de los hijos de madres seropositivas no se han infectado por el virus, a pesar de haberse visto expuestos al mismo. En consecuencia, la reducción de las tasas de mortalidad en este grupo de población acarreará considerables beneficios para la salud pública.

No obstante, Aluisio y su equipo de colaboradores también destacaron una tendencia preocupante que requiere un examen más exhaustivo: El aumento del riesgo de muerte entre los bebés infectados por VIH nacidos de mujeres cuya pareja acudió a los servicios prenatales.

Entre las limitaciones, se incluyen que no se tuvieron en cuenta los posibles efectos negativos de la participación de los hombres, en particular la violencia doméstica. Los autores sugieren que estos aspectos sean monitorizados en futuros estudios.

Una segunda limitación consiste en el sesgo en las respuestas a preguntas delicadas relativas a las pruebas del VIH y la revelación del estado serológico de su pareja.

Los autores concluyen: "Estos datos sugieren que la incorporación de los hombres en los programas de PTMH asociados con la realización de pruebas del VIH pueden mejorar los resultados de salud infantil, al reducir tanto la transmisión vertical como la mortalidad entre los bebés no infectados”.

Referencia: Aluisio A, et al. Male antenatal attendance and HIV testing are associated with decreased infant HIV infection and increased HIV-free survival.  J Acquir Immune Defic Syndr. 2011; 56(1): 76-82.

Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

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