Poco impacto de programas de cambios conductuales sobre incidencia de VIH en chicas y mujeres de países más pobres

Michael Carter

Las intervenciones para conseguir cambios en el comportamiento que ayuden a prevenir la transmisión sexual del VIH entre las mujeres y las niñas en entornos con recursos limitados han tenido un éxito limitado, según concluye una revisión sistemática publicada en la edición digital de AIDS and Behavior.

Los investigadores sólo pudieron identificar ocho ensayos de distribución aleatoria con control o estudios prospectivos con un brazo de control. Además, únicamente dos de estos programas lograron reducir la incidencia del VIH, aunque otras tres intervenciones tuvieron un impacto sobre los comportamientos de riesgo de infección por este virus o la incidencia de infecciones de transmisión sexual.

Cerca del 50% de las infecciones mundiales por VIH se producen en mujeres y niñas. Sin embargo, el impacto del VIH sobre las mujeres en los países más afectados por la epidemia ha sido más grave; así, en el África subsahariana, el 60% de las infecciones por este virus afectan a la población femenina.

El proceso de desarrollo de métodos biomédicos para prevenir el VIH cuyo control esté en manos de la mujer, como los microbicidas, ha sido lento y decepcionante. En consecuencia, la prevención del virus en el caso de las mujeres y niñas depende de los cambios conductuales, como por ejemplo el retraso del inicio sexual, la reducción del número de parejas y el uso de preservativos. Estos métodos preventivos están controlados, en gran medida, por sus parejas masculinas y, en muchos casos, las mujeres y niñas no pueden insistir en que se lleve a cabo el comportamiento que les protegería su salud sexual y reproductiva.

Conscientes de estas circunstancias, un equipo internacional de investigadores realizó una revisión sistemática de las intervenciones de cambios conductuales para ver si habían conseguido disminuir la incidencia del VIH o las conductas de riesgo de adquirirlo.

En la revisión se incluyeron los ensayos de distribución aleatoria con control y los estudios prospectivos con un brazo de control efectuados después de 1990.

Tras una búsqueda exhaustiva en la literatura médica, los autores de la revisión apenas pudieron identificar ocho estudios (de los que informan once documentos de investigación) que cumplieran con los criterios de inclusión.

Seis de los estudios se efectuaron en África, uno se llevó a cabo en la India, y otro más en México.

Estos ensayos contaron con un total de 42.000 mujeres y niñas, que recibieron seguimiento a lo largo de un promedio de 2,6 años.

El tipo de intervención varió de una única sesión de counselling a un apoyo más amplio y prolongado.

Sólo dos intervenciones tuvieron un impacto sobre la incidencia del VIH.

La primera de ellas consistió en un programa de seis meses de sesiones grupales, educativas y motivacionales, dirigidas a las profesionales del sexo y ‘madames’ de prostíbulos de Mumbai (la India).

La intervención dirigida a las profesionales del sexo consistió en el empleo de literatura y videos motivacionales, debates de grupo, y el aprovechamiento de recursos pictóricos centrados en el VIH y el uso del condón. Las mujeres fueron instruidas respecto al modo de utilizar correctamente los preservativos y se las alentó a educar a sus clientes sobre el empleo del mismo.

Las ‘madames’ de los prostíbulos recibieron formación acerca de los beneficios económicos y la importancia de mantener la buena salud de las trabajadoras del sexo.

Se comprobó que la incidencia del VIH se redujo en un 67% en el brazo de intervención en comparación con el de control. Sin embargo, el equipo de investigadores señaló que sólo se proporcionaron preservativos y lubricantes a las mujeres que participaban en el brazo de intervención y no a las trabajadoras del sexo del grupo de control.

También se comprobó que esta intervención redujo la incidencia de sífilis y hepatitis B.

El segundo estudio se llevó a cabo en Uganda y evidenció que la participación en un ensayo sobre el VIH en el año anterior había disminuido la incidencia del virus hasta en un 59%. La incidencia del virus del herpes simple tipo 2 (VHS-2) también se vio reducida en un 45%.

Otras tres intervenciones tuvieron éxito en la reducción de la incidencia de infecciones de transmisión sexual, pero no del VIH. El empleo del preservativo fue mayor en el brazo de intervención que en el de control en el estudio realizado en México (27 frente a 18%; p <0,01).

"Esta revisión ha puesto de relieve el hecho de que las actuales intervenciones para conseguir cambios de comportamiento, por sí mismas, han resultado ser limitadas en su capacidad para controlar la infección por VIH en las mujeres y niñas que viven en países de ingresos bajos y medianos", comentan los autores.

El equipo de investigadores destaca que, con frecuencia, las mujeres y niñas tienen poca capacidad de control sobre su salud sexual y reproductiva y, en numerosas ocasiones, no pueden insistir en el uso del preservativo.

Los autores del estudio defienden una estrategia “combinada”, que aborde tanto los factores de riesgo conductuales como los biomédicos.

Asimismo, añaden: "La esperanza cada vez menor de que una única intervención preventiva conductual o biomédica vaya a ser suficiente para hacer frente a la creciente pandemia del VIH ha servido como anuncio de un cambio programático hacia una combinación de intervenciones preventivas de este virus".

Referencia: McCoy SI, et al. Behavior change interventions to prevent HIV infection among women living in low and middle income countries: a systematic review. AIDS Behav, online edition, DOI 10. 1007/s10461-009-9644-9, 2010.

Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

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