Fumar y sus consecuencias: Se estudia la relación entre el abandono del hábito, la reincidencia y la enfermedad pulmonar

Gus Cairns

Dos carteles adyacentes presentados en el X Congreso Internacional sobre Terapia Farmacológica en la Infección por VIH (HIV10), celebrado recientemente en Glasgow [Escocia, Reino Unido], examinaron el hábito de fumar en las personas con VIH y su consecuencia más común, que no es el infarto de miocardio o el cáncer de pulmón sino la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), que consiste en un espectro de trastornos respiratorios, que puede empezar con la denominada ‘tos del fumador’ persistente pero que puede acabar con la aparición de un enfisema (una degeneración del tejido pulmonar que, con frecuencia, resulta letal).

Los investigadores de la Cohorte Suiza del VIH (que recoge datos sobre pacientes tratados en siete clínicas del VIH en Suiza) analizaron las tasas de tabaquismo entre los años 2000 y 2009 en 10.511 pacientes seropositivos y las compararon con las tasas de la población suiza en general. También se examinaron las tasas de abandono del hábito (suspensión) y de recuperación del mismo (reincidencia).

Se comprobó que el consumo de tabaco era, como mínimo, un 50% más habitual entre los pacientes con VIH que entre la población general. En el año 2000, aproximadamente el 60% de los pacientes suizos con VIH fumaban, frente a un 38% de los hombres y un 27% de las mujeres en la población general.

La prevalencia del tabaquismo se redujo a lo largo de la siguiente década, tanto en la población general como en los pacientes del estudio. Se constató que, en el caso de los pacientes de la Cohorte Suiza del VIH, la velocidad de descenso fue algo superior a la de la población general.

Entre 2000 y 2009, el nivel de consumo de tabaco se redujo en torno a un 5% tanto en hombres como mujeres en la población general. Entre los pacientes con VIH, disminuyó en un 16% hasta quedar situado en un 43,5% en 2009. Más mujeres que hombres abandonaron el hábito: casi una de cada tres pacientes de sexo femenino dejó el tabaco durante ese período de tiempo, frente a sólo uno de cada seis hombres. El porcentaje de fumadores entre los varones descendió tan rápido como entre las mujeres hasta 2005, pero luego se redujo el ritmo hasta igualarse prácticamente a la tasa de descenso observada entre la población general.

Los descensos detectados en la prevalencia de tabaquismo son, en términos individuales, la suma total de personas que lograron dejar el tabaco menos el total que volvió a fumar. La definición de abandonos y reincidencias del hábito que utilizaron los investigadores fue la misma: La tasa de abandono se definió como el número promedio de personas que no fumaron en dos visitas consecutivas a la clínica después de que haber sido fumadoras durante dos visitas consecutivas. La reincidencia se definió de forma opuesta: dos visitas siendo fumador tras no haber fumado por lo menos en dos visitas.

La tasa de abandono en la cohorte del VIH fue del 4,4% anual y, entre 2000 y 2009, el 31% de los pacientes dejaron de fumar al menos una vez. Esta tasa no varió a lo largo de la década, aunque casi la mitad (44%) de estas personas volvieron a consumir tabaco como mínimo en una ocasión.

Entre los usuarios de drogas inyectables (UDI), que aún constituyen una parte significativa de la población suiza de personas con VIH, las tasas de tabaquismo fueron muy superiores a las de otros grupos de población: Hasta el 90% de los UDI fumaban en 2000, porcentaje que descendió hasta llegar a algo más del 80% en 2009.

Los UDI también interrumpieron el hábito con menos frecuencia (uno de cada diez lo abandonó durante la década, frente a un tercio de la población heterosexual y un 40% de los hombres gays).

En un análisis multivariable en el que se tuvo en cuenta la edad y el sexo, los usuarios de drogas inyectables fueron algo más del 50% menos propensos a dejar de fumar que las personas heterosexuales y los hombres gays, un 23% más proclives. Por el contrario, los UDI tuvieron una probabilidad un 41% superior de retomar el hábito que los heterosexuales o los varones gays.

Síntomas respiratorios y EPOC

En un segundo estudio procedente de Italia, se descubrió que los pacientes con VIH eran mucho más propensos a declarar que tenían tos, falta de aliento y síntomas respiratorios en general que un grupo de pacientes control sin VIH de la misma edad. También presentaron una tasa de EPOC casi tres veces superior.

Es importante señalar que el grupo de control sin VIH contenía la misma proporción de personas fumadoras (57%) que el grupo con VIH, por lo que estos aumentos no se deben a que los pacientes seropositivos fumen más.

No obstante, los fumadores mostraron una tendencia mucho mayor a informar de síntomas que los no fumadores.

Un equipo de investigadores de la universidad de Sassari estudió la función pulmonar y los síntomas respiratorios en 11 pacientes que tenían VIH y 65 pacientes control sin el virus. La edad media de ambos grupos fue de 42 años, el 70% del grupo con VIH eran hombres, al igual que el 60% del grupo de control.

Los participantes con VIH eran médicamente estables, con un recuento promedio de CD4 de 541 células/mm3. El 71% tenían una carga viral indetectable, a pesar de que el 35% habían recibido un diagnóstico de sida en algún momento. El 78% tomaban terapia antirretroviral y sólo el 10% nunca la habían recibido. El 37% de las personas con VIH eran, o habían sido, usuarias de drogas inyectables, y un porcentaje igual presentaba hepatitis C.

Los autores del estudio observaron que la función pulmonar fue significativamente menor (en términos de volumen espiratorio forzado, una medida de la capacidad de los pulmones para portar aire) en los pacientes seropositivos.

Estas personas mostraron unas tasas mucho más elevadas de síntomas respiratorios de cualquier tipo que el grupo control (47% frente a 15%), de tos (35% frente a 14%), de dificultad para respirar con facilidad (30% frente a 15%) y de diagnósticos de EPOC (23,5 % frente a 7,5%). Todas estas diferencias fueron significativas desde el punto de vista estadístico.

En el análisis multivariable, se comprobó que las personas que habían sufrido con anterioridad una neumonía bacteriana eran cuatro veces más propensas a presentar síntomas respiratorios que las personas que no la habían tenido (los participantes que habían padecido neumonía por Pneumocystis jiroveci [antes conocida por las siglas PCP] u otras enfermedades respiratorias asociadas a sida fueron excluidos del estudio, al igual que los que tenían asma).

Aparte de esto, el único factor relacionado de forma significativa con síntomas respiratorios era ser fumador en ese momento, y de forma abrumadora: las personas que fumaban fueron 11 veces más propensas a presentar síntomas respiratorios y seis veces más proclives a sufrir una EPOC que las no fumadoras.

“Los pacientes con VIH, sobre todo los fumadores, deberían ser sometidos a exámenes regulares para comprobar la existencia de enfermedad respiratoria”, concluyeron los investigadores.

Referencias: Huber M, et al. Smoking: prevalence, cessation rates and relapse rates in the Swiss HIV Cohort study. Tenth International Congress on Drug Therapy in HIV Infection, Glasgow. Abstract P231. 2010.

Madeddu G, et al. Prevalence and risk factors for chronic obstructive lung disease in HIV-infected patients in the HAART era. Tenth International Congress on Drug Therapy in HIV Infection, Glasgow. Abstract P232. 2010.

Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

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