El personal de enfermería es un ‘vínculo crucial’ en la implementación de las nuevas directrices sobre VIH de la OMS

Carole Leach-Lemens

El apoyo activo del personal de enfermería resulta crucial para poder implementar de forma eficaz las directrices revisadas sobre tratamiento anti-VIH de la Organización Mundial de la Salud (OMS), según afirman MaryAnn Vitiello y Suzanne Willard en una carta publicada en la edición digital de agosto de 2010 de la revista AIDS.

Las autoras son enfermeras que trabajan en países que reciben apoyo del Plan de Emergencia del Presidente de EE UU para Paliar el Sida [PEPFAR, en sus siglas en inglés] y están afiliadas al Centro Internacional de Formación y Educación en Salud (I-TECH) y a la Fundación Elizabeth Glaser sobre Sida Pediátrico, respectivamente.

Aunque se considera que disponer de un personal de enfermería bien informado y altamente capacitado es esencial para todos los sistemas sanitarios nacionales, en realidad esto no está sucediendo, indican las autoras.

Las enfermeras están en la primera línea de atención, representan el grupo de trabajadores sanitarios más numeroso y son las que más interaccionan con mujeres y niños, subrayan.

Reconocer y entender las necesidades de formación y apoyo de las personas que interactúan con mujeres y niños afectados por el VIH -el personal de enfermería (así como personal administrativo clínico, matronas, médicos y la comunidad)- resulta vital para garantizar una implementación exitosa de las directrices y es una parte fundamental para un enfoque integral de la prevención de la transmisión de madre a hijo del VIH, afirman Vitiello y Willard.

Las enfermeras han demostrado su capacidad de liderazgo en el tratamiento y la atención del VIH (a menudo, en las circunstancias más adversas), y este personal, tanto en entornos pobres como ricos en recursos, sigue adaptando estándares y prácticas para cubrir las necesidades de sus pacientes, apuntan las autoras.

En EE UU, según Vitiello y Willard, se está favoreciendo un enfoque de equipo a la atención y tratamiento del VIH, donde el personal de enfermería desempeña un papel clave en la terapia. La estrategia de cambio de tareas en áreas donde existe una grave escasez de personal sanitario y una demanda creciente de tratamiento y atención médica sigue demostrando ser exitosa. Las enfermeras han aceptado numerosas tareas que previamente llevaban a cabo los médicos, incluso la prescripción de antirretrovirales.

Las autoras realizan seis recomendaciones clave para ayudar a garantizar que las enfermeras cuentan con las herramientas necesarias, de acuerdo con las nuevas directrices, para proporcionar servicios de prevención, tratamiento y atención del VIH centrados en el paciente como parte de su actividad diaria.

1. En el plano educativo, las enfermeras deben comprender totalmente las nuevas directrices y dar a su alumnado la información práctica necesaria. La educación previa a la práctica debería centrarse en un enfoque basado en los sistemas, de modo que las enfermeras puedan desarrollar y llevar a cabo programas que ofrezcan un acceso constante y continuo a los servicios del VIH, así como a los aspectos farmacológicos y fisiológicos relacionados con el virus.

2. La OMS y los responsables de la implementación de programas deberían colaborar con las organizaciones de enfermería en la detección de deficiencias en los sistemas sanitarios y efectuar los cambios necesarios para integrar y vincular los servicios. En particular, de modo que se consiga que el acceso de niños y mujeres al tratamiento anti-VIH no se vea limitado por la existencia de programas verticales.

3. La provisión de servicios relacionados con el VIH en clínicas prenatales garantizará que las mujeres reciban tratamiento y atención de forma oportuna. También ofrece la posibilidad de establecer una relación a largo plazo con una madre con VIH y, de este modo, ayudarla a mantener un buen nivel de adhesión al tratamiento. Las autoras sugieren que un miembro del personal de enfermería de un programa de VIH trabaje de manera estrecha con dichas clínicas a través de una relación de tutoría o que, preferiblemente, esta persona tenga presencia en la clínica prenatal en función de las necesidades.

4. La provisión de formación transversal a trabajadores de de clínicas prenatales y de servicios del VIH a través de programas de educación en el puesto de trabajo y de tutoría ayudará a promover un enfoque de equipo a la atención médica.

5. Labores de promoción a nivel nacional por parte de asociaciones de enfermería, como el Consejo Internacional de Enfermería, para que este personal reciba la formación necesaria para aplicar las directrices en caso de que sea preciso.

6. Un enfoque colaborativo basado en la labor de equipo es clave en los programas de tutoría. “El manejo de la infección por VIH resulta complejo no sólo por los regímenes de tratamiento antirretroviral, sino por las implicaciones psicológicas y sociales que tiene la infección, sobre todo en relación con el estigma”, subrayan las autoras.

Y concluyen: “La aplicación de las recomendaciones aquí recogidas en las regiones del mundo más profundamente afectadas por el VIH/sida nos acercará un paso más a garantizar una salud óptima para todas las personas que viven con el virus y mejorará los esfuerzos mundiales orientados a reducir la transmisión de madre a hijo y proteger la salud de madres y niños que viven con VIH”.

Referencia: Vitiello MA and Willard S. Stating the obvious – nurses; critical link to women and children affected by HIV/AIDS: response to the revised WHO HIV treatment guidelines. Correspondence. AIDS. 2010; 24: 1.967-1.972.

Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

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