El riesgo de sufrir problemas renales justifica el uso ‘estratégico’ de tenofovir en los pacientes con más riesgo 

Michael Carter

El tratamiento con tenofovir provoca una reducción a largo plazo en la función renal, según informa un equipo de investigadores de EE UU en la edición del 1 de enero de Journal of Acquired Immune Deficiency Syndromes.

Los autores realizaron un estudio retrospectivo de cohorte, en el que se monitorizó a los pacientes a lo largo de más de dos años. Descubrieron que los participantes que tomaban tenofovir presentaban más indicios de disfunción renal que las personas que recibían otros fármacos antirretrovirales.

"Nuestro estudio pone de manifiesto la existencia de un efecto estadísticamente significativo de tenofovir sobre la función renal en pacientes sin experiencia en tratamientos (naïve) que inician una terapia antirretroviral [TARV] combinada", comenta el equipo de investigadores.

Tenofovir (Viread®, y también en combinación con otros fármacos en Truvada® y Atripla®) es un inhibidor de la transcriptasa inversa análogo de nucleótido cuyo uso se recomienda en la terapia anti-VIH de primera línea.

En general, se trata de un fármaco muy seguro y bien tolerado. Sin embargo, poco después de autorizar la comercialización de tenofovir, se registraron casos que sugerían una relación de este medicamento con la disfunción renal.

Algunos ensayos que estudiaron la relación entre el tratamiento con el fármaco y los problemas renales han arrojado resultados contradictorios. Y en un estudio reciente se encontró que el riesgo de disfunción renal era el mismo tanto para tenofovir como para otros antirretrovirales.

Para arrojar algo más de luz sobre este tema, el equipo de investigadores llevó a cabo un análisis retrospectivo de los historiales clínicos de 1.647 pacientes inscritos en la cohorte Kaiser Permanente y que comenzaron el tratamiento anti-VIH por primera vez entre 2002 y 2005.

Se estudiaron los cambios en tres marcadores clave de la función renal: la tasa de filtración glomerular (TFG), la creatinina en suero y el desarrollo de la disfunción tubular proximal renal.

Un total de 964 pacientes recibieron tratamiento con tenofovir, mientras que los 683  restantes tomaron otros fármacos antirretrovirales. Los dos grupos de pacientes presentaron características basales muy similares. Sin embargo, los participantes tratados con tenofovir tuvieron más probabilidades de estar coinfectados por el virus de la hepatitis B [VHB] (4% frente a 2%; p= 0,004). Además, los pacientes que tomaban tenofovir fueron significativamente más propensos a haber recibido tratamiento también con un inhibidor de la proteasa (41% frente a 36%, p= 0,03). El uso de indinavir (Crixivan®), un inhibidor de la proteasa relacionado con la disfunción renal, fue muy bajo: apenas lo tomaban cinco de los pacientes tratados con tenofovir y diez de los que recibían otros fármacos.

Los resultados revelaron que una proporción significativamente mayor de los pacientes tratados con tenofovir presentaron al menos una disminución del 50% en la TFG respecto al nivel basal, en comparación con los participantes que tomaban otros fármacos (5% frente al 3%; p= 0,03).

El efecto de tenofovir sobre la TFG se vio confirmado en posteriores análisis. Se evidenció que, tras considerar los posibles factores de confusión, el tratamiento con tenofovir estuvo vinculado con reducciones significativas en la tasa de filtración glomerular después de 52 (p <0,001) y 104 (p <0,001) semanas de tratamiento.

Además, los niveles de creatinina sérica fueron superiores entre los pacientes tratados con tenofovir tanto a la semana 52 (p <0,001) como a la semana 104 (p <0,001).

Tras cuarenta y cuatro semanas de tratamiento, los pacientes que tomaban tenofovir mostraron un riesgo significativamente mayor de desarrollar una disfunción tubular proximal (cociente de probabilidades [CP]: 1,61; intervalo de confianza del 95% [IC95%]: 1,00-2,60; p= 0,04). Este riesgo aumentó con la duración del tratamiento y fue particularmente elevado a la semana 104 (CP: 5,23; IC95%: 2,08-13,1; p= 0,004).

"Hemos hallado disminuciones estadísticamente significativas en la tasa de filtración glomerular y aumentos del nivel de creatinina sérica, que parecen ser progresivos con el tiempo (…). También descubrimos que la exposición a tenofovir está vinculada con un riesgo significativamente mayor de desarrollar disfunción tubular proximal, cuyo riesgo aumentó a lo largo del intervalo de tiempo de nuestro estudio", comentan los autores.

El equipo de investigadores considera que sus hallazgos tienen significación clínica y comenta: "Hemos encontrado que los efectos adversos de tenofovir sobre el riñón persistieron incluso después de tener en cuenta una variedad de otras causas posibles. Dado que actualmente la terapia antirretroviral constituye un compromiso prolongado, incluso de por vida, la acumulación de las pequeñas reducciones anuales en la función renal podría llevar a desarrollar una insuficiencia renal y a un aumento de la mortalidad".

En consecuencia, los responsables del estudio aconsejaron realizar cambios en las prácticas de prescripción de tenofovir, incluyendo el "uso estratégico" del fármaco en pacientes con alto riesgo de desarrollar problemas renales.

"Llegamos a la conclusión de que el empleo de tenofovir, aunque eficaz, puede producir efectos adversos sobre la función renal a largo plazo que pueden limitar su utilización en pacientes que corren un alto riesgo de padecer complicaciones renales. Debería considerarse la posibilidad de llevar a cabo un seguimiento a largo plazo de la función renal y de los componentes de la disfunción tubular proximal en pacientes tratados con tenofovir".

Referencia: Horbery M, et al. Impact of tenofovir on renal function in HIV-infected, antiretroviral-naïve patients. J Acquie Immune Defic Syndr. 2010;  53: 62-69.

Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

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