Atorvastatina y rosuvastatina tienen el impacto más favorable sobre el nivel de lípidos en personas con VIH

Michael Carter

Atorvastatina y rosuvastatina son las estatinas que presentan el mayor impacto sobre los niveles lipídicos en pacientes con VIH, según concluye un estudio de EE UU publicado en la edición del 1 de febrero de Clinical Infectious Diseases.

Los autores compararon el efecto de atorvastatina, pravastatina y rosuvastatina sobre los perfiles de lípidos de 700 adultos con VIH. Los resultados más favorables se observaron en los pacientes tratados con atorvastatina y rosuvastatina. La seguridad de los tres fármacos fue similar y las tasas de efectos secundarios graves y de interrupción del tratamiento debido a la toxicidad fueron bajas.

"Los pacientes con VIH en atención clínica que recibieron rosuvastatina o atorvastatina mostraron unos mayores descensos en los niveles de colesterol total, colesterol LDL, triglicéridos y colesterol no-HDL que aquellos pacientes que recibieron pravastatina," comentan los autores, que también señalan que "los mayores beneficios en la dislipidemia se advirtieron entre los pacientes que recibieron rosuvastatina".

Los aumentos de los niveles de lípidos en sangre son habituales en pacientes con VIH y pueden aumentar el riesgo a largo plazo de padecer enfermedades graves como las dolencias cardiovasculares. Las directrices recomiendan el uso de las estatinas para el tratamiento de los niveles elevados de lípidos en dichos pacientes. No obstante, hoy en día existe poca información acerca de la seguridad y eficacia de las estatinas individuales en esa población.

En consecuencia, un grupo de investigadores de las universidades de Alabama y de Washington (Seattle) realizó un estudio retrospectivo que contó con adultos con VIH que fueron tratados con estatinas entre 2000 y 2008. También se comparó el impacto de las estatinas más utilizadas sobre los perfiles lipídicos y se analizó la seguridad de los fármacos.

La mayoría de los pacientes (86%) eran hombres y la media de edad cuando iniciaron la terapia con estatinas fue de 43 años.

Las tres estatinas prescritas con mayor frecuencia fueron atorvastatina (43%), pravastatina (40%) y rosuvastatina (14%).

Las dosis medianas de partida fueron: 10mg de atorvastatina, 20mg de pravastatina y 5-10mg de rosuvastatina. Al final del estudio, las medianas de dichas dosis fueron: 20mg de atorvastatina, 40mg de pravastatina y 10mg de rosuvastatina.

El tratamiento con las estatinas mejoró los perfiles lipídicos de los pacientes.

Tras doce meses, la media del nivel de colesterol total se había reducido en un 15%, el colesterol LDL en un 13%, los triglicéridos en un 20% y el colesterol no-HDL en un 17%.

Sin embargo, los resultados fueron mejores en aquellos pacientes que tomaban atorvastatina y rosuvastatina que en los tratados con pravastatina. El nivel de colesterol total fue significativamente menor entre los pacientes que tomaban dichos fármacos, al igual que el colesterol LDL y el colesterol no-HDL.

En comparación con las personas que tomaban pravastatina, las tratadas con rosuvastatina también presentaron unos descensos mayores desde el punto de vista significativo en los niveles de triglicéridos (p= 0,03).

Al cabo de doce meses de tratamiento, el 71% de los pacientes cumplían los objetivos fijados en las directrices nacionales de EE UU sobre el control del colesterol.

No obstante, de nuevo los resultados variaron según qué tipo de estatina se estuviera tomando.

Los pacientes tratados con rosuvastatina (p= 0,03) y atorvastatina (p= 0,001) fueron significativamente más propensos a alcanzar el objetivo de reducción del colesterol LDL que los que tomaban pravastatina.

Además, los pacientes que recibieron rosuvastatina fueron más proclives que las personas que tomaban pravastatina (p= 0,045) a lograr el objetivo de reducción del colesterol no-HDL.

En general, el tratamiento resultó seguro y se toleró bien. El 6% de los pacientes interrumpieron la toma de estatinas debido a los efectos secundarios y las tasas de interrupción no variaron de forma significativa entre los tres fármacos.

Un total de 44 pacientes declararon haber sufrido efectos adversos y 15 (2%) manifestaron cambios potencialmente graves en la función hepática o renal.

De forma tradicional, pravastatina ha sido la estatina de preferencia para su uso en pacientes con VIH, por su bajo riesgo de interacciones con los fármacos antirretrovirales. "Sin embargo -escriben los investigadores-, nuestros hallazgos sugieren que la eficacia de pravastatina en la reducción de los niveles de lípidos fue menor desde el punto de vista significativo que la de rosuvastatina o atorvastatina”.

Los autores concluyen: "Nuestros resultados son consistentes con las recientes directrices británicas que incluyen la recomendación de usar rosuvastatina".

Referencia: Singh S, et al. Comparative effectiveness and toxicity of statins among HIV-infected patients. Clin Infect Dis. 2011; 52: 387-395 (En esta dirección podrás encontrar el abstract de forma gratuita).

Traducción: Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH (gTt).

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