Un estudio encuentra indicios que relacionan la pérdida de grasa con la actividad del sistema nervioso

Chris Gadd

Un pequeño estudio holandés ha demostrado que los pacientes con VIH que sufren una pérdida de grasa como efecto secundario del tratamiento del VIH, tienen niveles altos del neurotransmisor noradrenalina en el tejido graso. El grupo de investigadores cree que esto podría suponer un indicio de la existencia de una relación entre lipoatrofia y alteraciones de la actividad del sistema nervioso. Los descubrimientos del estudio fueron presentados en la edición del 21 de marzo de la revista AIDS.

A finales de 2003, el mismo grupo de médicos publicó un artículo en la revista The Lancet en el que describieron su hipótesis de que los antirretrovirales podrían provocar una redistribución de la grasa corporal a través de su acción sobre el sistema nervioso autónomo inconsciente.
 
Los autores argumentaron que la lipoatrofia podría deberse a una hiperactividad del componente simpático del sistema nervioso autónomo sobre los depósitos de grasa bajo la piel. Respaldando su hipótesis con observaciones realizadas en estudios con animales y humanos, propusieron que lo anterior podría llevar a una descomposición del tejido graso bajo la piel, dejando intactos otros tipos de grasa.

En esta ocasión, el grupo de médicos ha medido la actividad del sistema nervioso simpático y los niveles de su principal señal química, noradrenalina, en grasa y músculo de siete pacientes con VIH que sufrían redistribución de la grasa corporal. Los autores compararon estas medidas con las de siete pacientes control sin VIH y siete pacientes con VIH que nunca habían tomado fármacos anti-VIH.
 
Los niveles de noradrenalina tendían a ser mayores en el músculo y grasa de los pacientes que sufrían lipoatrofia que en los pacientes sin VIH. Sin embargo, cuando el grupo de investigadores calculó los cocientes de niveles de noradrenalina en grasa respecto a los niveles en músculo, descubrió un cociente significativamente más alto en los pacientes con lipoatrofia (p<0,05).
 
Por el contrario, los pacientes con VIH sin lipoatrofia tuvieron niveles de noradrenalina similares a los de los pacientes control sin VIH. Sin embargo, el grupo de investigadores no proporcionó el cociente de los niveles de noradrenalina de este grupo de pacientes.
 
“La concentración intersticial de noradrenalina en la grasa subcutánea respecto a la del músculo esquelético tendió a ser mayor en los pacientes que padecían el síndrome de redistribución adiposa asociado al VIH (HARS en sus siglas en inglés)”, concluye el grupo de médicos. Esto es “coherente con un mayor contenido de noradrenalina en la grasa subcutánea en comparación con el de otros grupos”.
 
El grupo de investigadores no observó ninguna diferencia en la actividad general del sistema nervioso simpático en todo el cuerpo, determinada por la medición de niveles de noradrenalina en sangre o el examen de la presión sanguínea y el ritmo cardiaco de los pacientes.
 
Los autores descubrieron que la actividad de los nervios del sistema simpático que llegaban a los músculos de las piernas era menor en los pacientes con lipoatrofia que en los otros dos grupos (p<0,05). Sin embargo, no midieron la actividad de los nervios que se dirigían al tejido graso.
 
A pesar de que las observaciones realizadas no llegan a probar que las alteraciones locales de la actividad del sistema nervioso simpático son responsables de la pérdida de grasa bajo la piel, proporcionan algunos indicios que apoyan sus hipótesis originales. Sin embargo, se necesitan realizar más investigaciones para examinar si se producen cambios de la actividad de los nervios que se dirigen al tejido nervioso en pacientes con lipoatrofia, y si estos cambios pueden estar relacionados con los efectos de los fármacos anti-VIH en el cerebro.
 
“En el contexto de una actividad global inalterada del sistema simpático, los pacientes con VIH con HARS parecen tener mayores niveles de concentración de noradrenalina en las zonas del músculo esquelético y del tejido graso subcutáneo, lo que puede ser coherente con la hipótesis de que cambios locales en la actividad del sistema autónomo contribuyen a la pérdida selectiva de grasa periférica tal como se observa en HARS”, concluye el grupo de investigadores.
 
 “Estos descubrimientos sugieren que las alteraciones en la actividad del sistema nervioso simpático local desempeñan un papel en este desatacado síndrome, pero se requiere más investigación.”
 
Referencia: van Gurp PJ et al. Sympathetic nervous system function in HIV-associated adipose redistribution syndrome. AIDS 20: 773-775, 2006.
 
Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

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